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América Latina

Opinión: Venezuela, a la espera de la “hora cero”

En Venezuela, la consulta popular de este domingo (16.7.2017) atizó el entusiasmo de una oposición impaciente. Está por verse si sus dirigentes pueden hacer lo que de ellos se espera con los resultados del plebiscito.

El “hombre fuerte” de Venezuela, Nicolás Maduro, da la impresión de ser todo lo contrario. Empeñado en presentarse como un demócrata, hasta sus palabras lo traicionan: “¡Me parezco a Saddam Hussein!”, dijo hace poco (14.7.2017) frente a las cámaras, mientras modelaba el nuevo uniforme de la desprestigiada Policía Nacional Bolivariana. Creyendo refutar con humor a quienes lo tachan de tirano, trocó en víctima de su propia ironía. La suya es el aura de un dictador que se sabe tambaleante, repudiado y señalado por las fechorías de sus subordinados. Qué difícil es ser Maduro…

Pero, ¿acaso es más fácil ser un diputado opositor por estos días? Este domingo (16.7.2017), la mayoría antichavista en el Parlamento realizó una consulta popular para frenar la elección amañada –sin voto universal, ni directo, ni secreto– de una Asamblea Nacional Constituyente, pautada por el oficialismo para el 30 de julio. De las 7.186.170 personas que respondieron al llamado este 16 de julio, an altísimo porcentaje se pronunció a favor de conservar la Carta Magna de 1999. Así lo informó Raúl López, miembro de la “comisión de garantes” del proceso. Sí, la oposición tiene motivos para celebrar.

Una oposición heterogénea

Pese a que la consulta se orquestó en dos semanas, sin campaña en medios tradicionales y con menos de un cuarto de las mesas electorales disponibles en comicios regulares, un 36,86 por ciento de las 19.496.206 personas inscritas para votar fue a las urnas tanto en Venezuela como en el extranjero; en Alemania se improvisaron centros de votación en dieciséis ciudades. No obstante, la prueba de fuego para los adversarios de Maduro empieza este lunes (17.7.2017): los de a pie ya hicieron lo que se les pidió; ahora está por verse si sus líderes políticos hacen lo que de ellos se espera. Eso es complicado porque las expectativas varían.

Entre la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) –la mayor alianza de partidos opositores– y sus seguidores se han registrado dos grandes desencuentros. Uno en 2013, cuando el ascenso de Maduro al poder fue atribuido a un fraude electoral y la MUD pidió el cese de las protestas de calle para evitar un baño de sangre. Otro en 2016, cuando los ánimos estaban caldeados por la anulación del referendo que buscaba revocar el mandato de Maduro y la MUD suspendió las manifestaciones antigubernamentales para sentarse a dialogar con el régimen. Un tercer baldazo de agua fría podría malquistar definitivamente a la base de la oposición con su cúpula actual.

Dudas y expectativas

Este domingo (16.7.2017) no sólo se sometió a plebiscito el desconocimiento de la Asamblea Nacional Constituyente, sino también la renovación de los poderes públicos, la consumación de comicios libres y transparentes, y la formación de un “Gobierno de unidad nacional” (aprobada con el 98,3 por ciento de los votos). Además, se preguntó si a las Fuerzas Armadas –leales a la “Revolución Bolivariana”– se les debería exigir el reconocimiento explícito de la Constitución de 1999 y del Parlamento (98,5 por ciento respondió afirmativamente). De antemano, a los dirigentes antichavistas se les había echado en cara o su mesura o su radicalidad.

Los que clamaban por un Gobierno de transición tildaron de ingenuos a quienes, coincidiendo con chavistas disidentes, condenaban la sola mención de ese escenario. Ahora los votos respaldan esa moción; pero la opacidad en torno a la excarcelación del líder opositor Leopoldo López –el preso político más prominente de Venezuela– hace sospechar que el resultado de la consulta derivará en una negociación con el oficialismo en lugar de conducir a la implementación de medidas concretas para separar a Maduro de la presidencia. Un dirigente opositor sopesó convocar a una huelga general después del plebiscito; pero los incrédulos abundan.

Por un lado, se teme que la calle se “enfríe” y, por otro, que la protesta y su represión se perpetúen hasta hacer inviable la solución pacífica de la crisis político-institucional del país. Expertos en Derecho Constitucional describen la de este 16 de julio como una consulta legal y vinculante –según los artículos 5, 70, 71, 187.4, 333 y 350 de la Carta Magna– mientras Maduro y las instituciones estatales bajo su control ponen en entredicho la validez del plebiscito, organizado sin el visto bueno del Consejo Nacional Electoral y sin auditores independientes que blinden la credibilidad de los resultados.

La MUD aseguró que destruiría los cuadernos electorales para evitar que los datos de los votantes cayeran en manos del régimen e impedir que éstos fueran objeto de represalias, como ha ocurrido en el pasado. Los expresidentes que acompañaron la consulta han pedido que la comunidad internacional reconozca su legitimidad; demandar más es esperar demasiado, teniendo en cuenta que los documentos que avalan la voluntad de los votantes han sido o serán incinerados. De ahí que se dejen oír nuevamente las voces de los opositores escépticos, aquellos que a priori desaconsejaron pintar la consulta del 16 de julio como un hito decisivo, como el preludio de la anticipada “hora cero”.

Evan Romero-Castillo

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