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Europa

Opinión: Una declaración de guerra a Europa

Tras la noche de terror en París, la organización terrorista EI se atribuyó los atentados que dejaron más de 120 muertos. Los ataques no solo apuntan contra Francia. Europa debe actuar, opina Alexander Kudascheff.

El 13 de noviembre de 2015 quedará consignado en los libros de historia. Un viernes negro para Francia, para Europa, para Occidente. El ataque terrorista –más precisamente, los ataques terroristas perpetrados con una táctica perfectamente coordinada en diversos lugares de la ciudad más hermosa del mundo, París- fue una declaración de guerra del Estado Islámico (EI). Una declaración de guerra del yihadismo islámico contra todos en Europa. Contra nuestro estilo de vida, nuestra forma de vivir, nuestra concepción política, humana y social de la libertad. Eso nos conmociona a los europeos que hoy, el día después, nos sentimos más que nunca fraternalmente unidos a Francia. Esto nos toca, nos deprime, y también nos pone furiosos. Furiosos ante el brutal afán asesino del EI, que cobró por lo menos 120 víctimas fatales, sin mencionar a los numerosos heridos.

El ataque fue una puñalada en el corazón de los europeos. Fue una puñalada a la forma en que queremos vivir. El ataque terrorista fue una puñalada asesina contra el Estado francés, que a pesar de las nuevas y amplias posibilidades de vigilancia no pudo proteger a sus ciudadanos. Y, de paso, fue un ataque contra el panorama político francés. Porque un vuelco hacia posiciones de extrema derecha es seguro. Francia se encapsulará, querrá retraerse de la globalización. El ganador político de la pesadilla del 13 de noviembre en Francia será el Frente Nacional. Y el desafortunado e impopular presidente Francois Hollande es el principal perdedor.

Alexander Kudascheff, redactor en jefe de DW.

Alexander Kudascheff, redactor en jefe de DW.

El “viernes negro” cambiará a Europa. Aunque nadie sabe de dónde provenían los autores de los atentados del EI. ¿Venían de los banlieues, los suburbios de ciudades francesas donde desde hace tiempo han surgido sociedades paralelas de jóvenes desarraigados con trasfondo musulmán? ¿De allí donde –como dice un libro del escritor argelino Sansal- “los barbudos llevan la voz cantante” y el rechazo al estilo de vida francés y occidental es completo? ¿O se trata de terroristas procedentes de Siria o Irak, de retornados o incluso de individuos que se hicieron pasar por refugiados? Eso azuzaría con vehemencia el debate europeo y el alemán.

El 13 de noviembre es un día de impotencia. Un día que pesa sobre los franceses y los europeos como una pesadilla. Es un día de abatimiento, de desconcierto, y también de rabia. Pero es también un día en el que las sociedades liberales y abiertas de este Viejo Continente deben decir con orgullo: no cambiaremos nuestro estilo de vida. Y es también un día en el que se debe constatar fría y racionalmente: quien quiera combatir las causas del éxodo, deberá combatir contra Assad y el EI. La declaración de guerra del EI no le deja a Occidente –y no solo a él- otra alternativa.

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