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Análisis

La jugada de apertura de Trump en Asia

Donald Trump no quiere un Acuerdo Transpacífico. Y si Estados Unidos se retira, daría a China un mayor alcance en Asia, lo que, claramente, parece no interesarle a Trump, opina Frank Sieren.

Una copia de la revista local china “Global People” con una noticia de portada que traduce ¿Por qué triunfo Trump?, en un puesto de noticias en Shanghái.

Una copia de la revista local china “Global People” con una noticia de portada que traduce "¿Por qué triunfo Trump?", en un puesto de noticias en Shanghái.

No tuvieron que esperar mucho tiempo. Apenas dos semanas después de su elección, Donald Trump ha logrado confirmar las reservas que las naciones asiáticas del Pacífico tenían sobre él. Incluso antes de asumir el cargo, ha dejado saber que Estados Unidos no se unirá al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) durante su mandato. El presidente saliente, Barack Obama, pasó siete años negociando el mayor acuerdo de libre comercio del mundo; solo hasta febrero de este año los países participantes firmaron, aunque todavía no todos lo han ratificado.

El TPP siempre fue políticamente muy cargada, porque los doce países transpacíficos querían concluir un acuerdo comercial que excluyese a uno de sus vecinos más importantes: China. El objetivo del acuerdo era claro: debilitar el dominio de China en la región. El TPP fue parte de la estrategia estadounidense "eje en Asia", a través de la cual Washington quería asegurar su influencia en Asia.

Retirada de Estados Unidos

Trump claramente no tiene interés en este esquema, y darle la espalda a él es, en particular, un desaire para Japón y Australia. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, hizo precisamente un viaje especial a Estados Unidos la semana pasada para tratar de persuadir a Trump a cambiar de parecer. Pero fue en vano. El presidente electo de Estados Unidos quiere solo negociar acuerdos bilaterales con países individuales con el objetivo de obtener las mejores ofertas para los estadounidenses. Pero esto llevará tiempo. Y, de momento, no importa en realidad que llegue a tener éxito con esto. En este sentido, es un movimiento político inteligente: formalmente, Trump está haciendo lo que prometió, mientras que compra tiempo para escribir la letra pequeña. Es imposible predecir si el resultado realmente constituirá un ataque al libre comercio.

Frank Sieren, columnista de DW

Frank Sieren, columnista de DW

En cualquier caso, Pekín puede utilizar esta libertad para establecer su propio pacto de libre comercio, lo que no le interesa a Trump, porque no tiene nada que ver directamente con Estados Unidos. En la Asociación Económica Regional (RCEP, por su siglas en inglés) serían los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) junto con Australia, China, India, Japón, Corea del Sur y Nueva Zelanda quienes cooperarían. China espera ganar a su mayor rival, India, y que éste se adhiera a su versión del acuerdo de libre comercio. A diferencia de Estados Unidos, el énfasis de Pekín está en la integración de su contendiente más poderoso, más que en su exclusión. Esto es inteligente. Debido a que Pekín, como indiscutible líder, podría seguir ahora una ruta diferente.

El presidente chino Xi Jinping ha enfatizado: "China no cerrará sus puertas al mundo exterior, sino que las abrirá más". Occidente deberá recordarle esto si se vuelven a introducir nuevas regulaciones que dificulten el acceso al mercado chino. Hoy, Pekín puede beneficiarse del éxito de Trump, pero tal felicidad tendrá sus limitaciones, porque lo que ahora también está claro es que será más difícil para China, en el futuro, vender sus productos a Estados Unidos. Vendrán largas y difíciles negociaciones.

China quiere cooperar

La semana pasada, en su primera llamada telefónica con el líder chino y jefe del Partido Comunista, Xi Jinping, Trump dejó en claro que "la cooperación es la única opción correcta para China y Estados Unidos". El periódico Global Times de China, cercano al partido gobernante, anunció el mismo día que China "tomaría contramedidas" si Estados Unidos aplica las tarifas punitivas con las que Trump ha amenazado. El "gigantesco" comercio entre China y Estados Unidos sería "paralizado" por altos aranceles, según el diario, y la reacción de China al proteccionismo, que Trump ha anunciado, no se limitaría, por tanto, a aranceles punitivos. "Las importaciones estadounidenses de soja y maíz se paralizarían", aseguró el diario. Los pedidos de Boeing serían reemplazados por Airbus y "las ventas de autos y iPhone en China sufrirían un revés". El periódico especuló que un "hombre de negocios astuto" como Trump no sería "tan ingenuo" como para lanzarse a una guerra comercial contra China.

Por su parte, Trump quiere evitar que las importaciones chinas perjudiquen a los trabajadores estadounidenses. Pero tendrá que cuidar que los productos "Made in China", así como los nuevos "Made in USA", no se vuelvan más caros. Ya que tendría un efecto directo en el poder adquisitivo de los estadounidenses. Si las consecuencias de las políticas de Trump son que, en un futuro, estadounidenses paguen más dinero en Walmart por productos "Made in China", sujetos a tarifas más altas, o que productos "Made in USA" no sean tan baratos como los chinos, podría hacer que el estado de ánimo prevaleciente se volviese rápidamente en su contra. En ese sentido, la cancelación del TPP es una jugada de apertura bastante simple: y Trump está aún muy lejos de ganar el juego.

Nuestro columnista Frank Sieren ha vivido en Pekín por más de 20 años.