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América Latina

“Maduro y Cabello necesitan mostrarse unidos”

En ese juego de ajedrez que es la política venezolana, no hay movimiento que no de pie a reflexiones sobre el balance de poder vigente entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello en el seno del partido de Gobierno, el PSUV.

El mandatario venezolano, Nicolás Maduro (izq.), y el expresidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

El mandatario venezolano, Nicolás Maduro (izq.), y el expresidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

En Venezuela se especula desde hace mucho sobre la relación entre los dos “hombres fuertes” del chavismo: el jefe de Gobierno, Nicolás Maduro, y el presidente saliente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. Tras la muerte del mandatario Hugo Chávez (1954-2013), líder indisputable la Revolución Bolivariana, a la dupla se le atribuye una encarnizada rivalidad: Maduro ha sido descrito como el dirigente del ala civil del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y Cabello, como cabecilla del ala militarista.

Ambos han negado reiteradamente la existencia de una competitividad malsana entre ellos, alegando que la oposición ha atizado ese rumor para sembrar discordia y propiciar la desunión en las filas del chavismo. Sin embargo, las alusiones a un presunto antagonismo entre Maduro y Cabello no amainan. De hecho, en ese juego de ajedrez que es la política venezolana, son pocos los movimientos de piezas que no dan pie a reflexiones sobre cómo se ve fortalecida o debilitada la posición del uno o el otro en la jerarquía del PSUV.

Cuando el general en jefe del Ejército, Vladimir Padrino López, dijo que la institución castrense no sería el árbitro de las disputas entre el Gobierno y la oposición, el antichavismo celebró ese gesto de imparcialidad y concluyó que la autoridad de Cabello estaba menguando. Pero, poco después, cuando Padrino López le juró “lealtad e irrestricto apoyo” al Ejecutivo de Maduro, fue inevitable interpretar sus palabras como un indicio de que el brazo civil y el militar del PSUV –es decir, Maduro y Cabello– estaban más unidos que nunca.

Maduro, bajo presión

“En el chavismo no hay dos grandes bloques monolíticos, sino muchos y muy diferentes. Hay civiles y militares más o menos radicales políticamente, con mayores o menores intereses económicos y empresariales en juego, con mayor o menor actividad e influencia fuera del país. Y esa heterogeneidad se hace palpable en el hecho de que en el PSUV no se ha podido llegar a un consenso para definir una estrategia económica coherente”, comenta Daniel León, investigador de la Universidad de Leipzig.

“Es por eso que yo no percibo a Maduro y a Cabello como mandamases de dos alas enfrentadas”, dice León, agregando, eso sí, que “las Fuerzas Armadas venezolanas son una caja negra”. A juicio de este politólogo, si la enemistad entre ambos existe, “ellos seguirán disimulándola. Aunque sólo sea públicamente, ambos necesitan mostrarse unidos”. Günther Maihold, de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín, confirma la pugna entre estos chavistas, pero coincide con León en que hacerla evidente no le conviene a ninguno de ellos.

Cabello, a la espera

En su alocución del 8 de diciembre de 2012, Chávez anunció el empeoramiento de su enfermedad y pidió que se aceptara a Maduro como su sucesor.

En su alocución del 8 de diciembre de 2012, Chávez anunció el empeoramiento de su enfermedad y pidió que se aceptara a Maduro como su sucesor.

“Los dos compiten por la gerencia del chavismo. Tengo la impresión de que Cabello recibió un duro golpe en las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre y terminó más debilitado que Maduro. Sin embargo, Cabello no está para nada liquidado; él sigue teniendo un peso político importante y raíces profundas en el estamento chavista. Cabello tiene aspiraciones muy altas y está a la espera de que el aparato estatal reaccione de alguna manera contra Maduro para poder presentarse como su sucesor automático”, explica Maihold.

Según el experto del SWP, lo que juega a favor de Cabello es, por un lado, la presión ejercida sobre Maduro para que tome decisiones tan imprescindibles como impopulares con miras a solucionar la grave crisis económica nacional y, por otro lado, el debilitamiento del influjo cubano sobre el Estado venezolano. “El nombramiento de Maduro como sucesor de Hugo Chávez se debió a la influencia que La Habana tuvo sobre las últimas decisiones de ‘el Comandante’; ese factor no debe ser subestimado”, enfatiza Maihold.

“No obstante, si a Maduro y a Cabello les interesa realmente la sobrevivencia del proyecto chavista, ellos no van a permitir que sus desencuentros abran fisuras en el PSUV. Esa es la táctica que han aplicado hasta la fecha porque saben que el chavismo está amenazado por fuerzas externas y, ahora, por las viejas guardias que retornan al Parlamento venezolano”, señala el especialista de Berlín.