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América Latina

Elevan a nueve los muertos en inundado desierto chileno

El gobierno chileno elevó a nueve los muertos registrados tras las persistentes lluvias que azotaron el extenso desierto en el norte de Chile y provocaron aludes, destrozos de casas y cortes de caminos.

"En la medida que vayamos despejando las rutas, las vías y las zonas anegadas, puede que tengamos una cifra superior de fallecidos o desaparecidos", reconoció sin embargo el director de la Oficina Nacional de Emergencias, el general en retiro Ricardo Toro. El funcionario agregó que las últimas cifras registran también 19 desaparecidos y 5.400 desplazados en las regiones de Coquimbo, Copiapó y Antofagasta, las zonas asoladas por la naturaleza.

La presidenta Michelle Bachelet, en tanto, decidió permanecer en el área para coordinar la ayuda a urbes y poblados, aún complicados por los suministros de agua y víveres.

Tomar medidas de fondo

Los alcaldes de las comunas afectadas pidieron tomar medidas de fondo. Incluso el edil de Chañaral, Héctor Volta, planteó la opción de construir la ciudad en otro emplazamiento. "Sería absurdo que nos volvamos a instalar a la misma parte donde estamos", subrayó el edil en alusión a su comuna, ubicada en la región de Copiapo. Paralelamente, las presas que contienen miles de toneladas de desechos mineros amenazaban con ceder y permitir la llegada del material tóxico a las áreas habitadas del desierto.

El gobierno subrayó que hasta ahora, salvo problemas de erosión en algunos de los llamados relaves que contienen desechos de arsénico, mercurio y cobre, la situación está controlada. Sin embargo, el Servicio Nacional de Geología y Minería admitió que en las riberas del desbordado río Salado de la norteña ciudad de Chañaral han existido durante años pequeños piques mineros (perforaciones verticales) cuyos desechos probablemente sí fueron arrastrados por la crecida del afluente.

Debido a ello, lugareños, parlamentarios y medios de comunicación llamaron al gobierno a retirar con prontitud las toneladas de lodo que invadieron las ciudades, ante el temor de que contengan metales peligrosos. "Eso hay que hacerlo con prontitud", dijo el senador independiente por el puerto de Antofagasta, el periodista Alejandro Guillier.

Las lluvias comenzaron a parar. No obstante, miles de personas permanecen en albergues y el gobierno, con el apoyo de militares y policías, despliega intensos operativos para asegurar el abastecimieto de agua y víveres. La zona afectada por las lluvias, una región que suele tener escasos días nublados por año, tiene una extensión de unos 700 kilómetros de largo y un ancho promedio de otros 200 kilómetros, que van de la cordillera al mar. "Es el evento más anómalo que haya visto", dijo a la televisión estatal chilena el meteorólogo Anthony Sagliani.

RML (dpa, medios)