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Alemania

Loveparade 2010, una tragedia sin responsables

A un lustro de los sucesos que empañaron la última edición del Loveparade y terminaron de sellar el ataúd del legendario festival de música electrónica, la Justicia alemana se muestra incapaz de dar con los responsables.

El Loveparade se celebró por primera vez en Berlín Occidental en 1989 y adquirió renombre internacional por su talante pacífico varios años depués. A partir de la segunda mitad de la década de los noventa, ese evento de carácter masivo fue percibido como uno de los festivales de música electrónica más importantes del mundo.

Y así lo recuerdan quienes tuvieron la suerte de no asistir a su última edición: el 24 de julio de 2010, en Duisburgo, la fiesta terminó antes de haber comenzado. 21 personas murieron asfixiadas y más de 500 resultaron heridas cuando el pánico se apoderó de la masa en un túnel que conducía al lugar del evento.

Aunque las investigaciones pertinentes comenzaron de inmediato, hasta hoy no ha podido determinarse quién es responsable de lo ocurrido. Temiendo consecuencias penales de peso, todas las instancias relacionadas con la organización del Loveparade se atribuyen mutuamente la culpa.

“La esperanza de que se haga justicia en este caso va a morir en los tribunales”, lamenta el jurista Julius Reiter.

“La esperanza de que se haga justicia en este caso va a morir en los tribunales”, lamenta el jurista Julius Reiter.

Abundan las evidencias

A un lustro de los sucesos que sellaron el ataúd del legendario festival, los sobrevivientes, sus seres queridos y los de las víctimas mortales siguen pensando que en Duisburgo reinan la impunidad y la injusticia. Según el jurista Julius Reiter, el proceso se ha eternizado debido a la abundancia de evidencias por analizar.

Casi cuatro mil testigos presenciales han sido interrogados y unos mil videos grabados en el lugar de la tragedia han sido estudiados; pero, hasta ahora, ninguna de las pruebas esgrimidas ha inclinado la balanza a favor de los acusados o de los abogados de las víctimas, entre los cuales se encuentra Reiter.

“Nuestros clientes no piden mucho. Ellos sólo quieren entender cómo pasó lo que pasó para poder cerrar ese capítulo de sus vidas”, comenta Reiter. A sus ojos, la explicación ofrecida por el Fiscal General en 2011 sigue teniendo vigencia: al autorizar la realización del Loveparade en Duisburgo se cometieron graves errores.

Perspectivas desesperanzadoras

Reiter dice comprender a sus representados cuando éstos afirman que en el banquillo de los acusados no están sentados los que deberían. Ni Rainer Schaller, organizador del Loveparade, ni Adolf Sauerland, entonces alcalde de la ciudad, figuraron entre los acusados por homicidio imprudente y lesiones corporales imprudentes.

“La esperanza de que se haga justicia en este caso va a morir en los tribunales”, lamenta Reiter, anticipando lo que él describe como “nuevas escaramuzas” de los abogados defensores. A ese panorama desolador se suma el hecho de que muchas de las víctimas no han recibido las indemnizaciones prometidas en 2011.

“Yo no creo en este proceso. Allí se está haciendo más para encubrir a los responsables que para aclarar lo sucedido. Para mí, este es el punto en el que el Estado de derecho ha dejado de existir en Alemania”, comenta Jörn Teich, una entre decenas de personas que casi perdieron la vida cuando iban camino al Loveparade.