La batalla empresarial entre hombres y mujeres en Alemania | Sociedad | DW | 14.06.2018
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Sociedad

La batalla empresarial entre hombres y mujeres en Alemania

No es un secreto que las mujeres alemanas no ocupan posiciones de alta gerencia en las empresas. ¿Se les impide escalar posiciones? ¿O son ellas mismas las culpables?

Philine Erfurt Sandhu, asesora sobre igualdad laboral, cuenta una anécdota. Se trata de una escena aparentemente ordinaria. Le preguntan a una mujer en una sala de reuniones en Alemania que si puede servir el café. El problema es que es una de las directoras que se reunirá con los clientes. Sandhu asegura que escucha historias parecidas con regularidad.

Este es un ejemplo del llamado “Síndrome de Thomas”, según Sandhu. La idea es que el típico alto ejecutivo alemán es un hombre blanco de 53 años de edad llamado “Thomas”, quien probablemente contrataría antes a un clon suyo que a una mujer.

Las oportunidades de llegar alto laboralmente como mujer en Alemania son bajas. Un reciente informe muestra que las mujeres lo tienen más difícil en Alemania que en otros países. En EE. UU., el porcentaje de empresas de primera línea con al menos un 30 por ciento de representación femenina en el consejo es del 30 por ciento. En Alemania es cero.

Philine Erfurt Sandhu.

La asesora de igualdad laboral Philine Erfurt Sandhu.

¿Por qué tanta desventaja?

Sandhu, quien estuvo un año analizando una empresa multinacional, cree que se debe a que la tendencia de los hombres ejecutivos es contratar y promover personas que se les parezcan. A veces, inconscientemente, pero con frecuencia intencionadamente.

La asesora argumenta que “hay ventajas cuando trabajas con gente como tú, porque hay menos conflictos, no cuestionas tu identidad y es más fácil tomar decisiones, pero no necesariamente se consiguen los mejores resultados para la compañía”.

Por otro lado, los hombre establecen redes a las que las mujeres difícilmente pueden acceder: mismos equipos de fútbol, mismas bebidas o practicar una afición fuera del trabajo, piensa Sandhu. “Las mujeres no tienen estas tendencias. Tienden a limitar más sus relaciones en las oficinas”, explica.

Según Christoph Zöller, cofundador y director de la empresa Instaffo en Heidelberg, donde se apoya la puesta en marcha de empresas, cree que en parte las mujeres son culpables de dicha situación: “Las mujeres no suelen ir a tomarse una cerveza después del trabajo, que es crucial para la carrera en muchos círculos ejecutivos”. Además “son más cautelosas a la hora de negociar y aceptar cosas como justas que un hombre no aceptaría”, dijo Zöller a DW.

Christoph Zöller.

Christoph Zöller, fundador y asesor de una empresa que apoya empresas en su fase inicial.

Ambos géneros con características importantes

Zöller cree, además, que hombres y mujeres son “intrínsecamente diferentes”, cada uno con características importantes para gestionar una empresa. Por ejemplo, en su empresa, las mujeres suelen generar más dinero, porque tienen “voces más agradables” al hablar por teléfono, pero “las mujeres suelen voluntariamente delegar las tareas de dirección a los hombres”.

“Hay mucha competitividad para llegar a lo más alto. Si una mujer decide tener y cuidar de un hijo, se perderá alrededor de cinco o seis años de una carrera laboral de 30 años. Esto hay que tenerlo en cuenta”, apunta Zöller.

Sin embargo, también hay casos positivos. La catedrática y directora ejecutiva Birgit Felden es madre de dos hijos, miembro del consejo en tres empresas, imparte clases en la universidad para mujeres líderes y es propietaria de una asesoría exitosa. Supo desde el comienzo de su carrera, hace 25 años, que solo podría alcanzar su posición si se convertía en su propia jefa, y no trabajando para alguien en otra empresa. “Decidí emprender mis negocios, porque no quería explicarle al departamento de recursos humanos de alguna gran empresa que quería hacer carrera y tener dos hijos”, dijo Felden.

Para esta exitosa mujer, estar en los más alto no solo se trata de igualdad, es también asegurar la continuidad del éxito económico del país. “La diversidad a un alto nivel reporta beneficios”, dice, y añade que “es también una cuestión demográfica. Dentro de 20 años, más o menos, no habrá suficientes hombres blancos de mediana edad. Así que tenemos que cambiar”.

Lisa Ellis (RMR/CP)

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