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Europa

Juncker, en la cima de la UE

El luxemburgués Jean-Claude Juncker es el nuevo presidente de la Comisión Europea. El político es considerado parte del sistema de Bruselas. ¿Qué representa exactamente Juncker?

Casi nadie conoce la política europea tan bien como Jean-Claude Juncker. Durante veinte años, Juncker fue primer ministro de Luxemburgo y participó en innumerables reuniones del Consejo Europeo. Durante ocho años fue presidente del Eurogrupo, por cierto en el tiempo en que la moneda de la comunidad, y quizá toda la Unión Europea (UE), se encontraban sumidas en su peor crisis. Desde entonces, Juncker es llamado “Mr. Euro”. Él mismo dice hoy en día, sin falsa modestia: “El euro y la UE estaban en peligro. Hice todo lo que pude en el marco de mis limitadas posibilidades para evitar la catástrofe”.

Puede que la inevitable crisis haya pasado, pero sus consecuencias permanecen. El desempleo, ante todo entre los más jóvenes, es según Juncker el lastre más pesado del continente. “La labor prioritaria de Europa”, sostiene el luxemburgués, “es ofrecerle esperanza y perspectivas a los jóvenes desempleados que corren el riesgo de convertirse en una generación perdida”.

En una misma respuesta dice una cosa y su contrario

Eurogruppe Brüssel März 2012

Un conocedor de la UE por dentro.

Para el demócrata-cristiano Juncker, la política social es un tema primordial. Acostumbra criticar a los especuladores y los sueldos exagerados para ejecutivos. Defiende a los empleados y sus derechos. ¿Pero no es esta una posición propia de los socialistas? Y al fin y al cabo, fueron los gobiernos conservadores y demócrata-cristianos de Europa –y entre ellos el de Jean-Claude Juncker– quienes impusieron el doloroso curso de consolidación fiscal. Si Juncker no hubiese apoyado la política de ahorro, no se habría convertido en el candidato del Partido Popular Europeo. La canciller alemana Angela Merkel se habría asegurado de ello.

¿Qué representa entonces Jean-Claude Juncker? Según Pia Oppel, periodista de la emisora pública luxemburguesa “100,7”, es difícil comprender políticamente a Juncker. “Siempre logra decir en una misma respuesta una cosa y su contrario, e incluso plantear además la postura intermedia”, sostuvo Oppel en charla con DW. A Juncker también le gusta adornar sus frases con alguna frase seca o irónica en francés, inglés o alemán.

Bruselas debería inmiscuirse menos

Los críticos de Juncker consideran su vaguedad discursiva como una debilidad. Su mayor contrincante durante las elecciones europeas de mayo de 2014, el presidente socialdemócrata del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se posicionaba mucho más claramente como un candidato de izquierda. Pero quien quiera convertirse en presidente de la Comisión debe tratar de gustar a todos. Juncker parece haber comprendido esto muy bien, ante todo después de la crisis: “Debemos evitar nuevos muros que dividan a Europa. Me producen alergias las divisiones entre norte y sur, grande y pequeño, fuerte y débil. Yo quisiera construir puentes, unir, convertirme en una máquina de consenso para Europa”.

Juncker también ha entendido otra cosa: los europeos están cansados de las regulaciones desde Bruselas en los campos equivocados, como la prohibición de bombillas tradicionales o la estandarización de peras. “Demasiada Europa en lo pequeño va a acabar con Europa en lo grande”, ha dicho Juncker. También se equivocan los que dicen que Juncker sueña con un Superestado Europeo, sostiene Oppel: “Juncker se opone a una integración total de la UE en la que los Estados nacionales desaparecen. En esto se diferencia de la comisaria de justicia de la UE, la luxemburguesa Viviane Reding, quien habla siempre de ‘Los Estados Unidos de Europa'. Jean-Claude Juncker defiende el status quo”.

Tras la victoria electoral, presidente de la Comisión

Merkel und Hollande in Paris

Los líderes de los países europeos se decidieron al final por Juncker

No hay duda de que Juncker tiene mucho de lo que un presidente de la Comisión Europea necesita: tiene experiencia, es políglota, y su moderación política es apta para ser aceptado por distintos gobiernos. Pero también tiene claras debilidades. En los debates electorales, Juncker daba la impresión de estar aburrido y cansado. Además, es considerado, con razón, una parte del sistema de Bruselas, un sistema al que los partidos extremistas y antieuropeos se han contrapuesto con éxito. Como presidente de la Comisión, Juncker tendrá que luchar contra una gran oposición en muchos países miembros, que quieren recuperar sus antiguas competencias.

De hecho, durante mucho tiempo no fue claro que Juncker se convertiría en presidente de la Comisión Europea. Los jefes de Estado europeos habrían podido designar a alguien distinto para el cargo.

Pero los jefes de Estado también han comprendido que la campaña electoral de los candidatos y el debate subsiguiente en torno a la adjudicación del cargo han adquirido durante los últimos meses una dinámica propia. Los candidatos hicieron campaña públicamente con la promesa de que los votantes tendrían un papel central en la elección del presidente de la Comisión. Y Juncker advirtió que si los gobiernos no tenían eso en cuenta, la democracia europea caería en una crisis, pues los votantes se sentirían traicionados. Sin duda, en este caso Juncker también estaba pensando en su propia carrera profesional.

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