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Europa

Opinión: Franceses, por favor, voten con la cabeza

Esto no había sucedido nunca: cuatro candidatos casi igualados antes de la primera ronda de las presidenciales francesas. Muchos no se han decidido y parecen desorientados, opina Barbara Wesel.

La situación una semana antes de la primera ronda de votaciones en Francia es tan confusa que incluso el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, se aventuró a entremeterse cautelosamente en el asunto, advirtiendo de los populistas de derecha cuyo “canto de sirena” promete a Francia un futuro esperanzador, pero la aleja de Europa. Precisamente en Berlín están esperando, con la respiración algo entrecortada, el resultado de la primera ronda. Al fin y al cabo, del futuro de la Unión Europea dependen el bienestar, la paz, los rasgos comunes y muchos otros aspectos infravalorados.

 

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Ascenso de los extremistas

En la primera ronda decide el corazón, en la segunda, la cabeza. Así aparece en la aclaración del sistema electoral francés, que pretende proteger al país del ingreso de extremistas al palacio presidencial. Sin embargo, el rápido ascenso del izquierdista Jean-Luc Mélenchon en las encuestas haría posible que se enfrente a la populista de derecha Marine Le Pen en la segunda ronda. ¿Por quién se decidirá entonces la cabeza pensante y política de los franceses? Lo que hace semanas parecía impensable se ha convertido ahora en una verdadera posibilidad.

El éxito de Mélenchon demuestra que muchos franceses quieren una solución radical. Parece que para ellos no se trata de encontrar soluciones prácticas a los problemas, sino más bien de ideologías contundentes con promesas de un futuro glorioso.

Barbara Wesel, corresponsal en Bruselas.

Barbara Wesel, corresponsal en Bruselas.

¿Cómo se podría entonces explicar que Le Pen y Mélenchon suman juntos más del 40 por ciento en las encuestas? Además, los seguidores de estos polos políticamente opuestos coinciden, en parte, en que son extrabajadores industriales frustrados, que siempre votaron a la izquierda, luego cambiaron a la derecha y regresaron a la izquierda. Jóvenes que buscan el cambio debido a la rabia contra el aparato político parisino y los marginados sociales, que están a favor de cualquier mensaje que les prometa una vida mejor.

Parecidos en muchos aspectos

La izquierda radical atrae a los franceses con los lemas “Francia insumisa”, promete abandonar la UE y la OTAN, renacionalizar la industria e introducir un modelo político y económico, sobre todo, como negativa al capitalismo financiero. ¿Cómo funcionaría algo así tras el fin del comunismo en Europa del Este? Sigue siendo una cuestión pendiente. Lo que diferencia a Mélenchon de Le Pen es la idea de un internacionalismo para el que ambos carecen de aliados internacionales.

La candidata del Frente Nacional (FN) apuesta por el patriotismo. “Francia en primer lugar” es su lema, pero su programa económico no se diferencia casi del de la izquierda radical. Eslóganes y promesas similares, salida de la OTAN y de la UE, industria nacionalizada… Para muchos votantes se trata de un programa electoral tentador y ambos casi indistinguibles. Hay que mirar dos veces para descubrir la herencia neofascista en Le Pen, como cuando, en una entrevista radial, negó la responsabilidad de Francia por la deportación de judíos por parte del gobierno de Vichy.

El centro se desmigaja

En esta constelación, los vecinos europeos depositan sus esperanzas en la joven burguesía francesa, encarnada por Emmanuel Macron. Es el único a favor de Europa, con una política económica progresista y liberal, que pretende reformar el anquilosado sistema francés. Al principio, Macron era vitoreado, pero ahora sus seguidores se muestran vacilantes.

Y al final, el rey del escándalo, Francois Fillon, quien todavía sigue estando en la carrera a la presidencia. Su electorado está ubicado en las zonas rurales donde, a pesar de las investigaciones por delitos, le sigue mostrando su lealtad, porque ellos son conservadores arraigados o creen en su reforma á la Thatcher. Para los socialistas, el conservador de derecha no parece casi elegible en la segunda ronda. Tampoco está claro si llegará a la eliminatoria, lo que significaría un terremoto político para Francia .

Votar con la cabeza desde el principio

Para los preocupados observadores y vecinos solo cabe una posibilidad: que los franceses opriman su tendencia hacia las grandes ideologías y ya, en la primera ronda, voten con la cabeza. Hasta entonces solo se puede seguir el final de la campaña electoral con la respiración contenida y la esperanza de que los franceses respondan como los votantes en Austria y Holanda y rechacen el extremismo.

Barbara Wesel (RMR/DZC)

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