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América Latina

Guatemala: Alfonso Portillo, ¿el expresidente "menos ineficiente”?

¿Por qué el expresidente de Guatemala Alfonso Portillo (2000-2004) sigue siendo tan "popular" en su país, a donde regresa luego de cumplir condena por lavado de dinero en Estados Unidos? DW habló con un experto.

Simpatizantes de Portillo protestaron contra su extradición a Estados Unidos en 2013.

Simpatizantes de Portillo protestaron contra su extradición a Estados Unidos en 2013.

El expresidente de Guatemala Alfonso Portillo (2000-2004) regresa esta noche a su país procedente de Estados Unidos, donde estuvo preso durante 22 meses tras ser extraditado y declararse culpable de conspirar para cometer lavado de dinero por 2,5 millones de dólares. Portillo, de 63 años, fue sentenciado en mayo de 2014 a cinco años y 10 meses de prisión, pero la condena comenzó a contar en enero de 2010, cuando fue arrestado en Guatemala a petición de Estados Unidos.

El diario guatemalteco Prensa Libre agrega un delito prescrito y otras turbulencias a la hoja de vida del expresidente guatemalteco: “Su historia personal incluye el homicidio de dos mexicanos cuando residía en ese país, el paso por la Democracia Cristiana, su viraje al Frente Republicano Guatemalteco, la Presidencia de Guatemala y su huida a México, donde ya habían prescrito las posibilidades legales en su contra. Luego, su expulsión de ese país, su intento de fuga hacia Belice, el encarcelamiento en la capital guatemalteca, su extradición violenta hacia Estados Unidos, donde fue encarcelado y condenado por lavado de dinero y, ahora, el regreso a su país de origen”, resume un editorial de este lunes (25.02.2015).

“El mejor del período democrático"

Alfonso Portillo “es un expresidente de la era democrática, que fue juzgado y condenado por casos de corrupción”, pero que “goza de muchísima popularidad, principalmente en el interior del país y no tanto en las zonas urbanas”, explicó a DW, desde Guatemala, José Carlos Sanabria, analista político de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). En encuestas recientes, “un buen porcentaje de los guatemaltecos lo califica como el mejor de los expresidentes de este período democrático, de 1985 a la fecha”, agregó.

En entrevista con el diario guatemalteco Prensa Libre el exvicepresidente Juan Francisco Reyes López aseguró este fin de semana que el exmandatario cuenta con “más de 60% de simpatía de la población”, por lo que “a todos los partidos y líderes políticos les gustaría tenerlo a su lado”, aunque –según Reyes López– Portillo “no desea vincularse a ningún partido ni a ninguna persona en particular”.

Su popularidad entre los sectores económicamente más desfavorecidos del país, que se mantiene pese a su historia penal, se basa, por un lado, en los resultados que se atribuyen a su Gobierno: “Hubo control de la canasta básica, mejora de los salarios, se creó la tarifa social en la energía eléctrica. Todos esos factores hacen que el gobierno que nosotros formamos haya sido menos ineficiente”, resumió Reyes López.

Por otro lado, “su discurso tuvo muchos elementos de lucha de clases. Partía de una posición que favorecía a los pobres, los excluidos, los desposeídos, a la vez que se planteaba un claro enfrentamiento contra los empresarios, contra los monopolios en el país, contra todos los privilegios que tiene ese sector económico”, explica Sanabria. “Eso lo acercó a la izquierda, a las demandas y necesidades de los sectores populares, predominantes en las áreas rurales del país”, opina el experto.

Portillo, de 63 años, acaba de ser liberado en Estados Unidos.

Portillo, de 63 años, acaba de ser liberado en Estados Unidos.

Con el carisma como alternativa

Así las cosas, sus simpatizantes organizaron este domingo una misa de acción de gracias por la libertad del exmandatario, quien ofrecerá una conferencia de prensa a su llegada al país y será recibido con una movilización de bienvenida en las cercanías del Aeropuerto Internacional la Aurora. Su regreso, en medio del ambiente electoral previo a las elecciones generales del próximo 13 de septiembre, “tiene una importancia significativa, debido sobre todo a la falta de liderazgos, no solo con capacidad de aglutinar plataformas políticas sino también de levantar las esperanzas en el electorado. Una figura como Portillo viene a llenar un espacio que no ha sido ocupado por partidos ni por otro liderazgo nacional”, señala Sanabria. “Creo que sus intenciones de participar, aunque no se han hecho públicas son bastante claras”, afirma el analista político guatemalteco.

Portillo “es una personalidad que tiene un fuerte liderazgo, carisma, y esos son factores que potencian su capital político”, enfatiza Sanabria. “Alrededor de él se sumarían algunos liderazgos principalmente del interior de la República, liderazgos departamentales que tienen mucho arraigo territorial, mucha capacidad para consolidar una plataforma política que pudiera ser interesante en el próximo proceso electoral”, añade. Sin embargo, aclara, no se trataría “ni de un proyecto ideológico ni programático”, sino básicamente de un líder carismático respaldado por “una estructura con capacidad de disputar el poder, en un escenario electoral básicamente deprimido alrededor de tres fuerzas políticas: el oficial Partido Patriota, el opositor Partido Líder y una tercera fuerza aglutinada alrededor de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE)”.

Eso sí, Portillo no podría, en ningún caso, volver a ser presidente, aclara el analista de ASIES, pues la Constitución guatemalteca prohíbe expresamente la reelección de quienes ya han ejercido la presidencia de la República: “Lo que él sí puede llegar a ser es candidato a alcalde de cualquier municipio del país o candidato a diputado del Congreso de la República y, en caso de que llegara al Congreso, sí podría, por ejemplo, competir para ser presidente del organismo legislativo.”

Producto de una débil cultura democrática

Especialmente fuera de Guatemala, muchos se preguntarán cómo es posible que el historial penal de Portillo no afecte su capital político. Para Sanabria, la explicación se halla, por un lado, en “la débil cultura democrática y la apatía política de la ciudadanía guatemalteca, donde aún se tiene esta idea mesiánica de los liderazgos que traen las grandes soluciones y no necesariamente una visión más democrática, vinculada al fortalecimiento de las instituciones y de plataformas políticas de largo plazo”.

Según Portillo, la corrupción no inició con su Gobierno ni terminó con su condena”.

Según Portillo, "la corrupción no inició con su Gobierno ni terminó con su condena”.

Por otro lado, el propio Portillo “ha tenido la capacidad discursiva para indicar que la corrupción no inició con su Gobierno ni terminó con su condena”, explica Sanabria. Con eso, el exmandatario alude al hecho de que “si bien no explícitamente pero sí tácitamente”, la corrupción es un problema estructural, “una práctica aceptada por los ciudadanos a muchos niveles en la sociedad guatemalteca”, desde quienes pagan por acceder más rápido a los servicios públicos, hasta quienes sobornan a los agentes de tránsito o se corrompen a nivel gubernamental. De ahí que no afecte la imagen de Alfonso Portillo, “su legitimidad como una posible opción electoral”, pues, en últimas, se trataría de “alguien que hizo lo que cualquier persona que llegue al Gobierno haría”.