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América Latina

¿Peligra la democracia en Nicaragua?

La Unión Europea se encuentra preocupada por el desarrollo político en Nicaragua, asevera un informe de la Fundación Friedrich Ebert.

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"El temor es que Ortega pretenda acumular poderes y perpetuarse en el poder"

A pesar de su limitada importancia económica, Nicaragua despierta interés en el Viejo Continente. Para el movimiento de solidaridad con el Tercer Mundo, la ya legendaria guerrilla sandinista y su lucha contra la dictadura de la dinastía de los Somoza es todo un símbolo. A un año y medio de que volviera a asumir el poder el líder sandinista Daniel Ortega –esta vez bajo el signo de la reconciliación y la armonía- el descontento en el país crece y Europa mira con cierta tensión su desarrollo político.

Descontento creciente

Según Valeska Hesse, la autora del informe, poca transparencia, ineficiencia y autoritarismo marcan esta segunda gestión presidencial de Ortega, quien fue presidente entre 1985 y 1990, siendo uno de los líderes más importantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Observadores internacionales y miembros del gobierno comparten la opinión. La inflación roza el 16 por ciento y el crecimiento económico, 3,7 por ciento, es el menor de la región. La población no está conforme; y para las elecciones regionales de noviembre de 2008, el FSLN contaría con menos votos. El presidente Ortega previendo la situación, con ayuda del Consejo Supremo Electoral (CSE), decidió desconocer la personalidad jurídica de dos partidos: tanto al Partido Conservador como al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), fracción del FSLN que se ha convertido en la segunda fuerza opositora del país.

“Claro está”, analiza Hesse, “que detrás de esta decisión arbitraria se encuentra el cálculo político y la influencia de Ortega en el CSE”. El pacto que en el año 2000 firmó Ortega con Arnoldo Alemán -ex presidente y líder del Partido Liberal Constitucionalista, sentenciado a 20 años por corrupción y malversación de fondos- le confiere al presidente nicaragüense un cómodo mayoría en el Parlamento y poder sobre los órganos estatales. El temor latente es que Ortega aspire a un cambio de sistema que le confiera más poderes y lo perpetúe en el mando.

Wer nicht mitsingt, fliegt raus

"Su alianza con el presidente Chávez le confiere la confianza necesaria..."

La Unión Europea ha manifestado preocupación por el desarrollo político nicaragüense. La Mesa de Cooperantes –en la cual hay representantes de Alemania, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Holanda, Canadá, Suiza y España así como del Banco Interamericano de Desarrollo- hizo oficial su protesta por el “creciente desmantelamiento de espacios democráticos de participación. Nicaragua es uno de los mayores receptores de ayuda en la región y de los países de la UE recibe alrededor de 500 millones de dólares más 120 millones directamente del Budget Support Group.

Las moscas y las minucias

“Esto parece no impresionar a Ortega”, prosigue Hesse. Pocos días después de la nota de protesta, el presidente Ortega tildó al grupo de donantes de moscas que proliferan en la suciedad y calificó de minucias los dineros de la cooperación. Al parecer, su alianza con la Venezuela del presidente Hugo Chávez –que le provee de petróleo barato y con el cual el gobierno financia sus programas Hambre cero y Casas para el pueblo- le confiere la confianza necesaria para permitirse este tipo de provocaciones verbales, también independencia, para el caso de tener que renunciar a tales remesas.

“Abandonando el clásico camino de la ayuda al desarrollo, la Unión Europea podría ejercer influencia en el desarrollo democrático de Nicaragua”, asevera la autora del informe. En el contexto de las negociaciones entre la UE y América Central para un Acuerdo de Asociación, el club europeo ha aportado lo suyo a la integración regional exigiendo una unión aduanera y condiciones migratorias comunes en la región.

Presión para la democracia

“La experiencia europea nos ha enseñado”, dice Hesse, “que la inclusión de un país en un proceso de integración regional y la consiguiente interdependencia permite un cierto control democrático. Esto, lamentablemente, cabe esperarlo sólo limitadamente en una región que se guía principalmente por el principio de la no ingerencia. Supeditar las negociaciones a la cláusula democrática y aumentar el coste que tendría una posible ruptura de ésta, es para la analista de la Fundación Friedrich Ebert un legítimo instrumento de presión. En su opinión, aumentar la presión sobre Nicaragua para garantizar la democracia, “es responsabilidad de la UE”.

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