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Europa

Grecia, otra vez en una encrucijada

El nuevo gobierno griego marcha decididamente hacia el abismo. Los populistas alimentan leyendas, pero no pueden gobernar, opina Bernd Riegert.

El Eurogrupo y Grecia no llegaron a un acuerdo, ni siquiera sobre cómo serán los preparativos de la próxima ronda de conversaciones. El ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, hizo un papel lamentable porque no ofreció propuestas ni demandas lógicas y plausibles. Dirigió mal las negociaciones, algo de lo que ni siquiera su aspecto de enfant terrible –sin corbata- pudo distraer, y no convenció a los 18 euroministros. El gobierno griego radical de izquierda-derecha no encontró ni un solo aliado para sus aventurados planes. Grecia exige, de hecho, aún más dinero a sus acreedores internacionales, pero esta vez sin condiciones, y ese dinero debe durarle seis meses, hasta que el gobierno testarudo y torpe de Atenas haya desarrollado un programa adecuado. Eso es una demanda absurda a la que los países de la eurozona no deben acceder de ningún modo. Con esta actitud de bloqueo en el Eurogrupo, Grecia ha dado decididamente un paso más hacia el abismo financiero.

Bernd Riegert, de DW.

Bernd Riegert, de DW.

La Unión Europea no debe cumplir las promesas hechas imprudentemente por el partido de izquierda Syriza y por el de derecha Griegos Independientes (ANEL), a sabiendas de que el país heleno no tiene dinero suficiente para hacerlas realidad. Alexis Tsipras ganó las elecciones por la tendencia nacionalista que está ganando cada vez más terreno en la sociedad, y es un populista de manual. Al votar, los griegos tienen derecho a rechazar la sensatez política y a supuestos gobiernos incapaces. De eso se trata la democracia. Pero las deudas no se pueden rechazar, ni tampoco los contratos firmados, y mucho menos las reglas de juego europeas.

Demandas equivocadas

La realidad es que la crisis financiera en Grecia fue provocada porque el gobierno de ese momento tuvo que reconocer que las estadísticas sobre el rendimiento económico y el déficit fiscal fueron maquilladas durante años. Esos trucos fueron los que hicieron perder la confianza a los inversores. Los intereses se dispararon y, para poner fin a esas irregularidades se estableció, entre otras cosas, una troika, a la cual los acreedores internacionales encargaron que verificara que las cuentas estuvieran en orden. Lo mismo sucede con cualquier persona que pide un crédito: los bancos comprueban su solvencia. ¿Es eso entregar la soberanía? No. Es algo totalmente normal.

La troika sentó las reglas para que el gobierno griego cumpliera con sus obligaciones. El gobierno griego decidió, en conjunto con los diputados elegidos democráticamente en el Parlamento, hasta qué punto se reducirían los gastos fiscales y se aumentarían los ingresos.

En cuanto a la solidaridad europea, Grecia recibió, al ingresar a la Unión Europea, en 1981, cerca de 72.000 millones de euros hasta el año 2006 del presupuesto conjunto de la UE. Durante muchos años, ese país fue, por buenas razones, el mayor receptor de ayuda financiera. A partir de 2010, se le entregaron créditos por 240.000 millones de euros a condiciones muy favorables y un recorte de deuda de 109.000 millones. ¿A qué se refiere entonces el ministro Varufakis cuando habla de “tortura financiera”?

Coalición radical griega despierta temor

Verdaderamente peligrosas son las expresiones del nuevo ministro griego de Exteriores, Nikos Kotzias, reiteradas en una entrevista con Deutsche Welle. Kotzias habla de un “racismo económico” porque los alemanes, supuestamente, creen que los griegos son poco afectos al trabajo. Llamar a alguien “racista” por un motivo tan insensato es un acto de mala fe, y profundamente antieuropeo. ¿Será que el equipo de gobierno griego ya no tiene ningún sentido de unidad europea? Que la economía griega, si se la mide por su productividad, no es tan eficiente como la de otros países de Europa es un hecho. No es racismo.

Es una lástima que los electores griegos estén, evidentemente, tan desesperados como para creer en los mitos y leyendas que crearon los partidos y los medios. No solo Syriza y ANEL, sino también ya otros partidos antes que estos caminaron por el sendero del nacionalismo. El trauma de la ocupación alemana –y también la italiana- durante la II Guerra Mundial, varias bancarrotas estatales desde la independencia de Grecia, en 1828, y la real dominación extranjera por parte de los países acreedores hasta entrados los años 40 siguen, evidentemente, teniendo efecto. Pero eso no puede ser una excusa para insultar hoy a los países europeos que ayudan a Grecia a mantenerse a flote.

Las demandas del gobierno griego son extrañas, y su actitud es provocadora, pero lo más escandaloso es, en realidad, su conformación. Los radicales de izquierda están aliados a los populistas de derecha y los nacionalistas. Cuando en Austria se formó una coalición entre conservadores y populistas de derecha, en el año 2000, la Unión Europea sancionó al gobierno. ¿Dónde están ahora esos gritos de protesta?

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