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El Mundo

Ni servir, ni proteger

Estados Unidos pone en duda las intervenciones policiales con víctimas mortales de raza negra. Tras el último caso, tampoco va a cambiar mucho, opina Gero Schließ.

Ferguson, Nueva York, Cleveland y ahora North Charleston: ¿Cuántas veces tiene que pasar algo para que haya cambios? Muchos estadounidenses están indignados y dudan de los cuerpos policiales. Aunque también haya “polis buenos”, frecuentemente los agentes olvidan su función de “para servir y proteger”, causando incluso víctimas mortales.

Mentiras en los informes

El caso del agente Michael Slager, que disparó contra el joven negro desarmado Walter Scott, es el último caso de una serie de víctimas mortales de raza negra a manos de policías blancos. Esta vez no hay dudas sobre la culpabilidad. El video grabado por un peatón muestra la brutalidad. Al mismo tiempo, sirve como prueba irrefutable frente al informe policial y para presionar a la política local. Tras la publicación del video, el alcalde de North Charleston reaccionó rápidamente, despidiendo y deteniendo al policía culpable.

¿Quiere decir eso que el orden rige North Charleston? ¡Para nada! Sin el video todo habría sido distinto. Slager se habría zafado del asunto apoyado por sus colegas y la muerte habría quedado sin esclarecer.

Sobre las causas de los disparos contra ciudadanos negros se ha escrito mucho. La formación de los policías es, generalmente, deficiente y recurren rápidamente a las armas. Pero el hecho de que las víctimas sean siempre de razas minoritarias indica además que Estados Unidos tiene un problema racial, un problema que acompaña al país desde su origen. Nada cambió por el hecho de que el actual presidente sea negro. Sobre todo en los estados del sur, los prejuicios raciales están muy extendidos y tienen consecuencias muy negativas, hasta llegar a considerar que la vida de un negro tiene menos valor que la de un conciudadano blanco.

Cubiertos por parte de la política

No bastaría con recurrir solo al brutal ataque para explicar todo esto. El hecho de que el informe policial de North Charleston no fuese correcto, solo se explica con la complicidad de parte de la política. El presidente Obama y su intrépido ministro de Justicia, Eric Holder, siempre intentan intervenir. La última vez fue en Ferguson, pero el informe resultante de la investigación sobre la policía local fue tan nefasto que los responsables tuvieron que dimitir. Ahora, el FBI y el ministerio de Justicia han retomado las investigaciones.

Al final, el camino es buscar mejoras estructurales y sostenibles, como algunas de las que sugirió el grupo de trabajo enviado por Obama a Ferguson: más policías negros, un mejor entrenamiento en tácticas defensivas, investigaciones independientes de las intervenciones policiales con víctimas mortales y cámaras corporales para los policías. En Estados Unidos se habla de esas cámaras como un remedio milagroso. Sin embargo, aun están muy lejos de serlo. No pueden evitar prejuicios raciales y solo servirán para aumentar la confianza e iniciativas similares procedentes de Washington suelen terminar bloqueadas.

Para solucionar el problema de raíz, el país debería sincerarse consigo mismo. Nunca funcionará mientras algunos, como los candidatos republicanos, minimicen la cuestión racial. Pero aún así, también hay buena noticias. Curiosamente desde Ferguson. Tras los desórdenes, la participación electoral se ha doblado y los representantes negros en el ayuntamiento se han triplicado.