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América Latina

Maduro y sus presos políticos

DW habló con dos analistas sobre la reciente excarcelación de dos presos políticos en Venezuela. A sus ojos, esa medida no evidencia la robustez del Estado de derecho en ese país, sino el autoritarismo de su Gobierno.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Los últimos han sido días movidos en Venezuela. Las agencias de noticias han reportado sucesivamente sobre saqueos en el sur de ese país caribeño, sobre la creciente inflación y los esfuerzos del Estado por ocultarla, sobre una nueva caída de los precios del petróleo, sobre la violencia criminal y las estrategias gubernamentales para ponerle coto. Lo que todos esos cables parecen confirmar es que los problemas de esa nación trascienden lo político, lo económico y lo social.

La crisis local presenta también aristas institucionales alarmantes. Conocedores del acontecer venezolano aseguran, por ejemplo, que las órdenes de excarcelación con que se vieron favorecidos recientemente el político opositor Daniel Ceballos y el exministro de Defensa Raúl Baduel –considerados presos políticos por la comunidad internacional– no evidencian la robustez del Estado de derecho en el país, sino lo contrario: el talante autoritario del establishment chavista.

Raúl Baduel, exministro de Defensa de Venezuela, cayó en desgracia tras exigir la renuncia de Hugo Chávez.

Raúl Baduel, exministro de Defensa de Venezuela, cayó en desgracia tras exigir la renuncia de Hugo Chávez.

“Válvula de escape”

“Esas medidas buscan reducir la presión que se ejerce dentro y fuera de Venezuela sobre el presidente Nicolás Maduro, y crear la impresión de que él es un mandatario que dialoga y cede. Aunque ni Ceballos ni Baduel gozan de libertad plena, el hecho de permitirles cumplir sus ‘penas’ en sus respectivos hogares le sirve al Gobierno como válvula de escape”, sostiene Víctor Mijares, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA).

“Pero darles el beneficio de casa por cárcel a estos dos disidentes no resuelve las cuestiones de fondo: la existencia de los presos políticos y la restricción de las libertades de conciencia y de expresión en el país. Además, esas medidas son la prueba de que la Justicia local responde a los lineamientos políticos del grupo gobernante, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Los poderes públicos no están actuando independientemente en Venezuela”, agrega Mijares.

El valor de Baduel

“En las dictaduras y semi-dictaduras, los presos políticos son como fichas canjeables en una u otra negociación. En ese sentido, Maduro imita el modus operandi del estamento castrista en Cuba”, dice por su parte Fernando Mires, profesor emérito de la Universidad de Oldenburg. A su juicio, mediante el arresto domiciliario de Baduel, Maduro busca hacer una concesión de cara a los militares y a los chavistas que nunca vieron con buenos ojos la detención de ‘el general que salvó a Chávez’.

Baduel lideró la operación para restituir en el poder a Hugo Chávez tras el golpe del 11 de abril de 2002, años más tarde alzó la voz para pedir la renuncia de “el Comandante” y cayó en desgracia: terminó siendo acusado de corrupción administrativa en “circunstancias muy opacas”, recuerda Mijares. Mires retoma su planteamiento: “para evitar que su negociación con los generales fuera tan evidente, Maduro no sólo benefició a Baduel con un régimen de casa por cárcel, sino también a Ceballos”.

Pero, si Maduro busca reforzar ante el mundo su imagen de líder democrático, ¿por qué no excarceló también al dirigente opositor Lepoldo López, detenido –al igual que Ceballos– al calor de las manifestaciones antigubernamentales de 2014? Mijares y Mires coinciden en que López sigue siendo el preso político más importante para el estamento chavista. “López es el más conocido internacionalmente y el Gobierno de Maduro puede atribuirle un valor más alto en futuras negociaciones”, alega Mires.