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Europa

La batalla de las conciencias perdida por Kiev

Hace un año las protestas del Maidan, en Kiev, llegaron a su punto álgido hasta terminar en un cambio de poder. Entonces, algunos medios rusos sembraron el miedo, cimentando la base para la actual crisis de Ucrania.

“En Ucrania se podría hablar del final del Estado”, con esta frase y un gesto con el pulgar hacia abajo abría Dimitri Kisseljow su programa “Vesti nedeli” (noticias de la semana) en la televisión nacional rusa “Rossija-1” el 23 de febrero de 2014. Cuando un Estado no garantiza la seguridad de sus ciudadanos, es un Estado practicante inexistente, continuaba el presentador hablando de una Ucrania al borde de la guerra civil. Actualmente se podría decir que tenía razón. La guerra entre separatistas y el Ejército ucraniano se cobró muchas vidas, pero no solo se libró en el campo de batalla, sino también en otro muy distinto: fue una guerra por las conciencias.

Televisión bajo el prisma ruso

Hace prácticamente un año, el movimiento del Maidan celebraba una victoria. Tras meses de protestas, la violencia estalló en Kiev y muchos activistas murieron en enfrentamientos con la policía. El 21 de febrero, tres ministros europeos lograron un acuerdo entre la oposición y el presidente pro ruso Viktor Yanukovich. Sorprendentemente, Yanukovich huyó esa misma noche por sorpresa hasta reaparecer después en Rusia. Entonces, la televisión rusa informaba en casi toda Ucrania, y al este del país era incluso la fuente de información más importante. “Medios rusos comenzaron a informar de la escisión de Ucrania antes de los acontecimientos del Maidan”, aclara Diana Duzyk, directora de la ONG Telekrytyka de Kiev.

Muchos de los habitantes del este de Ucrania vivieron la revolución a través del cristal de la televisión rusa, como una sublevación de ultranacionalistas orquestada por Occidente. “Tanto medios rusos como los prorrusos de Ucrania tuvieron una influencia venenosa”, recuerda Andreas Umland, del Instituto para la Cooperación Euroatlántica de Kiev: una retórica que cimentó la base para el separatismo de Crimea y Donetsk. Esta opinión también la defiende el sociólogo Vlodymir Kipen: “La influencia de medios rusos sirvió como base para aceptar la intervención de Rusia en la región”.

El dilema de Kiev

Con una mezcla de ficción y realidad, por ejemplo, Kisseljow llegó a decir que el nuevo Gobierno de Kiev prohibía hablar ruso. Otros advertían de posibles represalias de ultraderechistas, exagerando su papel en el Maidan. Una semilla de desconfianza que cayó en tierra fértil en el este de Ucrania, donde una gran mayoría creyó que el cambio en Kiev había sido impulsado por Occidente.

Cuando el Gobierno ucraniano reconoció el peligro, se prohibió la emisión de algunas cadenas rusas. Todo un dilema. “Tratábamos de ser democráticos y tuvimos que tomar la difícil decisión entre libertad de expresión y seguridad de la información”, recuerda Duzyk, y puntualiza que “no eran medios, sino propaganda”. Aun así, la reacción llegó tarde, cree la experta. Cuando los separatistas tomaron la última torre de televisión estaba claro que la influencia informativa de Ucrania iba a ser nula, dice el sociólogo Kipen que, a principios de verano, ya había asimilado que Ucrania había perdido una importante batalla: la batalla por conquistar las conciencias en el este del país.