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Ciencia y Ecología

E.T., no te escuchamos, cambio...

¿Si existen seres inteligentes en otro planeta, por qué no se comunican con nosotros? Un equipo científico estadounidense-germano cree tener la respuesta: se comunican, pero no los entendemos.

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¿No querrán comunicarse con nosotros?

Las hipótesis tradicionalmente barajadas son múltiples. Las más prosaicas consisten en que cualquier civilización avanzada que se haya enterado de nuestra existencia y, peor aún, que conozca las características de la raza humana, de seguro preferiría no entrar en contacto con nosotros. El triste espectáculo de guerras y polución que damos, por mencionar sólo algunas de las desgracias de que somos responsables, no son una buena tarjeta de presentación para los terrícolas.

Lo que dicen los científicos

Otras explicaciones, ya más científicas, apuntan a los límites de nuestra actual tecnología y a las distancias siderales que habría que salvar para encontrar vida inteligente en otro planeta. Al fin y al cabo, hace apenas un siglo que comenzaron lanzarse señales de radio desde la tierra, es decir, desde los confines de una galaxia menor que conocemos como Vía Láctea. Y hasta que lleguen a un lugar potencialmente habitado por seres capaces de descifrarlas, podrían pasar miles de años luz.

Signale aus dem All Radioteleskop

Un radiotelescopio en espera de señales.

Pero hay otras posibilidades, como la que planteó recientemente, en un artículo del American Journal of Physics, un equipo de científicos de Estados Unidos y Alemania. Mark Newman, de la Universidad de Michigan, Christopher Moore, de la Universidad de Nuevo México, y el biólogo Michael Lachmann, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, argumentan que si una civilización extraterrestre quisiera enviarnos mensajes, probablemente comprimiría la información de manera tan eficiente que los humanos no reconoceríamos que se trata de señales artificiales, es decir, generadas por un emisor inteligente.

Sin repeticiones

El argumento de fondo no es nuevo en sí. El trío de científicos, de hecho, se remite a los postulados del matemático Claud Shanon, quien ya medio siglo indicó que una información transmitida con el máximo de eficiencia constaría de letras ordenadas aparentemente al azar. También la transmisión actual de sonidos e imágenes se hace posible gracias a los modernos procesos de compresión, que consisten en “resumir” los fragmentos de información que se repiten en un mensaje. Según Shanon, en un código óptimo no habría ninguna secuencia repetida. Por lo tanto, el receptor no reconocería ningún modelo, salvo que supiera de antemano qué sistema usar para descifrarlo.

Aplicando estos principios a las ondas electromagnéticas, el resultado sería que un mensaje transmitido con el máximo de eficiencia no se diferenciaría de la radiación térmica natural que emiten las estrellas. En otras palabras, aunque E.T. estuviera hace tiempo tratando de comunicarnos algo, probablemente no nos percataríamos. Pero la humanidad no pierde las esperanzas. Al fin y al cabo, también los extraterrestres podrían caer en la cuenta de estos problemas y enviar otro tipo de mensajes, menos comprimidos pero más detectables. Y, de todos modos, mientras nadie pueda comprobar que somos los únicos en el universo, habrá telescopios al acecho de cualquier señal inteligente.

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