1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

El Mundo

Opinión: Una nueva era en Turquía

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, consiguió lo que quería, pero no con el triunfo arrollador esperado. Quedan incógnitas por despejar alrededor del referendo. ¿Acaso se jugó limpio?, pregunta Seda Serdar.

Turquía salió de la encrucijada en que se hallaba y se ha enrumbado hacia una nueva era. Un 51 por ciento de sus ciudadanos en edad de votar optó por el "sí" en el referendo constitucional de este 16 de abril, allanando el camino para la instauración de un sistema presidencial sui géneris en el país euroasiático. Al hacerlo, el electorado puso un enorme poder en manos del actual jefe de Estado, Recep Tayyip Erdogan, y de quienes lo sucedan. Sin embargo, considerando la cantidad de recursos que el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) invirtió en la campaña a favor del "sí”, cabe intuir que el resultado del plebiscito fue más bien desconcertante para el oficialismo. En todo caso, ese resultado deja en evidencia dinámicas interesantes.

Para empezar, el pacto de Erdogan con Devlet Bahceli, líder del ultraderechista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), no fue tan lucrativo como el presidente esperaba. La resistencia en el seno del MHP fue más fuerte de lo que el AKP y el propio Bahceli querían creer. ¿Podría surgir una nueva formación que acentúe las grietas en el MHP? Eso no se puede descartar del todo.

Seda Serdar Kommentarbild App

Seda Serdar, comentarista de DW.

En segundo lugar, es importante recordar que el referendo en cuestión tuvo lugar mientras estaba vigente un estado de emergencia. Para impulsar la campaña a favor del "sí”, el AKP tuvo a su disposición todas las herramientas necesarias y las ventajas financieras del Gobierno, aparte del control de los medios. Aún así, el "sí” sólo obtuvo el 51 por ciento de los votos. No olvidemos tampoco que el "sí” perdió en la capital, Ankara, y en ciudades como Adana, Antalya y Estambul, que fueron los bastiones más fuertes del AKP durante las elecciones generales de noviembre de 2015 y los comicios presidenciales de 2014.

¿Un triunfo limpio o no?

Mientras los votos estaban siendo contados este 16 de abril, la Junta Suprema Electoral de Turquía declaró que validaría votos no sellados de forma reglamentaria. Desde luego, esa decisión no tardó en dar la impresión de que el oficialismo había recurrido a maniobras injustas para asegurarse el triunfo.

Lea también: OSCE: referéndum turco no cumplió estándares democráticos

La oposición va a hacer todo lo que pueda para disputar los resultados de la consulta popular y exigir que los votos sean contados de nuevo en los lugares donde cree que hubo manipulaciones. Fotografías y videos que circulan en las redes sociales han reforzado las dudas. El Gobierno deberá tomar en serio esta inquietud, sobre todo considerando que el margen de diferencia entre el "sí” y el "no” fue tan pequeño, y que las reformas constitucionales en juego serán decisivas para el futuro de la democracia en Turquía. No obstante, para el AKP, lo único que parece importar es que el "sí” se impusiera en las urnas.

Nuevas elecciones en el horizonte

Aunque los líderes del AKP han insistido en que el nuevo sistema presidencialista entrará en vigor apenas en 2019, ya se está hablando sobre la posibilidad de elecciones adelantadas. ¿Por qué esperar tanto para implementar la decisión del pueblo? Ese argumento ya fue articulado hace mucho tiempo y Erdogan no quiere perder más tiempo. Esto significa, probablemente, que la temporada electoral apenas está comenzando.

Puede que un hombre haya obtenido un enorme poder tras la consumación del plebiscito, pero casi la mitad de la población votó en contra de que así fuera. En otras palabras, el presidente Erdogan deberá hacer frente a una sociedad altamente polarizada. El discurso con que apeló a la unidad nacional en la noche del 16 de abril está lejos cerrar la brecha acentuada durante años. Erdogan tiene muchos asuntos de los que ocuparse: Siria, la delicada relación de Turquía con sus aliados, el tema de los refugiados y el problema kurdo, por nombrar solo algunos de ellos. Pero, en lugar de fijar su atención en estos tópicos calientes, Erdogan da la impresión de querer estabilizar primero su recién ganado poder.

DW recomienda