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ACTUALIDAD

Opinión: Acuerdo de Múnich, luz de esperanza para Siria

El acuerdo para el cese de las hostilidades es vago, pero también la mejor alternativa para acabar con la masacre. Más allá de si el pacto se vuelve realidad, un país ha demostrado su fuerza, opina Michael Knigge.

Las potencias mundiales, lideradas por Rusia y Estados Unidos, acordaron poner término a los enfrentamientos en Siria y permitir el acceso de ayuda humanitaria a las ciudades sitiadas. Pero, como ya adelantaron varios diplomáticos este viernes, aún está por verse si el acuerdo se lleva a efecto.

Michael Knigge, periodista de DW.

Michael Knigge, periodista de DW.

Durante las conversaciones de paz sobre Siria realizadas en Ginebra, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, demandó un inmediato cese de las hostilidades, mientras que su colega alemán, Frank Walter-Steinmeier, esperaba por un cambio de rumbo en el conflicto. Lo conseguido en esas negociaciones, que tomaron mucho más tiempo del esperado, fue finalmente nada.

En cambio, el Grupo Internacional de Apoyo a Siria acordó el acceso de ayuda humanitaria a las zonas sitiadas esta semana y elaboró “modalidades” para un “cese de las hostilidades a nivel nacional” dentro de una semana. Este último es el trabajo de un grupo recientemente formado por Estados Unidos y Rusia.

Peor es nada

Si esto parece vago es porque lo es. Los detalles de cómo lo acordado se llevará a la práctica en tan poco tiempo son todavía nebulosos, por decir lo menos. Como también lo es el término “cese de las hostilidades”, un concepto mucho menos definido que “cese del fuego”, como reconoció el mismo Kerry.

Tampoco está claro cuándo se suspenderán los ataques aéreos, como los que se están realizando en los alrededores de Alepo, y si Rusia también formará parte de esa tregua. El fin de los bombardeos es una condición determinante para permitir la llegada de ayuda humanitaria a la población civil que sufre los efectos de la guerra en todo el país.

Es más, incluso si el acuerdo puede ser puesto en práctica sobre el terreno, eso no significa -como ya hemos visto en el conflicto de Ucrania- que este será duradero, ni que se alcanzará una solución política sustentable. En suma, el fin de las hostilidades solamente congela el conflicto. Se trata de una propuesta desagradable, teniendo en cuenta no solo al mandatario sirio, Bashar al Assad, sino también a la mayoría de los otros actores en esta guerra.

Pero incluso habiendo dicho todo esto, el tenue pacto alcanzado el viernes sigue siendo el mejor y único que se ha logrado en los intentos por poner fin a los enfrentamientos en Siria. Dadas las actuales circunstancias geopolíticas que rodean el conflicto, con Estados Unidos renuente y dejando un amplio campo de acción que ha sido ocupado con resolución por Rusia, el acuerdo aparece como la opción más realista, de tener éxito.

Más allá de si lo que está sobre el papel se convierte en realidad, lo cierto es que una de las partes ya ha anotado un gran punto a su favor en Múnich: Rusia. Al compartir la fuerza de tareas para el fin de las hostilidades con Washington, el Kremlin ha alcanzado el objetivo que siempre buscó: ser percibido como un igual ante Estados Unidos a nivel internacional, al menos en lo referente a Siria. A juzgar por lo sucedido durante las conversaciones, Estados Unidos ha aceptado ese hecho. Esperemos, por el bien del pueblo Sirio, que valga la pena.

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