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Europa

Idomeni, la gran “villa miseria” de Europa

El campamento provisorio para refugiados en Idomeni se está transformando de a poco en un asentamiento fijo para muchos de ellos, y también para los traficantes de personas. Un informe desde la frontera greco-macedonia.

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Destino final Idomeni

Parece un ritual. Cada mañana llegan de dos a cuatro buses al campamento para refugiados de Idomeni, Grecia, en la frontera con Macedonia, transportando familias que esperan encontrar allí mejores condiciones de vida. Por la tarde, los buses parten de regreso, la mayoría de las veces vacíos. El campamento se está extendiendo cada vez más y se está convirtiendo lentamente en un lugar con estructuras permanentes, a pesar de que el Estado no participe en modo alguno.

Una ciudad en tierra de nadie

Varias organizaciones no gubernamentales abastecen de comida a los migrantes, así como de vestimenta y atención médica. Voluntarios se ocupan de cuidar a los niños y hasta hay un centro juvenil para los más grandes. Algunos refugiados comercian con aceite, frutas, cigarrillos, baterías y otros artículos de primera necesidad. La limpieza en el campamento está garantizada por personas contratadas por organizaciones de otros países de Europa. Poco a poco hubo que construir más casillas para los baños, duchas con techos de chapa y también se techaron lugares al aire libre para proteger a las personas del sol. La edificación de viviendas precarias parece ser solo cuestión de tiempo. Con entre 13.000 y 15.000 habitantes, Idomeni es la segunda mayor ciudad del distrito griego de Kilkis, en el norte del país.

Solo la ayuda de los voluntarios puede aliviar las penurias de los refugiados.

Solo la ayuda de los voluntarios puede aliviar las penurias de los refugiados.

Sin embargo, no todos quieren quedarse a vivir en este asentamiento improvisado. Diana y Anouar, de Alepo, Siria, dijeron a DW que no llegaron a Europa para terminar viviendo en un campamento de refugiados: “Dejamos atrás nuestra vida en Siria y queremos construir un futuro en otra parte”. No tienen pensado presentar una solicitud de asilo en Grecia, ya que “el país tiene suficientes problemas”. Ni tampoco ser parte del programa de reubicación de la Unión Europea para luego “terminar en Hungría”. Dice que si Occidente se compromete en la guerra siria en nombre de la libertad y de los derechos humanos, ella pide lo mismo para su familia: libertad para vivir en un país donde haya una situación estable: en Holanda. ¿Por qué no en Alemania? “El ambiente no es muy propicio para los refugiados en este momento”, dice. De hecho, las fronteras hacia Europa están cerradas. Pero no para todos, señala Anouar. “Si uno paga 5.000 euros se puede viajar desde Turquía para llegar a Italia”. Él, como otros, confirma que los traficantes de personas cobran en Idomeni cerca de 1.500 euros para llevarlos a la UE atravesando Macedonia. Aún no saben qué harán exactamente, pero “quedarse en Idomeni mucho tiempo no tiene sentido”, dice Diana.

Estos jóvenes sirios esperan que se abra la frontera.

Estos jóvenes sirios esperan que se abra la frontera.

“Quédense donde están”

Sin embargo, muchos sí deberán permanecer allí, ya sea porque no se animan a seguir viaje o porque simplemente se les acabó el dinero. En vista del ascenso de la temperatura, la situación en el campamento de Idomeni es cada vez más crítica. Las autoridades sanitarias de Macedonia hablan de una “bomba a punto de estallar”. Se teme que haya brotes epidémicos. Además de hepatitis “A”, hay cada vez más casos de sarna humana debido, entre otras cosas, a la humedad que se acumula en las tiendas, a los restos de desechos y también a los alimentos que “no serían de buena calidad” y que los voluntarios reparten sin saberlo. Hace poco hubo una manifestación de protesta por alimentos en mal estado.

El Estado debería, a más tardar ahora mismo, intervenir en la situación en Idomeni. Pero no lo hace. El Gobierno no hace uso de la violencia sino que planea campañas de esclarecimiento. Pero para eso se necesitan ayudantes, traductores e intérpretes para convencer a los refugiados de que sería mejor que se trasladaran a los campamentos estatales en Grecia. Pero eso no sucedió hasta el momento. Una joven siria, Zainab, supone que “detrás de eso está la intención de desmotivar a los que quieren marcharse a Europa”. El mensaje parece tener efecto. Entretanto, todos sus conocidos en Idomeni aconsejan a sus familiares en Siria: “Quédense donde están”.

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