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Alemania

Las manchas neonazis de Alemania

Un año tras la aparición de Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) la crisis de los refugiados ha cambiado a Alemania y los ultraderechistas utilizan cada vez más la violencia como estrategia.

Karen Larisch (der.), activista social en Güstrow, protesta públicamente contra las actividades de ultraderechistas.

Karen Larisch (der.), activista social en Güstrow, protesta públicamente contra las actividades de ultraderechistas.

Karen Larisch dirige la “Villa Kunterbündnis”, una iniciativa comunitaria de encuentro intercultural. Un trabajo social con personas de las más diversas naciones que los ultraderechistas rechazan. Karen es amenazada regularmente por ejercer su trabajo. Las instalaciones de su iniciativa social han sido demolidas varias veces y hasta le han puesto precio a su cabeza. Karen Larisch, de 40 años, ha tenido que presentar ya más de 120 demandas ante la policía.

Larisch es una activista contra el extremismo de derecha en Güstrow, estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en el noreste de Alemania."Los ultraderechistas escogen estratégicamente a una persona políticamente activa, para luego acosarla y amenazarla como advertencia para que a otros no se les ocurra seguir su ejemplo de trabajo por la comunidad", explica Karen Larisch.

La violencia en Güstrow es cada vez más cruda: "Bandas de radicales de derecha atacan, por ejemplo, a discapacitados y clubes juveniles, donde jóvenes son rociados con alquitrán caliente", narra Larisch. Ahora, aprovechan los miedos generados por la crisis de los refugiados para intimidar aún más a la población.

“Los neonazis se han pasado de la raya”

Los delitos y agresiones motivados por la xenofobia y el racismo han aumentado en Alemania, especialmente en el Este. El número de delitos cometidos por la ultraderecha alcanzó un nuevo récord en agosto pasado cuando fueron registrados 1.450 casos. En lo que va de este año han sido atacados 490 albergues de refugiados, según el ministro del Interior, Thomas de Maizière. Una cifra de comparación muestra las dimensiones que está tomando el problema de la violencia de ultraderecha en Alemania: en 2014 los ataques xenófobos sumaron “solo” 200. El ministro del Interior lo confirmó recientemente: “Se han sobrepasado las barreras de la civilización”.

La Agencia Federal para la Protección de la Constitución no descarta que “algunos extremistas de derecha estén dispuestos a perpetrar ataques", incitados por la propaganda de partidos de ultraderecha como NPD, Los Derechos, el Nuevo Camino y otros. De hecho, el debate sobre la crisis de refugiados ha revitalizado a Pegida y el partido AfD (Alternativa para Alemania).

Ninguna persona es ilegal, reza en una manifestación contra Pegida en Dresde.

"Ninguna persona es ilegal", reza en una manifestación contra Pegida en Dresde.

Después de un año de la aparición de Pegida los refugiados son llamados “bestias” y la canciller y el vicecanciller alemanes son amenazados con la horca. “Pegida es un movimiento racista y antidemocrático", dice Martina Renner, del partido La Izquierda. "Algunos extremistas se sienten así llamados a ejecutar la supuesta voluntad popular", concluye Renner, experta en radicalismo.

El extremismo de centro

El documental de la cadena pública ARD "La Alemania oscura” muestra cómo no solo los ciudadanos comunes que trabajan por la integración de los refugiados e inmigrantes son perseguidos por ultraderechistas sino también los políticos comunales que, al final, tienen que abandonar sus iniciativas porque no reciben el respaldo ni de la población ni de las autoridades.

El politólogo Hajo Funke, profesor emérito de la Universidad Libre de Berlín, concluye que, entretanto, en varias partes de Alemania “los ultraderechistas dominan la vida diaria de los ciudadanos”. Mientras se echa de menos el multitudinario apoyo a quienes defienden los verdaderos valores de Alemania.