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El Mundo

Opinión: El show de Putin, sin nuevas ideas

En su show televisivo de preguntas y respuestas, el presidente ruso no contestó a sus compatriotas sobre su visión de futuro. Juri Rescheto opina que eso no es bueno, dadas las crecientes protestas en el país.

El aburrimiento es enemigo de muchas cosas. Lo es tanto del amor como de la política. En este terreno, los rusos han aprendido una lección tras la caída de la Unión Soviética. Después de muchos años de estancamiento, las cosas empezaron a moverse con frenesí.  Y a quien llegó demasiado tarde a ellas… la vida se encargó de castigarle.

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Desde entonces, el país más grande del mundo no se aburre. Turbo-capitalismo y democracia dirigida, escándalos judiciales y corrupción, derechos humanos y homofobia, Crimea, Siria, el Donbás... Pero incluso los supuestos logros de un Gobierno y las victorias de su presidente no pueden resolver el problema del aburrimiento, si este mismo presidente está demasiado tiempo en el poder.

Es por ello que el presidente ruso Vladimir Putin debe reinventarse en su quinto mandato de facto. De alguna manera y en algún momento. No necesariamente ahora, diez meses antes de la elección presidencial, la cual puede ganar sin problemas si no sucede nada extraordinario, porque el líder del Kremlin sigue gozando de la misma popularidad de antes. Más adelante, sin embargo, sí debería tenerlo en cuenta. Cuando los recursos se agoten, el país y sus élites se encuentren internacionalmente cada vez más aislados y cuando tomen el timón los actuales jóvenes y estudiantes, cuyas protestas en las calles no dejan de aumentar. 

Nadie pregunta por el futuro del país

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Juri Rescheto.

Pero el problema de Putin es que ya parece haberlo dicho todo. Muchas de sus "ideas de progreso y renovación” quedaron en el olvido. ¿Diversificación de la economía? Ya había. ¿La modernización del sistema judicial? ¿La guerra contra el terrorismo? ¿La política de Putin sobre Crimea y el patriotismo entusiasta? Todo eso ya no funciona. 

En todo caso, Vladimir Putin parece ser en su programa de televisión de 2017 el mismo hombre de 2016, de 2015 y el de los años anteriores: hábil para los números, pero ideológicamente vacío. Después de varias horas de su "Diálogo con el pueblo" y casi dos millones de preguntas presentadas, sus compatriotas no solo quieren saber sobre su candidatura presidencial en 2018, sino también y sobre todo la cuestión sobre el futuro del país. Ni más, ni menos. Sin visión, sin estrategia y sin idea alguna de lo que Rusia quiere ofrecer a su juventud, a la que pertenece el futuro. Una juventud que se muestra cada vez más insatisfecha con su Estado y con su presidente y que se ve obligada a salir a las calles para defender su futuro.

Incapaz de un diálogo positivo

¿Penas más duras y más detenciones tras la gran cantidad de arrestos arbitrarios de los últimos días? En Moscú, San Petersburgo, Vladivostok y Novosibirsk… No importa quién  provocó más en la capital rusa el pasado fin de semana: el poder del régimen contra el líder de la oposición Alekséi Navalny, poniéndolo bajo presión extrema, o el propio líder político, por animar a la multitud a dirigirse a un lugar no autorizado. La lección más importante de las protestas es que el poder del Estado no es capaz de llevar a cabo un diálogo positivo con la población. Especialmente con los jóvenes.

Las protestas del 12 de junio, han demostrado que la violencia no ayuda. A pesar de las detenciones sin sentido y, en algunos casos, brutales tras las protestas del 26 de marzo, el último fin de semana salieron a las calles a mostrar su descontento alrededor de diez mil rusos. El Estado ya no tiene la situación bajo control. Al contrario. El carismático político de la oposición y famoso crítico de Putin, Alekséi Navalny, ha logrado utilizar esta situación a su favor e, incluso, ampliar las protestas a otras ciudades. Incluyendo los lugares donde se llevaron a cabo las últimas protestas del año 1905.

No se escuchó palabra alguna del presidente sobre estos temas. El presidente de un país europeo que envejece, donde gran parte de los jóvenes tienen los mismos valores y conocen los mismos estándares que sus pares en el resto de Europa y Estados Unidos. Y que, por su propia forma de vida, rechazan los valores tradicionales que "la madre protectora” Rusia les quiere imponer. Hacer caso omiso a estos jóvenes podría ser peligroso, para el propio poder estatal. Porque el que llega muy tarde...

Autor: Juri Rescheto (CT/MS)

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