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América Latina

Las malas notas de Bachelet

De un nivel mínimo a otro va cayendo la popularidad de la presidenta chilena, Michelle Bachelet. Solo un 24% de aprobación a su gestión revela la última encuesta, realizada por la consultora Cadem.

El desastre de imagen que sufre la mandataria chilena tiene precedentes. En 2011, el entonces presidente Sebastián Piñera obtuvo un magro 22% de respaldo en un sondeo del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (CERC). No obstante, la situación es muy “preocupante” para Bachelet, según hace notar Michael Álvarez, portavoz de la fundación alemana Heirich Böll, cercana a Los Verdes. “Si tenemos en cuenta que ella volvió a la presidencia como portadora de las esperanzas y las aspiraciones de cambio y de reforma hacia un Chile más equilibrado, más justo, más democrático, más transparente, entonces esta caída al 24 por ciento es dramática”, indica el politólogo.

La gota que colmó el vaso

“Hay una decepción ciudadana por el no cumplimiento de expectativas, y hay una sensación de que se sigue manteniendo el statu quo”, apunta por su parte Andrea Silva, de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Humboldt, de Berlín. La académica considera que la renuncia del secretario general de la presidencia, Jorge Insunza, salpicado por acusaciones de corrupción, fue “la gota que colmó el vaso”.

Máxime porque se trata de una figura que había entrado al gabinete hacía apenas un mes, en el marco de la reestructuración con que la presidenta intentó demostrar que tenía el control de la situación. “Estas cosas hacen que el ciudadano se indigne”, dice Andrea Silva, precisando que “una cosa es estar en cierta medida en desacuerdo con algunas reformas, y otra son estos temas de corrupción, que causan mucho enojo y hacen bajar la aprobación”.

En la lucha a favor de la probidad y la transparencia ya se están moviendo varias cosas. Por ejemplo, se creó recientemente una Dirección General de Concesiones de Obras Públicas, con el fin de aumentar la fiscalización. Y en el Congreso se preparan “cambios que van a doler, para efectivamente tener estándares en materia de ética y transparencia muy altos”, según anunció el presidente del Senado, el demócrata cristiano Patricio Walker.

Reforma insuficiente

Pero la corrupción es solo un aspecto del problema y afecta a toda la clase política chilena. El desencanto con la agenda de reformas, en cambio, apunta directamente a la médula del gobierno de Bachelet. De hecho, según la encuesta de Cadem, solo el 22 por ciento apoya la más emblemática: la reforma educacional. Michael Álvarez atribuye esa mala nota a que “la propuesta que finalmente se planteó no ha ido suficientemente lejos”.

“Reconozco que hacer política en un contexto como el chileno es muy difícil, pero no estamos ya en los 90, las exigencias de la ciudadanía son mayores. Uno puede discutir si se debería apuntar a solucionar el gran problema del lucro en la educación; pero al menos se debe dar pasos más firmes hacia un sistema realmente inclusivo, que salga de la lógica del bono o la beca para solucionar el problema de una persona necesitada”, apunta el portavoz de la fundación Heinrich Böll.

A juicio del politólogo, Bachelet “debería tener en cuenta que le queda poco tiempo para emprender ese cambio del que se hizo vocera en la campaña electoral; y tendrá que tomar medidas bastante más convincentes, orientadas a obtener resultados no de aquí a 10 años, sino en los próximos 2 años”.