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El Mundo

Opinión: Cumbre de gestos en la OTAN

La primera cumbre de la OTAN con el nuevo ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump, viene precedida por fricciones. No obstante, la cita de Bruselas será un éxito, asegura el corresponsal de DW en EE. UU., Miodrag Soric.

Belgien Gebäude des Hauptquartiers der NATO (Picture alliance/Zumapress/J. K. McCann)

Sede de la OTAN en Bruselas.

Nadie puede acusar al mandatario estadounidense de ser inflexible. Cuando aspiraba a la presidencia de su país, Donald Trump tachó a la OTAN de "obsoleta”. Ahora, el nuevo "hombre fuerte” de la Casa Blanca le promete respaldo incondicional. En pocos meses, la opinión del empresario neoyorquino devenido político ha dado un giro considerable, para alivio de la alianza atlántica. Sus socios saben que no se puede amedrentar a los enemigos de Occidente –reales o percibidos– si no se tiene el apoyo de Estados Unidos. El llamado "deber de asistencia” mencionado en el artículo 5 del tratado del Atlántico Norte es de poco valor sin el gigante norteamericano.

Soric Miodrag Kommentarbild App

Miodrag Soric, corresponsal de DW en Estados Unidos.

Ahora Trump espera que también los europeos se muestren transigentes. En la cumbre de Bruselas, la OTAN, como organización, se integrará oficialmente a la coalición internacional que lucha contra la milicia terrorista Estado Islámico. Eso es algo que Trump puede presentarle a sus compatriotas como un éxito de su política exterior, alegando que consiguió imponer un golpe de timón en su primera participación en una reunión de la OTAN. Y los europeos serán los primeros en seguirle el juego y celebrar su "triunfo”. Después de todo, los efectos de la decisión de la OTAN sobre la labor de la coalición anti-EI son limitados. Se trata de un gesto y no mucho más.

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Más dinero de Alemania

Más duras serán las negociaciones de cara a otra exigencia de los estadounidenses: ellos quieren que los socios de la OTAN inviertan más dinero en el ámbito de la defensa. Trump va a levantar la voz para hacer esa demanda, como lo hicieron sus predecesores, y se va a topar con la renuencia de los europeos. No obstante, si en algo se ha especializado Bruselas es en la formulación de compromisos para que, al final de una u otra cumbre, todos los participantes se sientan como ganadores. Concretamente, esto significa que Alemania se comprometerá a invertir más recursos en el área militar, pese a que es ilusorio imaginar a Berlín redoblando su presupuesto de Defensa a corto plazo, a regañadientes o voluntariamente. Los socialdemócratas germanos, socios minoritarios de la coalición de Gobierno, rechazan categóricamente esa posibilidad.

De resto, la cumbre de la OTAN promete ser una de grandes gestos, de fuerte simbolismo. A falta de declaraciones de cierre, sobrarán las imágenes de la ceremonia de inauguración de la nueva sede de la alianza. Al fin y al cabo, lo que los miembros de la organización buscan con este encuentro es demostrar que hay unidad. Ellos quieren dejar claro que están dispuestos a invertir en el futuro de ese grupo, pese a los malos augurios que ensombrecen su porvenir.

Durante toda su historia, la OTAN ha sido criticada y aprovechada en igualdad de proporciones. Eso ha sido parte del secreto de su éxito. El rechazo y el reproche han conducido a reformas y a la asunción de nuevos desafíos. Cabe admitir que estamos hablando de una alianza imperfecta; ella tiene numerosas deficiencias y errores en su haber. Y aun así, a final de cuentas, hasta sus críticos más acérrimos –como Trump, hasta el año pasado– deben confesar que el mundo es un lugar menos seguro sin la OTAN. La cumbre de Bruselas será un éxito.

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