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El Mundo

Los republicanos juegan con fuego

Invitando a un primer ministro al Congreso y escribiendo una carta a Teherán sin la venia de la Casa Blanca, los republicanos no solo están saboteando el peligro el proceso político estadounidense, dice Michael Knigge.

Si aún creía que el obstruccionismo de la bancada republicana en el Congreso de Estados Unidos ya ha llegado a su máximo apogeo, el llamado Gran Viejo Partido le demuestra que usted está equivocado, de nuevo.

Desde que Barack Obama asumió la presidencia en 2009 lo han hecho una y otra vez. Desde el primer momento, los republicanos no sólo han estado en contra, sino que han buscado socavar el éxito de - prácticamente - cada una de las iniciativas presentadas por el gobierno de Obama: impidieron el cierre de la prisión de Guantánamo, sabotearon la reforma de salud, impidieron las leyes sobre el cambio climático, obstruyeron la reforma migratoria, bloquean la restauración de las relaciones con Cuba e impiden la negociación de un acuerdo nuclear con Irán.

Para que quede claro. No es sólo perfectamente legítimo, sino indispensable para la oposición política en una democracia desafiar; e incluso tratar de frustrar las iniciativas del partido gobernante, si es necesario y posible (a pesar de que el avance de sus propias ideas tampoco esté prohibido). No se puede esperar que la lucha política interna sea, a veces, desagradable y que nunca sea apreciada por el partido gobernante.

Cierre del gobierno

Desafortunadamente, las maquinaciones del Partido Republicano van mucho más allá de lo que puede considerarse aceptable en una oposición. Bloquear al gobierno federal de Estados Unidos, como lo hicieron en 2013, para buscar dejar sin recursos financieros la reforma de salud de Obama, es un buen ejemplo de este tipo de comportamiento.

En su defensa se podría argumentar que el Partido Republicano, en ese entonces, sólo tenía la mayoría en una cámara, no en todo el Congreso. Ellos no podían hacer mucho para impulsar su propia agenda política. Es por eso que lo único que podían hacer era obstruir a la administración de Obama, por cualquier medio posible, para supuestamente, evitar lo peor.

Pero desde el 6 de enero de 2015 este argumento no vale. Ese día, los republicanos asumieron el control total del Senado y la Cámara. Los líderes del partido se comprometieron a utilizar su nuevo poder de manera constructiva. Pero lo que han hecho es redoblar el obstruccionismo. Con Mitch McConnell a la cabeza del Senado no se podía esperar otra cosa. En 2010, fue McConnell el que reveló el verdadero objetivo del partido republicano en el Congreso: “La cosa más importante que queremos lograr es que el presidente Obama sea un presidente de un solo período”.

Deslegitimar a Obama

Michael Knigge

Michael Knigge



Como los congresistas republicanos no lograron sacar a Obama de la Casa Blanca después de cuatro años, el objetivo ahora es, aparentemente, deslegitimar y humillar al presidente a toda costa. Ese es el mensaje enviado por la doble afrenta de dejar que el primer ministro israelí torpedee las negociaciones de Obama con Irán en un discurso ante el Congreso. Un hecho seguido por el envío de una carta enviada por los republicanos a Teherán. Algo sin precedentes, toda vez que el Gobierno de Estados Unidos está negociando con Teherán.

Esto no es sólo un despropósito sino una conducta peligrosa. Con el objetivo explícito de sabotear la política de Irán del presidente Obama los republicanos están jugando con fuego. Así digan que lo que buscan es evitar un mal compromiso nuclear, lo que realmente buscan es humillar al presidente. Algo que puede ser entendido por la extrema derecha como una confirmación implícita de que Barack Obama es, según su opinión, un presidente ilegítimo. Esa conducta irresponsable no solo puede dañar al mismo Partido Republicano sino al sistema político estadounidense.

Mucho hay que temer que vendrá más de lo mismo. La campaña presidencial de 2016 ni siquiera ha empezado oficialmente.