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Sociedad

Navidad en Alemania: tan variada como su gente

Para algunos, la Navidad es una fiesta familiar plena de preparativos, compras y estrés. Para otros, una época de tranquilidad y reflexión. En Alemania, la festejan los cristianos y también algunos musulmanes.

Navidad bajo el arbolito: compartir tiempo con los seres queridos.

Navidad bajo el arbolito: compartir tiempo con los seres queridos.


La Navidad, la fiesta cristiana más importante del año, se celebra en Alemania de maneras tan diversas como diversos son los habitantes de este país. Tradicionalmente, la familia se reúne y se intercambian regalos junto al arbolito y el pesebre, como en otros lugares del mundo. Los más ancianos se preparan para recibir a los hijos y a los nietos. Van a misa juntos y luego cenan platos amorosamente preparados, por lo general, pavo relleno al horno. “Para nosotros, la Navidad es una fiesta familiar. Tenemos nueve nietos en total: siete niñas y dos niños”, relata un abuelo orgulloso. También este año, el centro de atención –especialmente de los más pequeños- en la casa de los abuelos será el gran pino decorado con guirnaldas y esferas de colores, como lo ha sido los últimos 80 años a través de las distintas generaciones.

Canciones como “Noche de paz, noche de amor” y “Feliz Navidad” se entonarán para recordar el nacimiento de Jesús y el símbolo de la Sagrada Familia será un reflejo de la unión con los seres queridos. Aunque el verdadero sentido de la Navidad no siempre esté presente, la tradición –no sólo religiosa sino como fenómeno social- continúa transmitiéndose en Alemania de generación en generación.
 

Algunos prefieren una verdadera “noche de paz”

Mientras que, en algunas familias, los niños alegran la fiesta navideña con su

Muchos alemanes van a la iglesia en Nochebuena.

Muchos alemanes van a la iglesia en Nochebuena.

presencia, en otras constelaciones familiares la Navidad se transforma en una época que propicia el silencio y la reflexión. O simplemente es una oportunidad que hay que aprovechar para recuperar energías. Como en el caso de matrimonios mayores sin hijos, que pasan las fiestas junto a sus mascotas y disfrutan del simple hecho de estar juntos dando extendidos paseos, cocinando una nueva receta y disfrutando de la tranquilidad del hogar. Nada de estrés: ese es el lema.

Por el otro lado, las familias más jóvenes prefieren darle la espalda a las formas tradicionales de celebración y se hacen una escapada hacia países limítrofes, como por ejemplo Suiza, para practicar esquí en unas cortas vacaciones. Pero la Navidad no está del todo ausente, como relata un inmigrante polaco que hace muchos años vive en Alemania: “Ir a la iglesia es para nosotros una tradición. Mi familia proviene de Polonia, y allí es tradicional ir a la iglesia en Nochebuena”. La cena navideña, en este caso, también es típica del Este europeo: una sopa de remolacha y empanadillas.

Tradición: el pesebre recuerda el Nacimiento de Jesucristo.

Tradición: el pesebre recuerda el Nacimiento de Jesucristo.

La Navidad y el Nuevo Testamento

El origen de la Navidad se puede leer en la Biblia. En el Evangelio de San Lucas, traducido por Martín Lutero, por ejemplo. “Sucedió que, por aquellos días, se publicó un edicto de César Augusto ordenando que todo el mundo debía empadronarse. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre.”

Con esas palabras describe San Lucas el nacimiento de Jesucristo. Y eso es, de hecho, lo que celebran los cristianos en todo el mundo: el nacimiento del Redentor, la llegada al mundo de Dios hecho hombre. El relato bíblico de la Navidad o Natividad de Nuestro Señor Jesucristo es leído por lo general durante la misa, en especial, en la Misa de Gallo. También se representa el Nacimiento con actores no profesionales en misas dedicadas a los más pequeños.


Algunos musulmanes celebran junto al árbol de Navidad

En Alemania –como en otras partes del mundo- no todos son cristianos. De hecho, en este país hay un gran porcentaje de inmigrantes -e hijos y nietos de inmigrantes- turcos cuya religión es la musulmana. Las generaciones más jóvenes de musulmanes, sin embargo, disfrutan de la diversidad que ofrece la sociedad multicultural alemana y tienen la posibilidad de celebrar sus propios ritos, además de compartir con sus amigos no musulmanes el encanto de la Navidad.

Una joven turca que 20 años que vive en Alemania dice que para ella y para sus amigas es normal celebrar la Navidad. Incluso con arbolito y pesebre. “Es que no conozco demasiado Turquía. Llegué a los tres años a Alemania con mis padres”, explica. Y agrega sonriente que, si bien ya oyó hablar de Papá Noel, no sabe exactamente qué es lo que se celebra en Navidad. Sin embargo, dice, la fiesta es importante para ella. Lo que más le gusta es que se les hagan regalos a los niños, pero no considera necesario que los adultos reciban obsequios en Navidad.
 

Compras y estrés navideño: los regalos no remplazan el espíritu de amor de la Navidad.

Compras y estrés navideño: los regalos no remplazan el espíritu de amor de la Navidad.

Compras, más compras, y mucho estrés

De acuerdo con la edad, los gustos en cuanto a la celebración de la mayor fiesta cristiana varían mucho. Mientras los jóvenes marchan con el pulso de los tiempos en lo que a consumo se refiere, la gente mayor busca otras alternativas. Y encuentra, sin duda, soluciones satisfactorias: “En Navidad uno se siente obligado a obsequiar a los demás. Y a mí me gusta obsequiar cuando yo lo considero apropiado, y no cuando me lo dictan desde afuera”, explica un hombre de unos 50 años. Y cuenta que acordó con su esposa que este año no habrá regalos para ninguno de los dos.

A otros simplemente les molesta el estrés que se origina como consecuencia del consumismo que caracteriza a la Navidad, una época en la que se espera que la gente gaste más dinero, favoreciendo de ese modo a la economía. Sin duda, un aspecto inseparable de la celebración cristiana –que, en realidad, en su origen privilegia a los niños, ya que ellos personifican al Niño Jesús.

Sin embargo, desde comienzos de la era industrial, la costumbre de adquirir bienes para regalarlos a los demás derivó en esta especie de fanatismo consumista que caracteriza a nuestros días. Los tiempos en que los niños recibían una manzana o un dulce de regalo en Navidad están muy lejos y ocultos en algún rincón de la memoria de los más ancianos. Hoy en día, muchos esperan que llegue diciembre para ir –con la lista de regalos en mano- a vaciar los centros de compra.

“Visito el mercadillo porque me gusta disfrutar de las luces y la atmósfera navideña”, dice un visitante del mercado de Navidad en Bonn. “Pero evito tener que pasar por los centros comerciales. Para mí, la Navidad es puro negocio.” Y no le falta razón, teniendo en cuenta que el comercio minorista alemán factura casi un quinto de sus ganancias anuales en los meses de noviembre y diciembre. Este año, la tendencia parece indicar que los ‘ganadores' en la lista para Santa Claus son los iPhone, los televisores planos, las joyas y los juguetes. Sea como fuere y por la razón que fuere que se celebra la Navidad, no está demás recordar que se trata de una fiesta para pasar con los seres queridos, y que el iPhone no representa precisamente el espíritu de amor que debería caracterizar a esta fiesta cristiana.

Autor: Petra Nicklis/ Cristina Papaleo
Editor: Pablo Kummetz

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