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América Latina

Las FARC confirman la muerte de Manuel Marulanda

El ministro de RR.EE. francés calificó de “muy buena nueva” el anuncio del presidente colombiano de que algunos dirigentes de las FARC estarían dispuestos a liberar rehenes, pero previno de efectuar un ataque militar.

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Pedro Antonio Marín era el nombre real de Manuel Marulanda.

Muchas veces se lo había dado por muerto. Pero esta vez no cabe duda: tal como había anunciado el gobierno colombiano, el líder histórico de las FARC, conocido como Manuel Marulanda o simplemente “Tirofijo”, murió ya en el mes de marzo. La confirmación de parte de la propia guerrilla se produjo este domingo. El video entregado por las FARC atribuyó el deceso a un paro cardíaco y comunicó que le sucederá en la jefatura guerrillera Alfonso Cano, hasta ahora ideólogo del grupo.

Señales esperanzadoras

¿Qué repercusión tendrán estos hechos en el sangriento conflicto colombiano, que ya tiene rasgos de endémico? ¿Y cómo influirá lo ocurrido en el destino de los rehenes de las FARC, entre ellos la ex candidata presidencial ecologista Ingrid Betancourt, de origen colombo-francés? Las apreciaciones, de momento, difieren. Algunos hablan de crecientes esperanzas de liberación, que no se derivan directamente de la muerte de Marulanda, sino de las informaciones entregadas por el propio presidente colombiano, Álvaro Uribe: algunos dirigentes guerrilleros han tomado contacto con el gobierno, señalando que estarían dispuestos a deponer las armas y entregar a sus rehenes a cambio de que se les garantice la libertad.

Alentador resulta en este contexto que también el mandatario haya dado señas de disposición a allanar una salida de este tipo, mencionando incluso la posibilidad de que los guerrilleros desmovilizados pudieran salir de Colombia, por ejemplo, con destino a Francia, que ha adoptado un papel activo en los esfuerzos por obtener la libertad de los cautivos.

Peligro potencial

Kolumbien Frankreich Außenminister Bernard Kouchner in Bogota

Los ministros de RR.EE. de Colombia y Francia hablan en Bogotá, en abril.

El ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Bernard Kouchner, quien se encontraba este domingo en El Líbano, calificó las declaraciones de Uribe de “muy buena noticia”, sumándose a lo dicho previamente por la encargada de Derechos Humanos en París, Rama Yade. La secretaria de Estado había señalado, con extrema cautela, que ciertamente sería una alegría, porque representaría “el fin, o espero que sea el comienzo del fin, del calvario de Ingrid Betancourt”.

Kouchner afirmó que, si esa liberación se produce, “el mundo entero estará contento de que los rehenes hayan salido de ese infierno”. No obstante, puntualizó que “la mala nueva potencial, una dificultad muy grave, sería que se produjera un asalto (del ejército colombiano) al lugar en que se encuentran retenidos los rehenes porque, en ese caso, estarían en riesgos sus vidas”.

Debilitamiento de las FARC

Y existe, además, un peligro adicional en lo tocante a los rehenes: que las FARC, que han perdido con Marulanda y Raúl Reyes a dos figuras claves, se enfrasquen en luchas internas de poder que dilaten las decisiones con respecto a la liberación de los cautivos. Según dicen conocedores de la materia, Cano no es una figura unánimemente aceptada por las tropas guerrilleras, entre otras cosas porque no lo ven como un líder militar. Eso no quiere decir que este hombre, al que el presidente Uribe atribuyó aspecto de filósofo, vaya a ser un hueso menos duro de roer con miras a un acuerdo de paz.

Frankreich Kolumbien Demonstration für Ingrid Betancourt in Nizza

Ingrid Betancourt se ha coinvertido en un símbolo.

Muchas interrogantes se plantean ahora, pero una cosa parece clara: las FARC están debilitadas. Y ello no obedece sólo a la muerte de “Tirofijo” -de quien se dice que estaba enfermo desde hace tiempo y mantenía un poder más bien simbólico, debido a su avanzada edad-, y de Reyes. También se debe al desgaste de un conflicto que ya ha perdido la fuerza de su motivación social inicial, para derivar en una violencia sucia, tiznada por los roces con el narcotráfico, que tiene su expresión más repudiada en el secuestro. Y eso genera cada vez más rechazo en Colombia y el mundo.

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