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Ciencia y Ecología

"Hay esperanza para la Amazonia"

Sebastião Salgado lidera uno de los mayores proyectos de recuperación ambiental de Brasil y ha estado en Alemania participando en la campaña Viva la Amazonia. Salgado habló con DW sobre cambio climático y fotografía.

Después del éxito de Génesis, Sebastião Salgado ya trabaja en un nuevo proyecto sobre las comunidades indígenas de la Amazonia. El fotógrafo visitó Colonia, Alemania, el pasado 5 de septiembre, invitado por la ONG medioambiental WWF para celebrar el Día de la Amazonia. Salgado fundó en 1998 junto a su esposa, Lélia Deluiz Wanick Salgado, el Instituto Terra, considerado uno de los mayores proyectos de recuperación ambiental de Brasil.

Deutsche Welle: La Amazonia sigue amenazada a pesar de que el debate ambiental se intensifica. ¿Hay esperanza para aquella zona?

Sebastião Salgado: Yo creo que sí y la esperanza reside en la concienciación. Pero solo lo lograremos cuando toda la población del planeta esté concienciada. Es muy fácil presionar a los gobiernos, cuando después no frenamos el consumo que lleva a la destrucción de los bosques. Es necesario presionar a los consumidores. Todos los proyectos de ganadería, de plantación de soja y otros productos agrícolas, que son los que están realmente destruyendo la Amazonia deberían ser boicoteados. Y los países más ricos deben invertir en el Amazonas, dando a sus comunidades un nivel de vida digno. Hay esperanza, pero debe haber un trabajo político serio que conduzca a la concienciación, participación e integración de todos. Nos dirigimos hacia un calentamiento global acelerado y el papel de los árboles de la Amazonia para frenarlo es esencial.

Usted dijo en una entrevista que urbanizar conlleva abandonar del planeta. Pensando en el momento actual, en la crisis de refugiados, por ejemplo, ¿cree que estamos abandonando a la humanidad?

No creo que abandonemos la humanidad, sino a una gran parte de la gente, a la esencia de la gente. Las personas se aislaron y aislaron también a una parte importante de la gente, que es rural. A finales de este año habrá una gran conferencia sobre el clima en París, la vigésimo primera. En ninguna de ellas se ha integrado a la parte rural en el debate. Quienes allí participan proceden del mundo urbano y proponen soluciones para necesidades urbanas. No se tiene en cuenta la voz de las grandes asociaciones de productores rurales, las comunidades agrícolas e indígenas no participan. Por eso, las soluciones que se proponen en ese foro, son incompatibles con la realidad. La solución para el problema del calentamiento global y la falta de agua no está en las ciudades, sino en el campo. Tenemos que plantar árboles, recuperar ríos, y para eso necesitamos la participación del sector rural del planeta. Urbanizamos y extraemos del planeta en función de la insaciable necesidad consumista de las comunidades urbanas, pero es imposible satisfacer esa calidad de vida. En algún momento, ocurrirá una enorme catástrofe, que ya comienza a tomar forma con el calentamiento global, el aumento del nivel del mar y el cambio climático.

Estuvo a punto de abandonar la fotografía cuando concluyó su libro Éxodos, que refleja los movimientos migratorios. Volvió entonces a Brasil, donde fundó el Instituto Terra ¿con qué objetivos?

Tras la dura experiencia de Éxodos, sobre todo en África, quise volver a mi tierra, donde nací y crecí. Mi esposa y yo encontramos aquello destruido y mi esposa tuvo la maravillosa idea de repoblar los bosques. Hoy hay en Brasil un problema de falta de agua en las grandes ciudades. En São Paulo solo se habla de que llueva abundantemente para que se llenen presas y embalses, cuando en realidad estos deben rellenarse con aguas de ríos y arroyos. Para ello deben replantarse las cabeceras. Nos encontramos iniciando un proyecto para recuperar las aguas del Río Doce, que se está muriendo rápidamente. Si comenzamos ahora, el proyecto durará 30 años, pero tenemos muchos problemas para lograr recursos federales, estatales y locales. La culpa no es solo de la política, sino también de una sociedad miope. Tenemos que cambiar nuestra forma de actuar y empezar a trabajar en estas necesidades básicas. Hay que pensar que este tipo de gastos son inversiones cuyos beneficios retornarán de alguna manera a la sociedad.

¿Cree que la fotografía puede provocar un cambio de mentalidad?

Creo que no. Pienso que la fotografía ayuda si forma parte de un movimiento. Sola sería estéril. Pero junto con los medios de comunicación es muy poderosa.

¿Qué depara al público su nuevo proyecto sobre las comunidades indígenas de la Amazonia?

Los brasileños tienden a negarlo, pero en Brasil se da una curiosa circunstancia. Cuando los portugueses llegaron en 1.500, solo vinieron hombres. Las primeras mujeres llegaron 50 años más tarde y apenas eran cinco. Así que esos cientos de miles de portugueses se cruzaron con las mujeres indígenas, hasta el punto de que la lengua portuguesa solo se comenzó a hablar en Brasil en el siglo XVIII. La base misma de lo que puede llamarse “raza brasileña” es una mezcla de los portugueses con indios. Brasil tiene una gran deuda con las mujeres indígenas y me gustaría que la gente diera más valor a esa parte de nuestra cultura. Adquirir conciencia de ello y respetar un poco más a las comunidades indígenas implicaría, automáticamente, el respeto de la gente hacia la Amazonia y nuestro propio territorio.