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El Mundo

Opinión: Trump, el anti-Obama para África

África no espera nada positivo del nuevo presidente estadounidense Donald Trump, por el contrario, se auguran grandes desafíos para el continente.

En África, Donald Trump apenas figura, y en caso tal, solo con una connotación negativa. El premio Nobel de literatura nigeriano Wole Soyinka, con gran consternación, dijo que el 20 de enero rasgará su tarjeta de residencia estadounidense y volverá a su patria. Trump avivó temores y estados negativos de ánimo: en cuestiones específicas –como la seguridad y la lucha contra el terrorismo– el futuro presidente estadounidense en un solo discurso a menudo habla desde dos lados diferentes. Si uno evalúa la confusa compilación de declaraciones de Trump como un programa, se puede leer todo como un plan de 10 puntos para la degradación de África.

1) Las empresas africanas tendrían que contar con derechos de importación de Estados Unidos: hasta la fecha, la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA) ha introducido casi 5.000 productos africanos de 38 países, libres de impuestos, en los Estados Unidos.

2) La frágil sociedad civil en África se enfrenta a un considerable debilitamiento si sus muy activos patrocinadores estadounidenses son restringidos o retirados.

3) El enfoque "América primero” significaría que autócratas africanos saldrían de las consideraciones de Washington y pueden, con menores controles, seguir "gobernando".

4) Las minorías, especialmente la comunidad LGBT de África, están perdiendo probablemente su aliado más importante en el mundo: los Estados Unidos.

Claus Stäcker

Claus Stäcker

5) Musulmanes moderados quedan en mayores aprietos con sus hermanos de fe radicalizados si el nuevo presidente de Estados Unidos continúa difamándolos a todos como un solo grupo.

6) La situación de seguridad en las líneas de frente con los terroristas islámicos en África Occidental y Oriental podría verse exacerbada por la expansión de las misiones con drones, conduciendo a una mayor radicalización.

7) Un cambio de rumbo en la política climática podría traer para África –comprobado como el continente más afectado– consecuencias aún peores.

8) El sector de la salud en África –encabezado por el programa presidencial del presidente George W. Bush, PEPFAR– debe ahora temer recortes de los subsidios de miles de millones de dólares que han llevado a mejoras sustanciales en la atención básica y la investigación en los últimos años.

9) El ambicioso programa de energía "PowerAfrica" de Barack Obama queda al borde de la crisis.

10) Para cientos de miles de africanos que esperan estudiar en los Estados Unidos, alcanzar el sueño americano quedará en veremos. Asimismo, los 35.000 millones de dólares estimados en transferencias anuales de la diáspora africana como el aporte educativo de investigadores y expertos africanos.

No es de extrañar que los autócratas como Yoweri Museveni (Uganda), Pierre Nkurunziza (Burundi) y Paul Kagame (Ruanda) fueron de los primeros en felicitar a Trump, esperando a que ya no se les recuerde públicamente de sus funciones oficiales y juramentos constitucionales como sí lo hizo Barack Obama, quien gracias a su ADN y auténtica retórica, había producido una expectativa casi mesiánica en África. No obstante, bloqueado a menudo por la Cámara de Representantes en Estados Unidos, el actual presidente no pudo llenar tales expectativas. Incluso su predecesor republicano, George W. Bush, logró más en África que él.

Trump es la encarnación anti-Obama. Aún así, no podrá escaparse de todas las convenciones mundiales, por mucho que retumbe. No podrá detener cualquier programa y acuerdo comercial sin dañar la economía estadounidense. No obstante, África experimentará, presumiblemente, feroces vientos en su contra: menos influencia en la ONU, el Banco Mundial y el FMI; desventajas comerciales, reducción de la ayuda al desarrollo y desinterés mundial. Con todo, el continente africano ha respondido al inesperado giro con sorprendente tranquilidad, diplomacia, y también con muy buen sentido del humor en las redes sociales.

Según ha enseñado la experiencia en África, algo nunca está tan mal como lo que podría estar aún peor. Y el giro estadounidense, que podría ser seguido por uno europeo, puede que acelere la autorreflexión en África. Fomentar el comercio intraafricano –con su propio sistema de valores–, erradicando los aranceles y las restricciones de circulación que la Unión Africana siempre postula, pero que sus Estados miembro poco ponen en práctica.

Autor: Claus Stäcker
 

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