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Europa

Minsk II deja muchas preguntas sin respuesta

En la cumbre de Ucrania, en Minsk, se acordó un cese del fuego. Pero aún hay muchas preguntas sin respuesta y dudas sobre si se pondrá verdaderamente fin a la violencia en el este de Ucrania, opina Ingo Mannteufel.

Fue seguramente culpa de una larga maratón nocturna de negociaciones y de la cumbre de Unión Europea en Bruselas, directamente después, que los resultados de la cumbre de Ucrania en Minsk, de la que participaron Poroshenko, Putin, Merkel y Hollande, solo se dieran a conocer de a poco a la opinión pública. El primero en manifestarse fue Putin, en una breve conferencia de prensa en la que anunció que las partes en conflicto se habían puesto de acuerdo sobre un alto el fuego en el este de Ucrania a partir del 15 de febrero. Eso fue confirmado más tarde por Merkel y por el presidente francés François Hollande, quienes hablaban, con medido optimismo, de una luz de esperanza. Pero cabe preguntarse en qué se basa esa esperanza.

Minsk II: ¿no más que Minsk I?

Ingo Mannteufel, editor jefe de la Redacción Europa de Deutsche Welle.

Ingo Mannteufel, editor jefe de la Redacción Europa de Deutsche Welle.

El final de los combates y las muertes en el este de Ucrania sería, sin duda, un suceso del que alegrarse. Sin embargo, en vista de los entretanto conocidos detalles del actual acuerdo, es recomendable el escepticismo, ya que, si se analiza el nuevo paquete de medidas, este nuevo acuerdo –Minsk II- no va mucho más allá que el primer acuerdo de Minsk, cerrado en septiembre de 2014. También entonces se ordenó un alto el fuego y la retirada de armamento pesado, pero ese alto el fuego nunca se respetó verdaderamente.

Mientras tanto, los combatientes que apoya Rusia han ganado terreno en algunos frentes gracias a su ofensiva militar. En el centro de las luchas se halla actualmente el importante punto de conexión ferroviaria de Debáltsevo, que ha sido supuestamente rodeado por los separatistas, pero que las tropas del gobierno ucraniano no quieren, comprensiblemente, entregar sin pelear. Dado que el cese del fuego debe comenzar dentro de dos días ni siquiera es posible descartar que los combates en torno a Debáltsevo se intensifiquen en las próximas horas para sentar precedentes de éxito militar antes de la pausa.

Pero también por otros motivos reina el escepticismo acerca de si el alto el fuego planeado para el 15 de febrero entrará realmente en vigor según lo planeado, ya que, en definitiva, cualquier acuerdo sobre un cese del fuego solo será exitoso si la zona desmilitarizada entre ambos bandos es respetada y vigilada en medida suficiente por fuerzas independientes. Sin embargo, está por verse si la OSCE puede cumplir con esos requisitos, ya que en el nuevo tratado se habla muy escuetamente y con palabras muy poco claras sobre la tarea de monitoreo encargada a esa organización. Por eso, es muy probable que los combates continúen.

Más allá de eso, los otros puntos del acuerdo exigen del gobierno ucraniano no solo que tolere un régimen enemigo de Kiev en el este de Ucrania, sino que, además, le brinde apoyo financiero. Al mismo tiempo, se prevé vagamente que a fines de 2015 se devuelva al Estado ucraniano el control sobre la frontera ruso-ucraniana. El acuerdo no es, por tanto, una verdadera ganancia en cuanto a seguridad para Ucrania.

¿Luz de esperanza de dos días?

Hasta el 15 de febrero, Europa puede entregarse a la esperanza de que el cese del fuego en el este de Ucrania se hará realidad. Pero no es en absoluto seguro que Minsk II tenga como consecuencia que se ponga fin al reguero de sangre. La semana próxima habrá que plantearse cuáles serán las nuevas sanciones a Rusia, y también habrá que discutir sobre el envío de armas a Ucrania.

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