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El Mundo

Las huellas de la guerra de Gaza

Hace un año estalló una guerra entre Israel y Hamás. Ese conflicto ya no ocupa a la opinión pública israelí, lo cual inquieta en extremo a los habitantes de las zonas cercanas a la frontera.

A primera vista, en las inmediaciones de Sderot nada recuerda la guerra de hace un año. Pero la población afirma que ese conflicto de 2014 lo cambió todo. “El escudo protector que yo misma me había construido se desmoronó”, dice Yam Braude-Amidal, una mujer de 29 años que vive en el Kibutz de Erez, cerca del paso fronterizo del mismo nombre, al norte de Gaza. “Tengo miedo de las cosas más banales: de estar sola, de ir al baño, de sacar la basura. Ni siquiera me atrevo a ir a trotar”, relata.

Durante años, Yam Braude-Amidal viajó por Europa y Australia. También vivió un tiempo en Nueva York. Luego regresó a su terruño, en las cercanías de la Franja de Gaza, donde vive con su marido y su hija de cuatro meses.

Conflicto sangriento

Durante los 50 días de guerra, murieron 67 soldados y cinco civiles israelíes. Otros 1600 soldados y 837 civiles resultaron heridos. Para los palestinos, fue el enfrentamiento con mayor saldo de víctimas en la Franja de Gaza desde 1949: murieron 2.100 personas, en su mayoría civiles.

Yam Braude-Amidal espera un mejor futuro para su hija.

Yam Braude-Amidal espera un mejor futuro para su hija.

“Con el tiempo esperábamos que algo cambiara”, dice Yam Braude-Amidal. Está convencida de que la mayor parte de los israelíes y los palestinos creen en una convivencia pacífica. Más aún: “Precisamente los que viven aquí saben que la violencia no conduce a nada”, afirma.

En Israel, la mayoría de la gente tiene claro que algo debe cambiar a nivel político. Pero ni siquiera una solución temporal parece al alcance de la mano, sobre todo desde la reelección de primer ministro conservador Benjamín Netanyahu, señala Yam Braude-Amidal: “Actualmente nadie habla ya de paz. ¿Cómo pudo ocurrir esto, si todos la añoran?

“El frente te persigue”

Erez queda a solo una hora de Tel Aviv, pero parece estar a años luz de distancia. “Goteo” llaman los israelíes a los esporádicos pero continuos ataques con cohetes desde la Franja de Gaza. Muchos piensan que quienes se asientan en sus cercanías están a la búsqueda de problemas. Adi Batan.-Meiri, que vive con su hijo de dos años en Sderot, no lo ve así: “Es completamente igual dónde vivas”, dice, agregando: “No tiene sentido escapar del frente, porque el frente te persigue”. A su juicio, “para escapar realmente del fuego, hay que impedirlo; y eso exige una política valerosa”.

Durante la guerra ganaron adeptos las posturas extremas en ambos bandos. Eso desató una ola de violencia y racismo. En Facebook cundieron grupos que llamaban a luchar contra la izquierda política. Grupos de izquierda y de derecha salieron a las calles para manifestar su desacuerdo con la guerra. Y ninguno cedió un centímetro en su posición.

Estrés postraumático

La gente que vive en Erez y Sderot no lo hace por razones ideológicas, sino porque les gusta el lugar. “Los extranjeros no pueden entenderlo pero, en tiempos de paz, este es el paraíso terrenal”, dice Yam Braude-Amidal. Admite que “las fases agudas de peligro son el infierno”, pero apunta que “son muy breves”.

Sin embargo, son lo suficientemente largas como para dejar huella en la psique de la gente. Estudios indican que el 44 por ciento de los habitantes de Sderot sufren trastornos de estrés postraumático. Una cifra cinco veces mayor que la registrada en el total de la población.

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