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El Mundo

La tortura, otra incógnita en la administración de Donald Trump

Donald Trump ha amenazado con cumplir su promesa de campaña de aplicar métodos de tortura “mucho peores”. Esto violaría la ley internacional y estadounidense. ¿Podría hacerlo de todos modos?

Trump: Cuando ISIS está haciendo cosas de las que nadie ha oído hablar desde la época medieval, debería avergonzarme del waterboarding? (imago/Rüdiger Wölk)

Trump: "Cuando ISIS está haciendo cosas de las que nadie ha oído hablar desde la época medieval, debería avergonzarme del waterboarding?"

En diciembre de 2014, el Senado de EE.UU. completó su informe sobre la tortura aplicada por la CIA bajo la administración de George W. Bush durante los años posteriores al atentado del 11 de septiembre de 2001.

Meses después, el 16 de junio de 2015, cuando más de 20 senadores republicanos se unieron a sus colegas demócratas en una votación de 78 contra 21 para prohibir la tortura de una vez por todas, quedó una sensación de que el país estaba avanzando. No habría más prisioneros en centros secretos de la CIA, ni amenazas de muerte a los hijos y padres de los detenidos. Tampoco habría más personas muertas por hipotermia después de pasar horas tendidas en posición rígida sobre el concreto.

Pero, a 385 kilómetros del Capitolio, en la misma tarde de junio de 2015, el anfitrión de un reality de televisión estaba dando inicio a una campaña presidencial en la Torre de Nueva York. Y, en 2017, Estados Unidos se encuentra nuevamente discutiendo los límites de la crueldad, aunque no necesariamente su legalidad.

"Demasiado lejos"

"La tortura bajo el derecho internacional está categóricamente prohibida en toda circunstancia”, dice Alberto Mora, general de la Marina durante el gobierno de Bush y líder del Departamento de Defensa, opositor a las prácticas eufemísticamente llamadas de "interrogatorio mejorado": "Esto es lo que se denomina ley no derogable, lo que significa que no hay un conjunto de circunstancias atenuantes que justifiquen la aplicación de la tortura”.

Los estadounidenses tomaron conciencia de esas prácticas en 2004, cuando la revista The New Yorker publicó fotos de soldados sonrientes posando con prisioneros abusados, humillados y desnudos en el centro de detención de Abu Ghraib, en Irak. "Eso le dejó claro a la mayoría lo que estaba pasando”, dice a DW el historiador alemán Alexander Bahar. "Muchos de los que habían apoyado la guerra contra el terror se dieron cuenta de que eso iba demasiado lejos”.

Trump: En lo que a mí respecta tenemos que luchar fuego contra fuego.” (Reuters/J. Ernst)

Trump: "En lo que a mí respecta tenemos que luchar fuego contra fuego.”

En 2005, a los militares se les prohibió torturar a los prisioneros, y en 2009, una orden ejecutiva del presidente Barack Obama prohibió a las agencias de inteligencia ceder a tales prácticas. En cualquier caso, ya estaban prohibidas por los Convenios de Ginebra y la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes, ambos convenios ratificados por Estados Unidos hace mucho tiempo.

"Sin salir de los límites"

El pasado miércoles (25.01.2017), en una entrevista con ABC News en la Casa Blanca, el nuevo presidente, Donald Trump, intentó justificar el uso de la tortura, citando las atrocidades cometidas por grupos extremistas: "Cuando ISIS está haciendo cosas de las que nadie ha oído hablar desde la época medieval, debería avergonzarme del waterboarding?", dijo Trump, utilizando un acrónimo común para el grupo terrorista "Estado Islámico".

"En lo que a mí respecta tenemos que luchar fuego contra fuego”, agregó Trump, aunque aseguró que consultará con el jefe del Pentágono, James Mattis, y con el director de la CIA, Mike Pompeo. "Voy a hacer lo que digan", aseguró. "Y si no quieren hacerlo, está bien, pero si ellos quieren hacerlo, entonces trabajaré hacia ese fin. Quiero hacer todo sin salir de los límites de lo que permite la ley".

La experiencia de Estados Unidos bajo la administración Bush demuestra que los líderes tratarán de empujar los límites legales tanto como sea posible. Hay una doble razón para esto: manipular la ley redefine qué prácticas de tortura se permiten, y también proporciona una importante protección.

"En la administración Bush, la tortura también estaba prohibida, pero ignoraban ese hecho constantemente, o buscaban redefinir la ley para permitir el uso de lo prohibido", dice Mora, ahora miembro del Centro Carr de Harvard para los derechos humanos. "Intentaban crear un escudo contra la futura responsabilidad por crímenes de guerra. Lo que demuestra el registro legal de la administración Bush es que trataron de asegurar que los responsables de proponer, autorizar e implementar el programa nunca serían responsables de cometer tortura", agrega Mora. En ello, destaca: fueron "completamente exitosos".

Foto de prisionero abusado en el centro de detención de Abu Ghraib, en Irak. (picture-alliance/AP Photo)

Foto de prisionero abusado en el centro de detención de Abu Ghraib, en Irak.

 

 ¿Qué viene ahora?

Una amplia oposición ha surgido desde que el presidente Trump reiteró su deseo de expandir la tortura para incluir técnicas hacia un "infierno mucho peor" que el dado por el ahogamiento o el ahogamiento simulado. El New York Times obtuvo un proyecto de memorando en el que la administración actual afirma que "Estados Unidos se ha abstenido de ejercer ciertas acciones críticas para su defensa".

No obstante, el jueves, el presidente de la Cámara, Paul Ryan, dijo que Estados Unidos no participará en actos de tortura y el senador republicano John McCain, prisionero de guerra y torturado en Vietnam, se ha manifestado en contra de la tortura aún más fuerte en Twitter. Trump, sin embargo, ha demostrado ser un presidente con poco interés en el precedente. Y, aunque los funcionarios estadounidenses parecen dispuestos a disculparse por los abusos cometidos en el pasado, poco se ha hecho para responsabilizarlos, lo que podría allanar el camino para que una nueva administración opere en el supuesto de impunidad.

"En virtud de la ley, cualquier persona responsable de la autorización o ejecución, incluida la aplicación de tortura, debe tener responsabilidad penal", aclara Mora. Pero, "en Estados Unidos actualmente, es impensable que jurídicamente haya una rendición de cuentas sobre el tema, por lo que políticamente también es impensable que se asuma responsabilidad. La razón es que el pueblo estadounidense y el Congreso han demostrado durante una década cierta hostilidad a la rendición de cuentas", abunda el experto.

"Incluso el presidente Barack Obama, durante sus dos mandatos, indicó que no estaba preparado para mirar hacia atrás, hacia la rendición de cuentas, y que buscaba mirar hacia adelante, centrándose en la prohibición de futuros casos de tortura", indica Mora. Ahora, sin medidas de rendición de cuentas y con poca voluntad para hacerlo, el sucesor de Obama también parece estar mirando hacia adelante. 

Autor: Milan Gagnon

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