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Economía

G20: entre el conflicto sirio y la reforma del mercado financiero

La cumbre del Grupo de los 20 (G20) tendrá lugar en la ciudad rusa de San Petersburgo a la sombra del conflicto interno sirio y de las tensiones diplomáticas entre Washington y Moscú, atizadas por el “caso Snowden”.

El presidente ruso, Vladimir Putin, no ha escatimado en gastos para conseguir que la octava cumbre del Grupo de los Veinte (G20) –que tendrá lugar en San Petersburgo a partir de este jueves (5.9.2013)– transcurra sin sobresaltos. El Palacio de Constantino, sede del evento, estará bien protegido de los manifestantes. Los periodistas sólo podrán llegar a bordo de barcazas, el derecho a protestar en la ciudad ha sido restringido drásticamente y el tráfico en su aeropuerto internacional será suspendido entre el 4 y el 6 de septiembre.

La únicas alteraciones del orden establecido para el encuentro correrán por cuenta de los participantes. Aunque el G20 se define como un foro económico en donde la política exterior de sus miembros no tiene relevancia, fue el propio Putin quien sugirió discutir sobre el desarrollo de la crisis siria y el anuncio de que Estados Unidos intervendrá militarmente en ese conflicto, con o sin un mandato de la ONU. Hasta ahora no está claro si el presidente ruso conversará sobre el asunto con su homólogo estadounidense, Barack Obama.

Y es que el “caso Snowden” ha enfriado tangiblemente las relaciones entre Washington y Moscú. Está por verse si estas tensiones, que arrojan su sombra sobre la cita de San Petersburgo, permitirán que los integrantes del G20 acerquen posiciones de cara a la guerra civil siria. Por otro lado, los puntos oficiales de la agenda no son menos álgidos. Dos de ellos son las turbulencias que experimentan economías emergentes como la india y la brasileña, y la necesidad de luchar contra la evasión fiscal practicada por las empresas multinacionales.

En la imagen, el salón de conferencias del Palacio de Constantino, en San Petersburgo.

En la imagen, el salón de conferencias del Palacio de Constantino, en San Petersburgo.

Una mezcla de buenas y malas noticias

La reducción del endeudamiento estatal –una meta fijada en la cumbre de Toronto de 2010– debería someterse a debate, pero se ha avanzado tan poco en esta materia que nadie cuenta con una discusión profunda al respecto. Alemania es la excepción; su política de austeridad es tan severa que sus representantes sienten la necesidad de justificarse cada vez que asisten a foros como el del G20. Los aspectos más alentadores de este encuentro serán la “agenda del desarrollo” y el balance parcial de la reforma del mercado financiero.

Recordando las conclusiones de la cumbre realizada en Corea del Sur hace tres años, la canciller alemana, Angela Merkel, recalcó hace poco que la economía mundial sólo podía funcionar si se impulsaba el desarrollo de los países más pobres. De lo que los mandatarios del G20 sí pueden ufanarse, hasta cierto punto, es de las enmiendas propuestas en Londres en 2009 para controlar mejor el mercado financiero. Según Martin Faust, de la Frankfurt School of Finance and Management, ha habido movimiento en este ámbito.

“Hoy en día, las entidades bancarias están apertrechadas con un capital propio más sólido”, dijo Faust a DW, agregando, eso sí, que los bancos demasiado grandes siguen siendo un problema pendiente. Si éstos enfrentan dificultades, los Estados y los contribuyentes se verán obligados nuevamente a meter el hombro por ellos. “Si se hubiera actuado consecuentemente, las dimensiones de los bancos internacionales ya habrían sido reducidas”, comenta el experto de la Frankfurt School of Finance and Management.

A juicio de Sven Giegold, eurodiputado de Los Verdes y crítico confeso de la globalización tal como se ha venido promoviendo, la regulación del sector financiero está bien encaminada. No obstante, también él advierte que los peligros no han sido superados. La buena noticia es que los bancos cuentan con más capital propio que antes y los fondos de alto riesgo están siendo supervisadas en nombre de la transparencia. “Pero el endeudamiento sigue siendo tan excesivo como antes. La burbuja de las deudas sigue allí y ésta puede conducir a sucesos lamentables”, señala Giegold. Las reformas pendientes darán mucho de que hablar en la cumbre de San Petersburgo.

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