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Historia

¡No a la violencia! ¡Nosotros somos el pueblo!

La revolución pacífica que llevó a la desaparición de la República Democrática Alemana nació en la ciudad de Leipzig. DW-WORLD conversó con uno de sus protagonistas: el antiguo sacerdote, Christian Führer.

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"¡No a la violencia! ¡Nosotros somos el pueblo!". Manifestación en Leipzig, 9 de octubre de 1989.

Entre 1980 y 2008, Christian Führer fue sacerdote en la iglesia protestante de San Nicolás, en Leipzig. Se jubiló en marzo de 2008, pero sus recuerdos sobre la revolución pacífica que llevó a la desintegración de la República Democrática Alemana, y que transcurrió entre “oraciones por la paz“ y “lunes de manifestación”, siguen tan activos como antaño.

Pfarrer Führer - Gesicht der Nikolaikirche geht in Rente

Christian Frührer, párroco de la iglesia de San Nicolás de Leipzig entre 1980 y 2008.

DW-WORLD: El 9 de octubre de 1989, exactamente un mes antes de cayera el Muro de Berlín, tuvo lugar en Leipzig la mayor manifestación espontánea de la RDA hasta ese momento. 70.000 personas salieron a la calle, una masa contra la cual el SED, el Partido Socialista Unificado de Alemania, no podía hacer nada. ¿Cómo se logró movilizar a tanta gente?

Christian Führer : Esa es la gran pregunta. Las llamadas “oraciones por la paz”, que tenían lugar todos los lunes en la iglesia de San Nicolás de Leipzig desde 1982, siempre fueron un punto de encuentro para gente crítica que no podía articular de otro modo su opinión. Y se corrió la voz. Cuando el 8 de mayo de 1989 las autoridades bloquearon las calles de acceso a la iglesia, nuestros adeptos se habían multiplicado considerablemente.

El Estado pensaba que con esta medida lograría amedrentar a los asistentes, pero ocurrió exactamente lo contrario. Para la misa de otoño, el 4 de septiembre, los equipos de televisión de la Alemania occidental habían obtenido un permiso de filmación. Cuando salimos de la iglesia estaban allí, frente a la puerta, y nuestra gente desplegó una pancarta en la que se leía „Por un país abierto y con gente libre“.

Logramos mantener la pancarta sólo 15 segundos en el aire antes de que la Stasi [la policía política de la RDA] interviniera. Pero esos 15 segundos transcurrieron ante todo Occidente. Los noticieros de la noche emitieron las imágenes y así, no sólo los alemanes del oeste se enteraron de lo que estaba ocurriendo en Leipzig, sino también todos los habitantes de la RDA, porque todos veíamos la televisión de occidental.

Y entonces llegó el 7 de octubre del 1989, el 40 aniversario de la RDA…

Ese día cientos de personas fueron detenidas delante de la misma iglesia. El mismísimo [Erich] Honecker había dicho: „Hay que cerrar la iglesia de San Nicolás“. Y la policía actuó de un modo desconocido hasta entonces: vino en traje de combate, con garrotes, perros y escudos, y molieron a golpes a todo el mundo: durante el día entero, desde el mediodía hasta por la noche.

En la prensa se había escrito cosas como „el lunes [9 de octubre] se va a acabar con la contrarrevolución: si no se puede de otro modo, tendrá que ser por la fuerza“. El 8 de octubre vinieron médicos a misa y nos contaron que en los hospitales se estaban liberando unidades por si había que atender a heridos de bala. Al 9 de octubre se le tenía mucho miedo.

Montagsdemonstrationen 1989

Con una vela en la mano, no se pueden dar golpes.

¿Cómo se desarrollaron las manifestaciones masivas del 9 de octubre?

Logramos meter a entre 6.000 y 8.000 personas en las iglesias del centro, más no cabían, pero en realidad habían venido a la manifestación unas 70.000. No podíamos ni salir de la iglesia. ¡El patio de San Nicolás estaba lleno de gente! Todos llevaban una vela en las manos. Una vela implica de por sí la no violencia porque, si no quieres que se te apague, tienes que sostenerla con las dos manos, así que no puedes no puedes tirar piedras o pegar con el garrote.

Un miembro del Comité Central del SED confesó después: „estábamos preparados para cualquier cosa, menos para velas y oraciones“. La policía no tenía orden de intervenir en un caso así. Si hubiéramos atacado a los policías, entonces habrían tenido un motivo para actuar y todo habría terminado como siempre. Pero los tanques se retiraron y no hubo ni un solo disparo. En ese momento supimos que la RDA ya no volvería a ser la misma. Más que una certeza, fue el presentimiento de que algo maravilloso había sucedido. Aunque la dimensión real no la entendimos hasta mucho después.

“Sin Leipzig no hubiera existido la revolución pacífica que acabó con la RDA” ¡Siga leyendo!

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