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El Mundo

Opinión: Como chivo en cristalería

En la cumbre de la OTAN, el presidente de Estados Unidos evitó un pronunciamiento claro a favor de la alianza militar en Europa. Esto podría ser peligroso para la OTAN, opina Bernd Riegert.

Durante la cumbre de la OTAN, el presidente estadounidense, Donald Trump, se mostró como un diplomático poco hábil. Llegó demasiado tarde. Luego empujó al jefe del gobierno montenegrino para avanzar hasta la primera fila. Además, utilizó lo que debía ser un corto discurso conmemorativo para atacar durante varios minutos a sus socios. Trump demandó de los países miembros de la OTAN un dinero imaginario, lo cual no le corresponde. Hizo provocaciones y se mostró imponente. Muchos de los jefes de Estado y de Gobierno reaccionaron consternados. Ni siquiera la propia delegación estadounidense en la OTAN contaba con que Trump escenificaría una de sus conocidas fanfarronadas. America first? No. Trump first!

Es lamentable que el mandatario estadounidense se haya abstenido de manifestar solidaridad expresa con la alianza, o apoyo en caso de resultar necesaria una defensa. ¿Acaso considera a la OTAN, a la alianza militar occidental, como algo superfluo? La posición de Donald Trump deja lugar a dudas. ¿Pueden realmente los aliados del este confiar en que el gigante norteamericano los protegerá de una eventual ofensiva rusa? Las dudas acerca de Estados Unidos como principal fuerza protectora harían tambalearse a toda la alianza. Algo que la dirigencia rusa bajo Vladimir Putin seguramente celebrará. Finalmente, Trump ha contribuido a desestabilizar a la OTAN. Su posición frente a Rusia aún queda poco clara después de la cumbre de la OTAN.

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Bernd Riegert, corresponsal político de DW

Naturalmente, un presidente estadounidense puede intentar reorientar a la alianza en una dirección propicia para él. Pero esto sólo sería posible con propuestas sensatas y con la intención de convencer a base de argumentos. Aunque la alianza nunca ha sido espectáculo de un solo hombre, puede que alguien como Donald Trump nunca llegue a entenderlo.

La reacción de la OTAN y de la canciller alemana, Angela Merkel, objeto de las provocaciones de Trump, fue muy discreta. La “mujer fuerte” de Berlín se atiene a las resoluciones de la alianza para el aumento del gasto militar, pero calló sobre los incesantes reproches de Trump.

Luego de esta mini-cumbre, en Bruselas se impone la pregunta de cómo lidiar con el populista en la Casa Blanca. En la parte operativa de la OTAN, algunos han encontrado una respuesta: simple y sencillamente ignorarlo. En la práctica, la OTAN seguirá implementando sus acuerdos con la ayuda de diplomáticos y funcionarios estadounidenses. Parece evidente que el peculiar presidente vive en su propio mundo de visiones distorsionadas, ajeno a la realidad.

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