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Global Ideas

Iniciativas locales luchan contra la crisis del agua en la Ciudad de México

El suministro de agua en la Ciudad de México es por ahora un peligro para la salud pública y el medio ambiente. Las inundaciones y la escasez de agua son habituales. El agua de lluvia podría poner remedio a la situación.

El cielo oscuro ha abierto sus esclusas y una lluvia torrencial cae sobre la Ciudad de México. El agua mana de las alcantarillas, inunda las calles y fluye escaleras abajo, hacia el metro. En algunos barrios, las casas y los comercios están anegados. La gente busca protección, se cobija bajo los paraguas y salta vadeando los grandes charcos. Es el final de la temporada de lluvias y el paso por la ciudad de México es como una carrera de obstáculos. Las habituales inundaciones son un síntoma de la infraestructura de agua en ruinas, que ha sido descuidada durante años, a pesar del rápido crecimiento demográfico. No obstante, la abundancia de agua en la temporada de lluvias es una amarga ironía, que esconde otra realidad bien distinta: la cada vez más grave escasez de agua .

Casi el 30% de los hogares, principalmente de los barrios pobres, no tiene acceso a agua limpia. A menudo, lo que fluye del grifo, no es más que barro líquido. Algunas comunidades ni siquiera tienen acceso al agua y no tienen más remedio que comprarlo a los camiones de mercaderes ambulantes.


En el distrito de Iztapalapa, el abastecimiento de agua a dos millones de personas depende de un millar de estos camiones cisterna. Pero está muy lejos de ser suficiente para satisfacer las necesidades de agua para la higiene personal y la colada, así como para lavar los platos y cocinar. Además, esta agua no es potable y muchos mexicanos tienen, por tanto, que comprar agua bebible a precios elevados.

Esta crisis podría aún empeorar más, ya que el cambio climático agrava la lucha por el agua, según explica David Barkin, profesor de economía en la Universidad Autónoma Metropolitana de México. "Uno de los mayores impactos del cambio climático en México será un cambio dramático en la disponibilidad de agua. Esto dará lugar a conflictos muy graves", dice Barkin.

El agua fluye escaleras abajo, hacia el metro.

Las inundaciones y la escasez de aguas están a la orden del día en México.



Una ciudad que se hunde

La difícil situación del agua en la ciudad se remonta a tiempos atrás. En 1521, cuando los españoles conquistaron Tenochtitlán, capital azteca y actual Ciudad de México, quedaron fascinados por los edificios y las riquezas, tal y como explica Mikael Wolfe, historiador en la Universidad de Stanford. Tenochtitlán estaba situada en una isla en el lago de Texcoco y tenía 200.000 habitantes. Un sistema de gestión de agua fiable protegía la ciudad de las inundaciones y suministraba agua potable a la población urbana.

A pesar de su admiración por la ciudad, los conquistadores españoles persiguieron otros planes, según cuenta Wolfe. En pocas décadas comenzaron un proyecto a gran escala, cuyo objetivo fue vaciar el lago con el fin de poner en práctica un cultivo intensivo y de expandir la ciudad.

Los colonialistas urbanizaron más lagos y acuíferos subterráneos, práctica que prevalece hasta nuestros días. Pero el drenaje de reservas de aguas profundas ha tenido consecuencias a largo alcance: la Ciudad de México se ha hundido 10 metros en los últimos 60 años, según estimaciones del gobierno.

A medida que aumentaba el número de habitantes de la ciudad y sus suburbios, hasta alcanzar los actuales 22 millones de habitantes, y a medida que se intensificaba la agricultura y la industria, la demanda de agua superó la capacidad de suministro de los lagos. A mediados del siglo XX, la Ciudad de México comenzó a traer agua de los ríos Cutzamala y Lerma, a través de cientos de kilómetros. Hasta la fecha, aproximadamente un 30% del agua se transporta de esta manera a la ciudad. Teniendo en cuenta que la Ciudad de México se encuentra en un valle alto en las montañas, esta es una notable obra de ingeniería, pero no una solución sostenible. Además, todo ello también está causando la sequía de lagos y ríos remotos, privando principalmente a las poblaciones indígenas locales de sus recursos y generando protestas, a menudo violentas.


