1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

Deportes

Goles iluminados

Los aficionados al fútbol en Alemania se sumaron el pasado fin de semana a una moda mundial en los estadios: atacar al arquero desde las tribunas con señales luminosas.

default

Apuntando al portero con rayos láser.

El debut de este tipo de ofensa, que se lleva a cabo con un aparato del tamaño de un bolígrafo, se registró en el partido entre Bremen y Hannover, cuyo arquero, Florian Fromlowitz, fue el primer afectado en la Bundesliga por una práctica ya ampliamente expandida en Inglaterra y Grecia.

Sólo dos guardametas alemanes habían sido hasta ahora victimas de las señales luminosas: Jens Lehmann durante un partido de la selección alemana en Viena previo a la Eurocopa, y Christian Vander del Bremen hace una semana en Atenas, durante un enfrentamiento en la Champions League.

Pasado y presente

En el pasado a los porteros -las victimas perfectas por ser los más cercanos al público y los únicos jugadores que permanecen en un área restringida- les tiraban baterías de radio o el radio entero, frutas, peinillas, salchichas, monedas, sombrillas y cuanto objeto la afición tuviera a mano para darle vía libre a la frustración o la aversión que generaban.

Los agresores, en esa vieja práctica, eran fáciles de ubicar, casi siempre eran seguidores del equipo rival con un puesto en las graderías a espaldas del arco; la mayoría de ellos, especialmente en los estadios con pista atlética, ocupaban las primeras filas de esa tribuna, muy cerca de las vallas de contención, pues desde más atrás se necesitaba mucha fuerza para hacer volar el “objeto del delito” hasta donde estaba el guardameta.

Gracias a los avances tecnológicos los nuevos ataques con las señales luminosas pueden generarse desde cualquier parte del estadio, y escapan a cualquier control de la policía y los cuerpos de seguridad.

El arma

La señal luminosa se genera con un aparato del tamaño de un bolígrafo normal que fue creado primordialmente como una ayuda de oficina, y cuya función es durante conferencias o presentaciones apuntar a las graficas o los textos proyectados en la pared realzando o enfatizando su importancia.

El “pointer”, como se le conoce popularmente, se consigue en el mercado en distintas presentaciones, con luces de diversos colores (blanca, roja, amarilla y verde, la más popular en los estadios) y con variaciones de alcance que van desde los 50 a los 1000 metros, por precios que oscilan entre 10 y 100 euros dependiendo de su peso, duración de las baterías y el diseño de su carcasa.

Su operación desde la tribuna es muy sencilla, simplemente se prende, se apunta al objetivo –el arquero- y se le mantiene todo el tiempo sobre la frente o alguna parte del cuerpo para ponerlo nervioso y distraerlo, o en jugadas decisivas se le enfoca el punto luminoso en los ojos para causar un parpadeo imprevisto o el encandilamiento por un segundo.

Efectos secundarios

Para los irresponsables aficionados que entraron en la moda, el ataque puede parecerles inofensivo pues a primera vista no causan heridas con derramamiento de sangre como las tradicionales baterías o monedas, pero la verdad es otra, la señal luminosa puede desencadenar graves daños, especialmente enfocada directamente a los ojos.

Ya en 1999 la policía alemana había advertido sobre los peligros del abuso de los pointers: “si el rayo de luz se dirige continuamente a un tejido, éste puede resultar deteriorado, especialmente el de los ojos donde la innecesaria exposición lesiona la retina. Como no se siente dolor no se nota inmediatamente su efecto. Los pointer láser no son un juguete y su abuso puede tener consecuencias judiciales bajo los parámetros de lesión corporal”.

Florian Fromlowitz, el portero del Hannover, se quejó luego del ataque de dolor de cabeza y encandilamiento continúo. La Federación Alemana de Fútbol, sin embargo, no considera necesario tomar medidas de seguridad adicionales pues confía en que lo sucedido sea sólo un hecho aislado y no se convierta en una moda como en Grecia.

DW recomienda