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Sociedad

“Existe el derecho a una muerte autodeterminada”

El suicidio asistido de la estadounidense Brittany Maynard ha vuelto a revivir la discusión en torno a la eutanasia. El médico Jochen Vollmann aboga por un derecho a la muerte autodeterminada para enfermos terminales.

Deutsche Welle: ¿Existe el derecho a una muerte autodeterminada?

Jochen Vollmann: Existe el derecho a una vida autodeterminada y esto significa que también existe el derecho a una muerte autodeterminada. La pregunta controvertida es cómo tomar esta decisión al final de la vida. Actualmente, se está discutiendo el suicidio asistido por médicos de pacientes con enfermedades graves, una esperanza de vida limitada y que sufren insoportablemente. Estoy convencido de que pacientes que se enfrentan a un dilema ético de ese tipo deberían tener la posibilidad de tomar una decisión autodeterminada y que los médicos les puedan ayudar de acuerdo a condiciones establecidas.

Debido a razones médicas, hasta ahora el tema de la eutanasia había sido relevante sobre todo para las personas de la tercera edad. ¿Debemos temer ahora una ola de suidicios asisitidos entre la gente más joven?

Eso es poco probable. Los datos empíricos del estado de Oregon, en Estados Unidos, desde 1997 nos muestran otra realidad. Allí vivía la joven Brittany Maynard, que optó por la muerte asisitida para evitar una muerte dolorosa provocada por un tumor cerebral. Los pacientes que fallecen en Oregon por lo general son personas más viejas, gravemente enfermas, de un alto nivel socioeconómico, así como con acceso a asistencia médica, que incluye medicina paliativa y hospicios.

¿Quién debería decidir a partir de cuándo una persona ya no puede ser curada? En su opinión, ¿dónde se debería trazar este límite?

Debe existir la voluntad libre, autodeterminada y bien informada de parte del paciente o de los pacientes. El sufrimiento insoportable no se puede objetivar desde afuera, puesto que el sufrimiento siempre es soportable o insoportable desde el punto de vista del sujeto sufriente. Sin embargo, se pueden definir condiciones médicas, como, por ejemplo, cuándo se trata de una enfermedad terminal.

Y, hasta cierto grado, seguramente también existe la posibilidad de definir la gravedad de una enfermedad. En el caso de la paciente estadounidense, el diagnóstico fue tan claro que la enfermedad seguramente la hubiera llevado a la muerte. No obstante, un pronóstico -ya sea que le queden a uno seis, ocho o diez meses- siempre será incierto. Pero en el caso de una decisión ética, este pronóstico ya no es relevante.

¿Necesitamos nuevas leyes o en general leyes que rijan nuestra forma de relacionarnos con la enfermedad y la muerte?

Eso difiere de estado a estado. En Alemania, tenemos la larga tradición en el derecho penal de que ni el suicidio ni el suicidio asistido son un delito. El actual debate se debe a que, en el marco de los derechos laborales de los médicos, los Colegios de Médicos de los diferentes estados federados han emitido diferentes prohibiciones para los médicos. Sin embargo, tanto los pacientes como los médicos necesitan un marco jurídico bien definido para enfrentar este tipo de dilemas o situaciones éticas.

Si, en el caso de las enfermedades incurables, la eutanasia se llegara a poner de moda, esto no llevaría, por ejemplo, a que la sociedad o los seguros médicos esperen de ciertos pacientes que elijan la muerte asistida.

No creo que la eutanasia se vaya a poner “de moda”. Los datos empíricos de Oregon muestran que se trata de un grupo de pacientes muy reducido: solo dos de mil personas optan por esta vía. Además, muy pocas personas tienen el valor suficiente para suicidarse, por lo que solo personas con una fuerte personalidad y que hayan pensado muy bien su decisión, como la joven Brittany Maynard, elegirán este camino. No creo que el suicidio asistido se vaya a expandir de forma incontrolada, por ejemplo, para evitar costos médicos al final de la vida.

El profesor Jochen Vollmann es director del Instituto de Ética Médica e Historia de la Medicina en la Universidad Ruhr de Bochum.