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El Mundo

Opinión: Trump, el hombre que dispara demasiado rápido

Trump es un misterio también cien días después de su toma de posesión. ¿Sigue su política exterior una estrategia o se trata de ocurrencias espontáneas? Miodrag Soric opina que debemos estar preparados para sorpresas.

Teniendo en cuenta los temores que suscitó su presidencia, la cosa no ha ido tan mal. Trump aún no ha provocado ninguna guerra. Aquel hombre de dedos impacientes ya no critica más en Twitter a la OTAN, sino que la alaba. No ha sido tan malo todo como pensábamos. Y menos en política exterior.

 

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Hasta el momento, Trump no ha podido llevar a cabo ninguno de sus anuncios de campaña: ni la mejora de las relaciones con Rusia, ni el "castigo” a China por su supuesta manipulación de la moneda, ni la suspensión del acuerdo nuclear con Irán. El bombardeo de un aeropuerto en Siria fue una forma de castigar al régimen de Al Assad por haber empleado gas venenoso. Lo mismo puede decirse del lanzamiento de una bomba sobre posiciones de milicianos del Estado Islámico en Afganistán. 

Sin concepto general sobre política exterior 

Lo único es que detrás de esas decisiones no se oculta ninguna estrategia sobre cómo pacificar aquellas regiones. En general, la administración Trump no parece tener estrategia alguna en política exterior. Trump hizo campaña con el eslogan "American First”. Eso no significa otra cosa que "menos dinero para el resto del mundo”. Y, consecuentemente, ha recortado presupuesto para organismos como la ONU y el Banco Mundial. Eso puede tener dramáticas consecuencias para prevenir crisis, así como para luchar contra la pobreza y las pandemias. Trump solo quiere invertir más dinero en defensa.

El grupo de poder armamentístico y los intervencionistas del Congreso se alegrarán por ello. Pero solo con armas no se frena a los islamistas. En la lucha contra la pobreza en el norte de África o en Medio Oriente ayudan poco los aviones de guerra y los carros de combate. Estados Unidos posee con diferencia la fuerza armada más poderosa del mundo. Nadie está en condiciones de amenazar a EE.UU. en serio. Sería mejor invertir en educación o en la protección del clima. Pero Trump no quiere saber nada de esos asuntos.

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Miodrag Soric dirige los estudios de DW en Washington.

La imprevisibilidad no es una virtud política

¿Hay una constante en la política exterior de Trump? ¿Es esa constante la "flexibilidad” de la que tan orgulloso se siente el presidente? Eso puede despertar la sospecha de que el presidente toma decisiones por capricho, de forma espontánea y no planificada. Ser imprevisible puede ser un buen truco negociador para que una empresa constructora adquiera cemento líquido más barato. Pero, en política exterior, la imprevisibilidad no es una virtud.

Los optimistas de Washington esperan que "Donald" adquiera la virtud de la constancia. Y que escuche más a los consejeros partidarios de una política exterior estadounidense tradicional. Trump, que antes de su toma de posesión quería hacer una política exterior muy distinta, ahora coopera, con excepción de un par de asuntos. Pero con ellos tendrá que vivir el mundo.

Autor: Miodrag Soric (MS/DZC)

 

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