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Política

Hacia un mundo sin pena de muerte

Aplausos cosechó en Europa la resolución adoptada en el marco de la ONU que demanda el cese de todas las ejecuciones a nivel mundial, un paso clave hacia la abolición de la pena de muerte.

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El repudio a la pensa de muerte va ganando terreno.

Para el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank Walter Steinmeier, la resolución constituye un magnífico éxito para la Unión Europea y un paso importante en los esfuerzos mundiales por abolir definitivamente la pena de muerte. En este contexto, manifestó su satisfacción por el hecho de que “tras arduas negociaciones” se haya podido sacar adelante esta iniciativa, “lanzada durante la presidencia alemana de la UE y resulta por sus socios en junio de 2007”. Para la Comisaria de Asuntos Exteriores de la UE, Benita Ferrero Waldner, éste es un gran día para los derechos humanos y el objetivo europeo de acabar con la pena de muerte en el mundo entero.

Errores irreparables

Las reacciones complacidas se multiplicaron en el viejo continente, tras el pronunciamiento del Comité de Derechos Humanos de la Asamblea General de la ONU. En ese marco se aprobó, por 99 votos a favor, 52 en contra y 33 abstenciones, una resolución en la que se pone en duda el efecto disuasorio de la pena capital. El texto pone también de manifiesto lo evidente: que tal sanción elimina la posibilidad de corregir eventuales errores judiciales. En consecuencia, consagra como objetivo la abolición total de la pena de muerte.

Eso no implica, sin embargo, que la meta esté al alcance de la mano. El hecho de que la mayoría obtenida, aunque absoluta, no haya sido del todo aplastante, da qué pensar. Y revela que falta aún mucho para llegar al consenso mundial en torno a la pena de muerte, pese a lo evidente de su carácter aberrante para los detractores de tal sanción.

Símbolo con fuerza política

La resolución de la Comisión de Derechos Humanos aún deberá ser aprobada por la Asamblea General. Aunque se da por descontado que obtendrá allí el respaldo suficiente, lo cierto es que tampoco entonces tendrá carácter vinculante. Dicho en otras palabras, cada estado podrá seguir actuando como le parezca. Pero la falta de efectos jurídicos concretos no resta a la resolución su principal valor, que es de carácter simbólico y, por ende, político.

Por esta razón, también los defensores de los Derechos Humanos aplauden lo ocurrido. Amnistía Internacional (AI), por ejemplo, habló de una “resolución histórica” y exhortó a “todos los países que establezcan una moratoria en las ejecuciones”. Según AI, hasta ahora son 133 los países que han abolido la pena de muerte. Sólo 25 practicaron ejecuciones en 2006, el 91 por ciento de las cuales se produjeron en China, Irán, Irak, Pakistán, Sudán y

Estados Unidos.

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