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Política

La industria armamentista no conoce recesiones

Cada año, un instituto con sede en Estocolmo llamado SIPRI da cuenta de lo que se gasta el mundo en material militar: en 2008, 1,46 billones de dólares, un 4% más que en 2007 y eso pese a la mala coyuntura económica.

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En los últimos 10 años, el gasto militar mundial ha aumentado un 45%.

Georg W. Bush ha abandonado ya la Casa Blanca pero ante las consecuencias de su política antiterrorista no será tan fácil pasar página. En el informe de 2009 del Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) aún pueden leerse los efectos de la lucha emprendida por el ex presidente contra los ejes del mal y otros supuestos enemigos de Estados Unidos: unos efectos cuya área de influencia supera las fronteras de Norteamérica.

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SIPRI, International Peace Research Institute.

Pese a que Estados Unidos sigue siendo, con un 41 por ciento del desembolso mundial en gastos militares, el país que más dinero destina a la compra de armamento, productos y servicios relacionados con la puesta en práctica de las labores de defensa y ataque, “el concepto de la guerra contra el terror ha alentado a muchos Estados a mirar sus problemas bajo una lente militar de graduación elevada”, lamentaba en la capital sueca el director del SIPRI, Bates Gill.

Como cada año, el Instituto invitaba a la presentación de su informe más reciente que, como tantas otras veces, volvía a llamar la atención sobre la existencia de un sector al que en cada nuevo balance le va mejor y, además, parece mostrarse inmune a las crisis económicas. Si 2008 demostró que la banca también pierde, confirma que la industria automovilística sigue ganando.

Clientes de los gobiernos

“La industria armamentista, al contrario que la del automóvil, depende del gasto de los gobiernos más que de los consumidores”, dijo Gill. Por lo tanto, ésta se encuentra “relativamente protegida frente a la crisis financiera internacional”, añadió el director. El sector dispone ya de los fondos estatales que necesita para mantenerse: el mundo se gastó en 2008 un 4% más en material militar que a lo largo del año anterior. En total, 1.464 millones de dólares, revela el informe anual del SIPRI.

En la lista de los grandes compradores de armamento China ha desbancado a Francia del segundo puesto. Los galos ocupan ahora el tercer escalón, seguidos de Gran Bretaña, Rusia y, en sexto lugar, Alemania. En cuanto a las exportaciones de productos castrenses realizadas durante los últimos cinco años, los germanos se sitúan incluso en un, según el partido La Izquierda, nada decoroso tercer lugar, por detrás de Estados Unidos y Rusia.

“Pese a que la crisis económica está vaciando las arcas públicas, el rearme y el negocio con la muerte continúa, tanto a nivel internacional como a nivel nacional”, se quejaba Inge Höger, portavoz para temas de desarme de La Izquierda, “no existe ningún motivo para alegrarse de que Alemania ocupe tan prominente lugar entre los top-ten del ranking del SIPRI. […] El Gobierno alemán tiene que dejar de una vez de contemplar a la industria armamentista como a una rama a la que hay que apoyar. Las exportaciones de productos ecológicos y de tecnologías relacionadas con la energía solar generan más puestos de trabajo en el país y sirven a un desarrollo pacífico en el resto del mundo”, aseguró Höger.

Los conflictos aseguran ganancias

El gasto militar internacional ha crecido un considerable 45% en la última década. Sin embargo, Alemania se encuentra según el SIPRI entre los pocos países con gran presupuesto para destinar a defensa que desde 1999 han recortado las partidas con estos fines: en 10 años, los alemanes han reducido en un 11% el dinero en ellas contenido. Al mismo tiempo, con respecto a 2007 el gasto germano en productos militares sube y, en lo que a las exportaciones se refiere, Alemania está lejos de prescindir de tan suculento negocio.

Guerras como la de Afganistán, a la que el SIPRI dedica en su informe de 2009 un extenso capítulo, le aseguran las ganancias a la industria armamentística, crisis va o crisis viene. Y el turbio horizonte que perfila el Instituto en el país asiático es una buena noticia para los fabricantes de productos militares: lejos de mejorar, la situación sobre suelo afgano empeora y habría que cuidarse de depositar excesivas esperanzar en la nueva Administración de Barack Obama, advierte el centro.

Las zonas de conflictos más graves en América Latina las coloca el SIPRI en Colombia, en primer lugar pero con mejoras con respecto al año anterior, y en Perú, donde la situación empeora en relación a 2007. Argentina y Brasil aumentan la cuantía que dedican al material militar, aunque entre los diez mayores compradores y vendedores no aparece enumerado ningún Estado latinoamericano.

Autor: Luna Bolívar/ dpa/ dpala/ afpd/ rtrd/ap

Editora: Claudia Herrera Pahl

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