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Europa

Fracasa plan de Sarkozy de deportaciones masivas de ilegales

La Unión Europea acordó una política común de inmigraciones oponiéndose a aceptar la propuesta del presidente francés que se oponía a la entrada masiva de extranjeros a la UE y propagaba la deportación en bloque.

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Centro de reunión de los ministros de Interiores de la Unión Europea en Cannes, Francia.

El argumento de Nicolás Sarkozy era simple: “Europa no puede sufrir más inmigración porque no tiene cómo recibirlos dignamente en el paraíso que ellos creen que ésto es”. Para lograr “la inmigración deseada”, Sarkozy planeaba reducir drásticamente los permisos de trabajo a los extranjeros.

Pero Sarkozy no pasó. No pudo imponerse sobre la posición en firme adoptada por la mayoría de ministros del Interior de los 24 Estados miembro de la Unión. En la cumbre convocada por la presidencia interina de la UE que Francia asumió este 1° de julio, los miembros de la Unión acordaron que seguirán aceptando a inmigrantes tanto por razones humanitarias como económicas. El texto de Cannes empero será vigente tras su firma durante la Cumbre de Jefes de Estado que tendrá lugar en otoño próximo.

Los españoles hicieron valer su voz y voto

A la fuerte presión de España se debe, sobre todo, el que la idea inicial de París no tuviera la acogida que esperaba Sarkozy. El Gobierno de Zapatero le concedió la posibilidad a unas 700.000 personas sin papeles de legalizar su estado, si demostraban tener un trabajo permanente. Este ha sido un “éxito” de la posición del ministro del Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, que también cedió en otros aspectos de la llamada “directiva de inmigración”.

A juzgar por reportes del diario francés Le Figaro, a Sarkozy le quitaron el respaldo hasta los expertos en población de su propio país. En un estudio publicado justamente este lunes 7 de julio, dice una comisión gubernamental de expertos que “los contingentes fijos no son practicables para los inmigrantes que vienen a trabajar a Europa, además de ser inefectivos para combatir la ilegalidad”.

Europa no debe ser un “búnker”

Sea como sea, en Cannes se respiraba un poco de alivio con el compromiso logrado. “No vamos a hacer de Europa un bunker. Lo que queremos es coordinar los movimientos migratorios en el mundo”, dijo el ministro alemán del Interior, Wolfgang Schäuble, en la francesa Côte d'Azur.“Europa tiene que organizar la inmigración de forma armónica y generosa”, agregó, por su lado, Jacques Barrot, el comisario europeo de Justicia.

El texto también bienvenido por Berlín, habla de reglamentaciones en casos particulares. “Cuando hay personas que en Alemania viven desde hace 8 años y sólo hablan alemán, algún día tiene que terminarse su ilegalidad”, dice Schäuble, quien resaltó que en Alemania unas 40.000 personas habían recibido en los últimos años un permiso de residencia y, en su mayoría, permisos trabajo. Lamentablemente, el ministro alemán no especificó el tiempo en el cuál se expidieron dichas visas, que bien podrían ser 2, 5 ó más años.

¿Inmigración circulante?

Ahora bien, el objetivo del acuerdo alcanzado en Cannes es asumir el control sobre la inmigración hacia Europa. Para ello, la UE ha pensado en introducir un sistema de “inmigración circulante” que consiste en la expedición de permisos de trabajo a personas cualificadas por un tiempo limitado. En qué sector se necesitarán a estas personas, lo dirán los mismos países. Según los ministros del Interior de la UE, los mismos países en vías de desarrollo deberían estar interesados en que sus expertos no abandonen para siempre los países que invirtieron en su educación y en donde serían necesitados.

En otro punto tampoco ganó Sarkozy. En la formación de dos comandos de la Policía de Fronteras FRONTEX. Pero tampoco la apresurada deportación masiva de ilegales que ha causado tanto rechazo en América Latina, logró el apoyo del pleno de países de la Unión. Aunque en lo que sí estuvieron de acuerdo todos, fue en que las fronteras externas de la Unión Europea tienen que ser protegidas más efectivamente. Por ello Bruselas buscará una “estandarización de los controles”.

De acuerdo a datos de varios ministerios del Interior, en Europa habría unos 6 millones de personas que viven aquí ilegalmente. La Comisión Europea los calcula en unos 8 millones, a los que se suman casi medio millón cada año.

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