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Alemania Hoy

En bote de remos por el Rin

El Rin en verano atrae a la gente como un imán. Niños bañándose, gente tostándose al sol y valientes remeros forman parte de su paisaje. Gaby Reucher relata el colorido acontecer fluvial del río más famoso de Alemania.

No puedo ni  imaginarme qué sería vivir en una ciudad sin río. Mi río es el Rin. Cuando estoy cerca de él, me siento como en casa. No solo me siento en su orilla a contemplar los barcos que pasan, sino que también navego en bote de remos. En Colonia hay diez clubes de remo, uno de ellos es el Club para el Deporte Acuático, situado en el barrio de Porz. Fue fundado en 1926 como asociación de remo, pero después también se incorporaron barcos de vela y motor. Sus embarcaciones descansan en el puerto del barrio de Zündorf, un lugar de descanso. Fue inaugurado en la década de los 70 junto a una instalación de tiempo libre como zona recreativa cercana a la ciudad de Colonia.

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Eliminar el estrés

Remar es sano para todo el cuerpo. Es un deporte de resistencia que pone a prueba casi todos los músculos del cuerpo. La práctica regular de remo libera el estrés cotidiano, que pasa a un segundo plano.

Un paseo a remo por el Rin es como unas vacaciones en miniatura. Por ejemplo, 18 kilómetros río arriba hasta la localidad de Wesseling y vuelta. O río abajo hasta ver la catedral de Colonia y luego, naturalmente, volver. Son trayectos que pueden hacerse prácticamente casi siempre, haga el tiempo que haga.  

El Rin se transforma continuamente

Aunque se haga siempre el mismo trayecto, el río nunca aburre. A principios del verano, vemos a los patos con sus polluelos y, en pleno estío, los bañistas disfrutan en las calas de arena. Hileras de pescadores acechan a sus presas prácticamente todo el año y los gansos salvajes desfilan hacia el sur en otoño. A menudo descansan en la orilla formando grandes grupos.

Rhein - Rudern - Drachenfels (DW/G. Reucher)

A todo remo por el Rin.

Cuando los remeros nos sentimos cansados, nos tendemos sobre una cala de arena e incluso nos bañamos. Hay restaurantes flotantes y en verano siempre hay tiempo para tomar algo fresco antes de volver a puerto. Por las tardes, en la puesta de sol, incluso la refinería de petróleo de Wesseling, con sus humeantes chimeneas, tiene un aspecto idílico. Puro romanticismo industrial.

Las sombras del Rin

Pero la pestilencia que emana de la refinería también nos recuerda que el Rin también tiene sus sombras. Enormes barcos de carga, buques repletos de contenedores y vapores para turistas son también parte del paisaje. No en vano, el Rin, con sus 1230 kilómetros, es uno de los trayectos fluviales más transitados del mundo. Por el tramo colonés pasan cada día unos 200 barcos. Dejan gases residuales en el agua y provocan olas que molestan a las tripulaciones de los botes de remeros.

Las corrientes y los remolinos en esta zona son peligrosos. Pero todo es una cuestión de perspectiva. Siempre está el espíritu aventurero de algún timonel que logra dar impulso al bote de remeros con la ola que levanta un carguero. El río cobra un aspecto distinto dependiendo de si hay tormenta, llueve o si va cargado de agua. Cuando está crecido, el agua transporta restos de madera, que es mejor hacer a un lado rápidamente. Cuando el agua está baja, hay que repartirse el recorrido con los barcos más grandes, que a veces se acercan peligrosamente.

Ver el video 02:49

Rin romántico

Todos en el mismo barco

En esos momentos, comprendo el significado del dicho "estar todos en el mismo barco”. La frase se refiere a un destino compartido por varias personas. En remo no se puede tener una actitud pasiva en las situaciones comprometidas. Las tareas se reparten con claridad. Siempre hay un miembro de la tripulación que dirige el rumbo de la embarcación. El timonel (o la timonel) mira hacia adelante mientras el equipo se sienta de espaldas al sentido de la marcha.

El timonel es el responsable, conoce las aguas, dónde se esconden sus peligros y cómo evitarlos.  También es importante la persona que marca el ritmo que deben seguir los remeros. Todos a una, si no, el bote no va hacia adelante.

El bien de la tripulación es fundamental

El timonel debe velar por el bienestar de sus remeros. Si hace mucho calor, hay que hacer una pausa más a menudo. Si hay remeros más débiles, hay que frenar el ritmo para adaptarse a ellos. El bote se desliza mejor remando a ritmo suave. Si es demasiado frenético, la tripulación se mueve hacia la popa mientras que el barco tiene que seguir navegando en el sentido de la proa. De esa manera, los propios remeros frenan la marcha y desperdician energía innecesariamente. 

Lo que más me gusta es navegar en el Rin a finales del verano, cuando el viento, las nubes y las primeras hojas amarillas anuncian la llegada del otoño. Aunque el bote se deslice con lentitud contra la corriente y con viento adverso, siempre queda la ilusión de poder dominar a los elementos por unos pocos segundos.

Autor: Gaby Reucher (MS/FEW)

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