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Así es Alemania

Francia: patrimonio culinario de la humanidad

Nicolás Sarkozy alza ahora la bandera de la cocina francesa. Aspira a que la UNESCO reconozca su valor como patrimonio de la humanidad.

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¿No se lle hace agua la boca?

Hay crepes suzettes que bien merecerían un monumento. Lo mismo podría decirse de una aromática Bouillabaisse. O de un refinado Foie Gras, aunque es mejor no pensar en las calorías ni en los pobres gansos que dan origen a esta delicia de la gastronomía francesa.

Crepes FRENCH CUISINE

Crepes que alegran el espíritu: eso también es cultura.

Los galos, en todo caso, están tan orgullosos de su cocina como de la propia revolución francesa, comenzando por el presidente Nicolás Sarkozy. A pesar de su azarosa vida sentimental y su no menos agitada agenda política, el mandatario también se da tiempo para romper una lanza a favor de la cocina francesa y acaba de anunciar que su país presentará el año entrante una propuesta para que sea incluida por la UNESCO en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Con el aval de Bocuse

Junto a la Muralla China, el Taj Mahal y la Catedral de Colonia podría figurar entones un buen filete Chateaubriand, guardando las diferencias, claro está, porque en este caso se trata del “patrimonio inmaterial de la humanidad”.

euromaxx a la carte 25.05.2005 Paul Bocuse

Paul Bocuse.

“Nuestra cocina es la mejor del mundo, por lo menos desde nuestro punto de vista”, afirmó Sarkozy este sábado al inaugurar una feria agropecuaria, agregando: “queremos que sea reconocida como patrimonio de la humanidad”.

La idea no es original de Sarkozy. La tuvieron a fines de 2006 algunos maestros de la cocina francesa, que escribieron una carta al Ministerio de Cultura galo. Entre los firmantes se contaban personajes como Paul Bocuse, venerado como un Papa por los gourmets no sólo de de Francia.

Paellas y albóndigas

También en otros países ha habido iniciativas similares. España, por ejemplo, emprendió el año pasado una campaña para incorporar platillos típicos como la paella y el gazpacho a una nueva convención de la UNESCO de protección de “patrimonio inmaterial de la humanidad”. En Alemania, la comunidad de Heichelheim está empeñada en conseguir que las albóndigas de Turingia sean reconocidas igualmente como patrimonio cultural.

México se puso en acción en el año 2005, organizando una campaña de promoción de su cocina con conferencias y degustaciones. Hasta París, sede de la UNESCO, llevó sus deliciosos moles y tacos, dispuesto a convencer al organismo de las virtudes de su gran cultura gastronómica. En esa ocasión no tuvo éxito. Pero ahora se cuenta con una nueva convención. Y Francia puede allanar el camino para otros, si Sarkozy consigue su propósito.

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