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El Mundo

Opinión: ¡Manden transbordadores al Mediterráneo!

La última tragedia ocurrida en el Mediterráneo deja en evidencia que las recetas europeas en materia de política para refugiados no sirven. En opinión de Bernd Riegert, se requieren por fin medidas más radicales.

Ocurrió nuevamente. Se teme que 200 migrantes se hayan ahogado ante las costas de Libia, al volcarse la embarcación en que viajaban. En abril murieron presuntamente 800 personas del mismo modo. Hace cuatro meses, la Unión Europea sostuvo una cumbre extraordinaria. Los jefes de Estado y de Gobierno aprobaron una serie de medidas. Los fondos para el rescate en el mar se triplicaron. La misión “Tritón” de la agencia Frontex, bajo la dirección de la Guardia Costera italiana, había de evitar nuevos dramas. Eso no se consiguió. Nuevamente ha ocurrido.

El Mediterráneo es la más mortal ruta de migrantes. Aproximadamente 2.000 personas pagaron con sus vidas la peligrosa travesía en los primeros siete meses del año. ¿No es acaso hora de la próxima cumbre extraordinaria europea? En la pausa veraniega, la Unión Europea reacciona con lentitud. Además, ¿de qué serviría un nuevo encuentro de emergencia? Incrementar otra vez los rescates en el mar probablemente no sería una solución. Porque la certeza, o por lo menos la posibilidad de rescate, induce a cada vez más personas a embarcarse en las naves de los traficantes, no aptas para navegar.

Vías legales

Los europeos deben tratar de evitar que los migrantes emprendan la travesía ilegal. Eso solo se logrará si la UE abre vías legales para viajar y presentar una solicitud de asilo. En determinados puertos de Italia, España, Francia y Grecia habría que habilitar campos para los recién llegados, en los que se pueda resolver en un tiempo relativamente corto si cada persona puede o no quedarse en Europa. Quienes reciban asilo, deberían ser distribuidos de manera justa en la UE. Aquellos a quienes les sea denegada la solicitud, deben regresar consecuentemente a sus países de origen o ser deportados.

Acoger a todos los migrantes es algo que no resulta políticamente viable en Europa. La idea de los ministros del Interior europeos de habilitar los campamentos de recepción en el norte de África sigue siendo una posibilidad teórica. La UE no ha encontrado países que quieran llevarla a cabo y existen también numerosas dificultades prácticas y jurídicas.

Bernd Riegert.

Bernd Riegert.

Solo se podrá evitar el peligroso cruce del Mediterráneo si la UE organiza una especie de servicio humanitario de transbordadores entre Libia y Sicilia. Entre 500 y 1.000 personas atraviesan a diario ilegalmente el mar. Un ferry podría trasladar a igual cantidad, sin que corra peligro su vida. La gente se pondrá en marcha de todas maneras. Pero con un transbordador se podría acabar con las bandas de traficantes. Porque, existiendo una posibilidad legal de viajar, desaparece la base del negocio de los criminales. El transbordador en cuestión no tendría por qué atracar necesariamente en la anárquica Libia, sino que podría zarpar de Túnez o de Egipto. ¿Una idea utópica? ¿Pero cuál es la alternativa? Seguir actuando como hasta ahora solo conduce a más catástrofes.

El bloqueo no es solución

Existiría la posibilidad de adoptar el “modelo australiano” y bloquear por completo las fronteras marítimas europeas. Mediante un bloqueo militar, la UE podría impedir por la fuerza que las embarcaciones de migrantes abandonaran las aguas territoriales libias. Pero sería una solución inhumana, que quizás provocaría aún más víctimas fatales. El intento de la UE de emprender al menos una operación militar contra los traficantes fracasó en ciernes, porque no habrá un mandato de la ONU para ello. También ese parece ser un callejón sin salida.

Lo mejor sería, naturalmente, que la gente no tuviera que abandonar sus países por motivos religiosos, políticos ni económicos. Pero pensar que es posible eliminar a corto plazo las causas de la huida es evidentemente una ilusión. Para eso tendría que terminar la guerra en Siria, Eritrea tendría que democratizarse y África tendría que experimentar un abrupto auge económico. La influencia de la UE sobre esos factores es limitada. La cooperación con los países de origen sigue siendo hasta ahora solo un deseo. Por desgracia, esos países no se preocupan de sus ciudadanos que parten rumbo a Europa. No asumen su responsabilidad, sino que la transfieren a la UE.

La Unión Europea ha comprendido que su política conjunta en materia de asilo y refugiados no es suficiente. En una toma de posición desacostumbradamente abierta, la Comisión Europea ha exhortado a todos sus países, y también a sus ciudadanos, a no seguir derramando lágrimas de cocodrilo, sino actuar. De seguro no existen soluciones fáciles; por eso hay que tener el valor de dar pasos inusuales y drásticos. De lo contrario, ocurrirá siempre de nuevo. Cada vez más migrantes morirán en su intento de llegar a Europa.

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