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Política

Grecia no puede tener todo

El ganador de las elecciones lo quiere todo: que las viejas deudas prescriban, pedir nuevos préstamos, echar al supervisor financiero de la troika, dinero fresco y permanecer en la zona euro. Antes o temprano, estallará.

El ganador de las elecciones griegas no quiere perderse nada. Ya este martes quiere presentar su nuevo gobierno y, entonces, el camino estará despejado para poder negociar con los tan odiados financieros de la troika. El objetivo de Alexis Tsipras es liberar a Grecia de la carga que supone la deuda, sacudirse las medidas de austeridad impuestas, echar a los supervisores financieros del país y, al mismo tiempo, exigir de nuevo dinero fresco a los europeos. Para justificar el último punto ha utilizado el término “solidaridad”. Un programa que sigue el lema, “viva la insolencia”.

Meses emocionantes en la Eurozona

Las conversaciones entre el nuevo gobierno de Atenas y los estados de la Eurozona van a ser interesantes. Además de que, probablemente, se ejecutarán al estilo de las reglas del Mikado: el que mueva primero, pierde. En este sentido, los ministros de finanzas reunidos hoy en Bruselas han sido cautos: “Vamos a esperar a que formen gobierno en Atenas, y a que ver qué nos exigen”.

Mientras tanto, ambas parte ya han comenzado a darse estacazos. El Fondo Monetario Internacional ya ha dicho alto y claro que la condonación de la deuda no es, ni siquiera, una opción. El Banco Central Europeo opina lo mismo. Señales parecidas llegan desde la Comisión Europea y, naturalmente, desde el peor de todos los hombres del saco para los griegos, el gobierno de Berlín. El caso es que un nivel de deuda del 175% de su producción económica no es el principal problema de Grecia. A día de hoy, el país prácticamente no está amortizando los préstamos. De hecho, el interés del 2,4% que paga Atenas con las concesiones anteriores es menor que el de Alemania. A quien si debe rendir cuentas próximamente Atenas es ante el FMI en Washington. Un organismo que, hasta el momento, no se ha dejado impresionar por las amenazas políticas de países acreedores.

Tsipras quiere tener todo y no dar nada

Durante su campaña, Alexis Tsipras hizo muchas promesas electorales imposibles de cumplir: un programa social generoso que incluye, entre otras, la derogación de las medidas de austeridad, un recorte de la deuda, la plena independencia nacional y, al mismo tiempo, más fondos procedentes de Europa y la permanencia en el euro. Incluso eliminando una buena parte de la retórica de campaña, encontramos una maraña de deseos irrealizables. La UE, por su parte, aún confía en el buen hacer de los griegos y en poder trabajar de forma conjunta y constructiva con el nuevo gobierno. Sin embargo, el ministro de Finanzas debería apresurase y decirle a su colega griego que el cumpleaños del niño se acabó. Los griegos no van a recibir al mismo tiempo una consola, una bicicleta nueva y el último modelo de móvil.

Barbara Wesel Porträt

Barbara Wesel, corresponsal de DW en Bruselas.

Y, por encima de todo, en Bruselas nadie debe dejarse engañar por la imagen de buen hijo de Alexis Tsipras. Es un funcionario político que nunca ha ejercido un trabajo civil y que ha mostrado en su ascenso en las filas de los partidos de izquierdas una temeridad sin límites. Es el tipo de político en el no se puede confiar. No hay más que ver cómo acaba de formar gobierno con el apoyo de la extrema derecha. Parece que a Tsipras no le importa pactar con el representante del “Partido de los griegos independientes” que se presenta en Europa con una política racista antirefugiados. La política financiera de este gobierno no es, desde luego, su única carga explosiva.

La posibilidad de confiar en este nuevo gobierno es una incertidumbre

A día de hoy, muchos expertos asumen que muy pronto las razones económicas se impondrán en Atenas y el gobierno tendrá que llegar a un compromiso. Pero no debemos confiarnos: tal y como están las cosas, Alexis Tsipras podría ser un jugador de póquer de especial dureza listo para dar un salto al vacío sin pensar en las consecuencias. Las países de la Eurozona deberían prepararse en secreto, por si llega el momento en el que enseñarle la puerta de salida a Grecia resulte más sabio que seguir insistiendo en dejarles batirse en retirada.

Pero eso no son más que elucubraciones: en primer lugar, hay que ver cómo reacciona Atenas ante la extensión necesaria del último tramo de desembolsos que, una vez más, está relacionado con el progreso económico. El gobierno griego espera recibir 7.000 millones de euros procedentes del plan de ayuda conjunto puesto en marcha por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional y, para ello, va a ser necesario que sus responsables políticos muestren su bandera. Entonces sabremos a qué atenernos.