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Las rebosantes arcas de Al-Qaeda

13 de septiembre de 2002

La organización de Osama Bin Laden no tiene problemas de dinero. Los esfuerzos internacionales por sellar sus fuentes de financiamiento no han resultado muy efectivos, según un informe elaborado a pedido de la ONU.

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Las redes financieras de Bin Laden no han sido destruidas.

La noticia no podía resultar más inquietante: tras casi un año de asedio mundial en todos los frentes (militar, policial, político y financiero) la organización terrorista Al-Qaeda sigue gozando de buena salud. Y estaría en condiciones de asestar un nuevo golpe cuando le parezca. A esas conclusiones llega un estudio que elaboraron expertos independientes, por encargo de las Naciones Unidas.

Sabido es que las operaciones castrenses no han conseguido, ni podrán conseguir, erradicar el terrorismo. También se da por hecho que Osama Bin Laden ha logrado esquivar el cerco y sigue manejando los hilos de su organización desde algún escondite seguro. De lo que no se tenía clara conciencia hasta ahora es de que ni siquiera se ha logrado desarticular su red financiera.

Recursos millonarios

Los expertos no están en condiciones de cifrar con precisión el monto de sus recursos económicos. Sin embargo, estiman que ascienden a sumas de entre 30 y 300 millones de dólares. Peor aún: Al-Qaeda seguiría recibiendo donativos del orden de los 16 millones de dólares anuales, de acuerdo con el informe de 43 páginas, que se filtró parcialmente a la prensa antes de darse a conocer en forma oficial.

De acuerdo con el estudio, la organización dirigida por Bin Laden cuenta con células en por lo menos 40 países, en su mayoría de Europa, el Medio Oriente, Asia y el norte de África. Además dispone de inversiones en lugares como las islas Mauricio, Singapur, Malasia, las Filipinas y Panamá. El dinero es administrado por simpatizantes y resulta en extremo difícil seguir la pista de los fondos, en parte debido a que recurre al antiguo sistema financiero árabe en que las transferencias se hacen de palabra, sin que quede constancia en documentos formales. Por lo demás, Al-Qaeda recurría ya antes del 11 de septiembre al negocio de la compraventa de oro y piedras preciosas para obtener capital.

Pérdida de eficacia

A juicio de los expertos, las medidas adoptadas por las autoridades para cortar el flujo financiero sólo resultaron eficaces en los meses que siguieron a los atentados de Nueva York y Washington, en los que se logró confiscar o congelar aproximadamente 112 millones de dólares de la organización. En el año 2002, en cambio, sólo se han detectado otros 10 millones. Y aunque se acaba de informar que en Italia fueron congeladas las cuentas de 25 personas o grupos vinculados a Al-Qaeda, ello no basta para disipar la impresión de que no se avanza demasiado en la desarticulación de la red.

Faltando pocos días para que se cumpla el primer aniversario del 11 de septiembre, el informe no cayó muy bien en un Washington bastante necesitado de logros que exhibir ante la población. No sorprende, en consecuencia, que una fuente del Departamento de Finanzas estadounidense lo haya calificado de exagerado, subrayando que las operaciones emprendidas están surtiendo efecto. Pero tal efecto no es a todas luces suficiente para neutralizar al enemigo público número uno de Estados Unidos.