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Alemania

La Alemania fantasma busca protectores

La población se reduce a pasos acelerados y los hogares pierden inquilinos: la situación en el este de Alemania es tal que, a veces, el alquiler desaparece. Quien se ocupe de mantener y arreglar una casa, vive gratis.

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Leipzig, una de las ciudades más famosas del este alemán, también pierde habitantes.

En las grandes ciudades del oeste alemán tratar de alquilar una casa puede convertirse en una auténtica pesadilla. Los precios por las nubes, los tamaños mínimos, las condiciones malas. Pero como los alemanes son un pueblo dado a la mudanza, al final alguien acaba soltando un buen apartamento, de techos altos y amplias ventanas, y el buscador se regocija en el triunfal encuentro de su morada.

En algunas ciudades del este de Alemania, sin embargo, es la casa la que sale a la caza y captura de inquilinos. La desesperación de los propietarios por dar con quien habite en sus cuatro paredes alcanza tales grados que llegan a permitirlo a cambio de cero euros y mucho trabajo manual. Y es que, en la Alemania oriental, uno de cada 10 pisos está vacío. En total hay 780.000 inmuebles deshabitados. Leipzig es una de las ciudades más afectadas.

Ciudades fantasma

“No sé dónde estoy”, canta Clueso, “camino por la calle/ ¿qué ha pasado aquí?/ La ciudad fantasma/ empieza en el profundo este/ ¿dónde está la vida?”. Lo que el músico alemán describe en esta canción es lo mismo que dicen las cifras: el este se queda sin gente. La falta de oportunidades expulsa a los jóvenes y, según cita el diario welt online, si la tendencia continúa, en 2050 esta región de Alemania habrá perdido el 31% de su población.

Neubau Museum der bildenden Künste Leipzig

Para que la cultura no se vaya, ha de quedarse la gente.

El problema de las casas vacías no es sólo la tristeza de los edificios. Sin quien habite los hogares comienza a desaparecer la infraestructura. Los metros y autobuses sin pasajeros desvían sus rutas, las tiendas cierran y la oferta cultural se marcha. “En la parada/ el horario caducó hace tiempo/ Aparcamientos sin fin/ y el gran reloj se ha quedado en silencio”, describe Clueso.

Leipzig es una de las ciudades más famosas del este alemán y ni siquiera eso la salva del abandono: hoy cuenta con unos 20.000 habitantes menos de los que tenía en 1989. Pero aquí hay quien se ha puesto manos a la obra. Para evitar que los inmuebles vacíos decaigan y el ayuntamiento los acabe derribando, en 2004 nació la Agrupación Salvaguardar Casas. Por los 83 euros que cuesta asociarse a ella, uno puede convertirse en “protector” de una vivienda.

“Protector” y propietario

Deutsches Literaturinstitut Leipzig

Bellos edificios en Leipzig: en la imagen el Instituto Alemán de Literatura.

Leipzig es una ciudad que cuenta con gran cantidad de edificios antiguos, los más apreciados por estas tierras en las que II Guerra Mundial destruyó tanta belleza arquitectónica. No todos ellos pueden adjudicarse un “protector”, porque la Agrupación Salvaguardar Casas sólo acepta a los que no estén al borde de la ruina absoluta.

Pero si el inmueble da muestras de soportar algo de vida, es bienvenido. El propietario se compromete con la Agrupación y los futuros “protectores” a encargarse de que fluya el agua y la luz, por lo general cortadas en algún momento del desalojo, y de que se dé una base mínima de habitabilidad. Puesto que el problema suele ser que la falta de inquilinos ha dejado al dueño sin recursos, éste puede solicitar apoyo económico.

Por su parte, el “protector” debe encargarse de la puesta a punto de la vivienda: cambiar ventanas, arreglar goteras, tapar agujeros. Tiene que aceptar algunas incomodidades, como que la calefacción funcione con carbón o el inodoro esté fuera del apartamento. Y ha de asumir el mantenimiento del edificio. Por eso la Agrupación busca a sus “protectores” principalmente entre quienes tienen maña en el trabajo manual. A cambio, estos vigilantes de casas no pagan alquiler.

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