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Cultura

Joven Ballet Nacional: danza sin fronteras

El Joven Ballet Nacional de Alemania es una compañía con un enfoque innovador. Entre sus filas hay jóvenes venidos de todas partes del mundo para formar parte de una compañía muy especial.

El Joven Ballet Nacional de Alemania

El Joven Ballet Nacional de Alemania

Se ríen, hacen un poco el tonto, pero están muy concentrados. Los bailarines del Joven Ballet Nacional de Alemania están de pie en una sala de ensayo del Centro de Danza de Hamburgo. Pulen los últimos pasos y posiciones de una nueva coreografía que ellos mismos han creado.

Es una de las características de esta compañía: aquí no solo se baila. También hay que estimular la creatividad de los jóvenes. “No nos dicen: haz esto y lo otro”, recalca Winnie Dias, de Brasil. Aquí ha aprendido a elaborar sus propias ideas. La joven, de 21 años de edad, baila desde que tenía cinco. Tras formarse en danza en su país natal, le llegaron los primeros compromisos profesionales. Dias valora la alta calidad del Centro de Danza de Hamburgo y el poder trabajar con grandes artistas.

Ensayo del Joven Ballet Nacional: Winnie Dias junto con Graeme Fuhrman

Ensayo del Joven Ballet Nacional: Winnie Dias junto con Graeme Fuhrman

El Joven Ballet Nacional de Alemania fue fundado por el legendario maestro estadounidense John Neumeier. Desde septiembre del año pasado, la institución tiene su sede en un gran edificio de ladrillo de Hamburgo. El Gobierno alemán apoya este innovador proyecto con más de 2,8 millones de euros. “Queremos que la danza arraigue como forma de arte en la sociedad”, dice Neumeier. Para él se trata de un sueño hecho realidad.

Venir a Alemania a bailar

También para Maurus Gauthier la Joven Compañía es como un sueño. Este suizo decidió asistir al curso avanzado de Neumeier, porque aún no se sentía preparado para la vida profesional. Entonces surgió la oportunidad de presentarse a las pruebas para el Joven Ballet Nacional. “Lo más difícil para un bailarín es encontrar trabajo”, dice Gauthier. Espera que, tras su experiencia en la institución alemana, surjan mejores oportunidades laborales”.

Winnie Dias y Maurus Gauthier durante el ensayo

Winnie Dias y Maurus Gauthier durante el ensayo

Para eso han venido expresamente a Alemania varios de sus colegas, como Natalie Ogonek, de Canadá, a quien le encanta la forma en que los germanos tratan el arte y la cultura. “Aquí es algo normal y los artistas no son vistos como seres extraños”. Gabrieli Finardi, que viene de Brasil y se ha formado en el Centro de Ballet de Hamburgo, valora la cantidad de compañías que hay en Alemania.

Gran parte de los miembros de la joven compañía son ya profesionales formados. “El Joven Ballet Nacional es como un master”, dice su director, Lukas Onken. En ese sentido, los bailarines aprenden todo lo relativo a esta forma de arte, desde respirar el ambiente teatral hasta conocer los diversos talleres que tienen que ver con la danza (sastrería, construcción de escenarios…). Se trata de construir puentes entre el mundo formativo y el profesional a lo largo de los dos años que dura la estancia de los jóvenes.

Primer contacto con el ballet

“Me puedo imaginar trabajando como coreógrafo”, dice Patrick Eberts. También él baila desde su más tierna infancia. Tras sus inicios en la escuela de danza de su madre en Bamberg, se trasladó a Hamburgo. El joven se sienta en una silla de madera junto a una de las salas, mientras sus colegas ensayan el Octeto de Schubert. Una lesión en el hombro le obliga a hacer reposo.

Escolares de Hamburgo realizan su coreografía en el Centro de Danza

Escolares de Hamburgo realizan su coreografía en el Centro de Danza

Pero hoy no es Eber el único que mira. Cerca de la puerta, hay niños de una escuela de Hamburgo, que tienen permiso para asistir al ensayo. El Joven Ballet Nacional no es solo una plataforma para los jóvenes bailarines, sino también una manera de que otras personas entren en contacto con la danza.

"La danza prende en todos”

“Es una inspiración poder bailar con gente tan diferente”, dice Yukino Takaura, de Japón. Cuando los profesionales paran durante la pausa del mediodía, los escolares saltan al parqué. Algunos llevan pantalones de deportes, otros su ropa de calle. En su colegio han practicado una coreografía que ahora pueden mostrar. Un grupo quiere mostrar rabia bailando y se esfuerza con sus movimientos en conseguir transmitir esa emoción. “Yo no veo rabia por ningún lado”, dice Yohan Stegli, uno de los maestros de baile. Después da consejos a los escolares para que mejoren su actuación.

“No lo hacemos tan mal”, dice uno de los chicos después. Le divierte aprender de los auténticos bailarines. Sus compañeros están de acuerdo. “Todo el mundo puede moverse”, dice Yohan Stegli: “La danza prende en todos”.

Autora: Janine Albrecht/MS
Editora: Rosa Muñoz Lima

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