Todo esto no debería de ser así, ya que a diferencia de otras ciudades y regiones, la escasez de agua en la Ciudad de México no es solamente una consecuencia de la sequía o de una ubicación geográfica desafortunada. "Esto no es una crisis del agua, sino una crisis de gobernanza", afirma David Barkin. Y añade: "la Ciudad de México sería capaz de garantizar un suministro de agua de la mejor calidad si se construyera la infraestructura adecuada".

La catedral de México.

La catedral de México es uno de los muchos edificios, que se hunden en el suelo fangoso.


Agua por todos lados

Hasta un 40% del agua de la megaciudad se pierde a través de fugas en las tuberías de agua. Los expertos creen que una gestión sostenible delegada a las comunidades locales, con instalaciones de almacenamiento de agua adecuadas y una infraestructura moderna, es clave para mitigar el problema.


Mientras tanto, los ciudadanos y algunos emprendedores sociales se están mojando los pies en los charcos, que simbolizan la inactividad del gobierno. En lugar de simplemente esperar a que algo suceda, están tratando de resolver el problema por su cuenta. Para muchos, una solución clara es aprovechar la temporada de lluvias y recoger el agua de las precipitaciones.


La Casa de Los Amigos, una casa de huéspedes ubicada en el centro de la ciudad y orientada a la justicia social, en 2014 instaló un sistema para recoger y purificar el agua de la lluvia. "Nuestro sistema de captación de agua de lluvia es un buen ejemplo de lo fácil que podría ser para muchas familias en la Ciudad de México", cuenta Hayley Hathaway, directora de la casa de huéspedes. La casa, al igual que otros negocios y hoteles de la ciudad, recuerda a sus huéspedes, por medio de múltiples letreros, que no desperdicien el agua. "Cuando llueve, la ciudad prácticamente se inunda, es un desastre. Si todo el mundo tuviera su propio dispositivo para recoger el agua de lluvia, se podría resolver una buena parte del problema”, afirma Hathaway.


De acuerdo con la asociación civil Isla Urbana, que instala sistemas de captación de agua de lluvia en las comunidades más pobres de la ciudad, este método no solo protege contra las inundaciones, sino que también podría cubrir hasta un 30% de la demanda de agua de la Ciudad de México. Fundada en 2009, la organización compra todos los materiales por 305 euros (350 dólares) a los comerciantes locales y enseña a los propietarios de viviendas a construir y mantener sus propias sistemas de recogida. Hasta la fecha, han instalado cerca de 2.000 dispositivos de este tipo en la capital mexicana.

Los voluntarios y el personal de la casa de huéspedes de Casa de los Amigos inspeccionando su sistema de recogida de aguas de lluvia recién instalado.

La casa de huéspedes Casa de los Amigos es uno de los edificios, que han instalado un sistema de recolección de agua de lluvia. De izqda. a dcha.: William Tetler, voluntario del Reino Unido; Daniel Otero, un voluntario de México, y Marcus Levy, voluntario de los EE.UU.


Iniciativas locales por el agua

Por el contrario, Ramón Aguirre Díaz, Director del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACM), ha insistido reiteradamente que el potencial de los sistemas de captación de agua de lluvia es exagerada. En una entrevista con la emisora pública ​​estadounidense PBS (del inglés, Public Broadcasting Service), Díaz afirmó que incluso un sistema nacional cubriría como mucho un 10% de las necesidades de agua de la ciudad, y siendo generosos con la cifra.


"La construcción de una infraestructura para recoger, almacenar y purificar el agua no es económicamente viable”, expresó Díaz. Añadió que la administración estaba elaborando un plan integral propio para arreglar las fugas en las tuberías de agua, reciclar el agua y reponer los acuíferos, así como una campaña para reducir el consumo de agua en los hogares.

Mikael Wolfe opina que México siempre ha fracasado en la introducción de una política de agua sostenible, incluso en tiempos en los que no había conflicto de intereses o problemas de corrupción. "Los organismos gubernamentales como la Secretaría de Recursos Hidráulicos, que ahora se llama la Comisión Nacional del Agua, siempre han tenido planes a largo plazo para la protección de los recursos hídricos, pero rara vez se implementan", explica Wolfe.

Mientras se aplican estas medidas, como muchos otros, Barkin y Wolfe apuestan por las iniciativas locales y movimientos de base como Isla Urbana. "Creo que hay posibilidades de cambio a nivel local, pero no a través de las políticas nacionales del agua", dice Barkin. "Las iniciativas locales pueden tener un impacto en el uso de los recursos de los gobiernos comarcales y ayudar a dar forma a políticas del agua más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente", concluye.

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