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El Mundo

La OTAN, Rusia y el olvidado arte de la diplomacia

Un exlíder de la OTAN dice que hay un riesgo concreto de guerra con Rusia el 2017. Levantar las manos o atenerse a las consecuencias es el consejo. ¿Qué ocurrió con la diplomacia?, se pregunta Fiona Clark.

Imagine lo siguiente: un grupo de británicos ansiosos por escapar de la Unión Europea y de la lluvia, empacan y se van a los bosques de Siberia a desafiar a los osos y a los 47 grados bajo cero en invierno para comenzar una nueva vida.

Según el diario británico Express , el 78 por ciento de los residentes en el Reino Unido consideraría la propuesta si el proyecto que acaba de pasar a la cámara baja del Parlamento ruso se convierte en ley. Esta estipula que 300 extranjeros recibirían de forma gratuita una hectárea de tierra en algún lugar en medio de la nada. Los afortunados no podrían ser propietarios a menos que se convirtieran en ciudadanos rusos, pero tendrían derecho al uso de la tierra y a desarrollar un negocio en agricultura o turismo al tiempo que el gigantesco país, que abarca nada menos que 11 husos horarios, intenta desarrollar regiones que alguna vez solamente sirvieron para erigir gulags. Se trata de un verdadero reality show.

Guerra nuclear “altamente probable”

Es verdad, la zona es impresionante, es el lugar donde los volcanes nevados se encuentran con el mar. Y si bien no tiene pubs, cervezas ni fish & chips, su lejanía podría ser su mayor ventaja si el general Richard Shirreff, excomandante adjunto de la OTAN y supremo aliado en Europa, tuviera razón. Él cree que Rusia y la OTAN están en camino hacia una guerra nuclear, a menos que la organización, y Gran Bretaña particularmente, se arme hasta los dientes en un intento por tutelar la expansión de Rusia.

Ambas partes se han cerrado a la retórica.

Ambas partes se han cerrado a la retórica.

Estas declaraciones fueron hechas mientras se promovía su libro de ficción “2017 guerra con Rusia”, pero Shirreff dice que los hechos descritos son altamente probables a menos que los miembros de la OTAN actúen ahora para evitar una posible catástrofe.

Tras afirmar que Rusia invadió Georgia el 2008, Crimea el 2014 y más tarde Ucrania, Shirreff añade que está fuera de discusión que Putin, quien ha dicho que defenderá a los rusos donde sea que se encuentren, pronto concentrará su atención en los países Bálticos, y que si eso llegara a suceder el país entraría en guerra con la OTAN.

La OTAN ha mejorado sus defensas en los Estados del Báltico, pero Shirreff asegura que se necesita “aumentar el límite de riesgo para que cualquier agresor diga que no vale la pena”. Por el momento, el riesgo no es suficientemente alto. En el prefacio de su libro apunta al Gobierno de Reino Unido, señalando que “un país famoso por alguna vez haber ‘caminado suavemente con un largo bastón en las manos'… ahora tiene líderes que gritan fuerte, pero, gracias a los recortes en defensa, portan un bastón cada vez más pequeño e impotente”.

Mi bastón es más grande

Sus palabras se producen cuando la OTAN se prepara para recibir en su seno a Montenegro como el país miembro número 29. Los países de la OTAN van ahora sobre la frontera rusa y la están abasteciendo de armas que, según dicen, no serán usadas contra Rusia, pero desde el punto de vista ruso podrían fácilmente dirigirse en su dirección.

Más diplomacia sería un buen truco.

Más diplomacia sería un buen truco.

En respuesta, Rusia ha dicho que incrementará sus defensas asimétricamente. Ha habido sobrevuelos sobre buques estadounidenses y otras demostraciones de fuerza para dejar en claro que Rusia también tiene un bastón que exhibir. Estamos siendo testigos de una carrera armamentista en Europa a sólo 71 años del final de la Segunda Guerra Mundial. ¿Dónde está la diplomacia? Si estamos realmente al borde de una guerra nuclear, sin duda todos los esfuerzos deberían estar puestos en que Rusia se repliegue también, después de todo no hace mucho se planteó la inclusión de Rusia a la OTAN.

Quizás a Occidente no le gusta Putin y esa sensación puede estar bien justificada, pero la política de aislar y humillar públicamente a un líder que es cada vez más popular en su tierra no es una táctica inteligente. Hasta ahora, las sanciones y las críticas contra Rusia se han utilizado para alimentar el sentimiento antioccidental y el crecimiento del nacionalismo. Los líderes occidentales tienen que entender que Rusia no es el apartheid de Sudáfrica, donde la gran mayoría era oprimida por la minoría. A los rusos les gusta su líder y creen en él y realmente se unirán para defenderlo si sienten que su patria está bajo amenaza.

Sin un cambio en la táctica, la predicción de Shirreff bien puede convertirse en una profecía autocumplida. Y si ese es el caso, Siberia puede no estar lo suficientemente lejos para los inmigrantes del Reino Unido. Nueva Zelanda puede ser una mejor opción.