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Alemania

Opinión: Una oportunidad desperdiciada

Una elección es una elección si su resultado no está determinado previamente. ¿Por qué entonces no elegir abiertamente al presidente alemán?

Frank-Walter Steinmeier y su esposa Elke Büdenbender.

Frank-Walter Steinmeier y su esposa Elke Büdenbender.

No hay duda: el ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, será un buen presidente federal. Representará a Alemania en el exterior con estilo, y en el interior será prudente, convocando a la cohesión y la mesura. 

Los discursos de Steinmeier no tendrán el espíritu religioso de su predecesor Joachim Gauck, ni el ingenio retórico de Johannes Rau, pero serán serios.

En Alemania el poder del presidente radica en su palabra. No siendo Steinmeier un orador propiamente dotado, tratará los problemas del país de una forma sobria. Él tampoco dará los brillantes e históricos discursos de Richard von Weizsäcker, Theodor Heuss, o incluso de Roman Herzog, pero convocará a los alemanes a vivir la realidad de hoy.

Steinmeier es un representante de la mesura y la razón política. Nada despreciable en estos turbulentos  tiempos de Putin, Trump, Erdogan y la crisis de la UE.

La nominación, por parte del jefe del Partido Socialdemócrata, del ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, como candidato único de la coalición de Gobierno a la presidencia es un fracaso para Merkel, la presunta mujer más poderosa del mundo (lo que es verdad). Pero Merkel, que tiene en mente las mayorías en la Asamblea Federal, no tuvo otra cosa que aceptar a Steinmeier como el candidato de la razón y el centro político.

Merkel ha perdido favoritismo. La crisis de refugiados ha reducido sus índices de popularidad. La extraña candidatura de Steinmeier es una muestra de que probablemente el peso de su autoridad se ha reducido en el interior de la coalición.

¿Puede ser cierto que no hubiera otra persona a quien postular al cargo de presidente en su partido cristiano-demócrata (CDU), el más grande de Alemania? Impensable que nadie estuviera dispuesto a asumir el riesgo de someterse a una elección. En la democracia se pierde y se gana. Eso es lo más natural. Impensable. O ¿es que la inseguridad es tan alta que hasta los mejores candidatos solo se exponen a una votación cuando están seguros de ganar?

Justo después de los triunfos electorales del populista Trump y el autoritario Erdogan, justo después del brexit, una verdadera elección del próximo presidente en Alemania hubiera sido una señal de que los poderosos no deciden el destino del país tras bambalinas.

Tras 67 años de historia de la Alemania Federal una mujer como presidenta hubiera sido una respuesta a estos tiempos difíciles. Una mujer como candidata en una elección abierta hubiera sido una respuesta a aquellos que dicen que "los de arriba hacen siempre lo que quieren”. Por todo lo anterior, la elección del presidente alemán en 2017 es una oportunidad desperdiciada.

Alexander Kudascheff

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